LA JIRIBILLA

CONTRA LA IDENTIDAD HUMANA
 
En solo 48 horas fueron expoliadas 150 mil joyas de la historia del arte del Oriente y de los testimonios artísticos de siglos de la civilización humana en Mesopotamia, donde naciera la escritura y el primer código de leyes, todo ante la permisibilidad y la impavidez de los soldados norteamericanos.


Carina Pino-Santos |
La Habana


The Washington Post ha dado  a conocer la reciente noticia de la dimisión de Martin Sullivan, esencial colaborador y asesor cultural de George W. Bush por lo que llamó la “destrucción sin sentido” del Museo Arqueológico de Bagdad; la fuente cita el fragmento donde declara que: "Mientras nuestras fuerzas militares se desplazaron con extraordinaria precisión y contención en el despliegue de armas y aparentemente en asegurar el Ministerio del Petróleo y los pozos petrolíferos, fallaron en la protección de la herencia cultural de Irak", una tragedia que, agrega en su misiva, era “previsible y se podía prevenir”, pero a  continuación el señor Sullivan relata que su renuncia al cargo es “sencillamente simbólica”. Su “pena” se aúna a la del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quien sin embargo emitió, al parecer con una energía más  acorde a su rango, la negación más rotunda: “Nadie permitió eso”, a ambos se sumó la dimisión de Gary Vikan, otro integrante del Comité  Asesor de la Propiedad Cultural de la Casa Blanca.

El  anterior rosario de “lamentaciones” solo pudiera engañar, en el mejor de los casos,  a los menos informados o  desconocedores de las estrategias engendradas por  la unipolaridad y la hegemonía del imperio en el siglo XXI. En realidad, dimisiones “simbólicas” y negativas rotundas solo resultan un eco bien tardío, y sin duda, son la imprescindible  mea culpa del gobierno de los Estados Unidos ante la vertiginosa información masmediática que ha dado a conocer el horror de la expoliación cultural  ocurrida en Irak ante la impavidez del gobierno y los militares estadounidenses. Y es también la trasnochada respuesta a una comunidad internacional tan  indignada,  como  aterrada ante el espanto del robo y asimismo la  “cínica” contestación  de aquellos ante la protesta ya indetenible de relevantes personalidades, artistas, intelectuales y científicos, directores de museo y arqueólogos conscientes del planeta, quienes se conduelen del agravio. Esta semana  el sitio web Rupestre se ha convertido en  la vía para exteriorizar el dolor de los arqueólogos por  la ignominia: Me uno a esta enérgica protesta por la pérdida de este patrimonio cultural de la humanidad. Es mucha la tristeza y la desesperación por tan trágica pérdida del acervo del Museo de Bagdad, y que nos sorprenda que, al cabo de algunos años,  estos objetos se estén viendo en las vitrinas y capelos de los museos de Inglaterra y Estados Unidos, adquiridos por los traficantes del mercado negro por unos cuantos dólares o baratijas del mundo occidental, por espejuelos que deslumbran al hambriento ladrón de Bagdad, en fin, todos los arqueólogos del mundo estamos verdaderamente de luto... escribe Francisco Mendiola Galván.

En solo 48 horas fueron expoliadas 150 mil  joyas de la historia del arte del Oriente y de los testimonios artísticos de siglos de la civilización humana en Mesopotamia, donde naciera la escritura y el primer código de leyes, todo  ante la permisibilidad y la impavidez de los soldados norteamericanos; en verdad  su suma en números y precio, valorado en miles de millones de dólares es ínfima en relación con el  inconmensurable valor artístico y cultural de esas piezas. El pillaje en el Museo Nacional de Bagdad, el incendio de la Biblioteca y el Archivo Nacional, del Ministerio de Donaciones Religiosas, de la Biblioteca Coránica y del Teatro de Babilonia no conforman  una monstruosa pesadilla, sino una verídica que se desarrolló  ante los ojos de sólidos testimoniantes:  el arqueólogo Raid Abdul Ridhar Mohamed, quien pidió ayuda a cinco marines en un tanque Abrams, los que muy pronto se marcharon del lugar, el periodista Robert Frisk que (según escribió y nos cuenta en crónica el escritor cubano Lisandro Otero) advirtió de la tragedia en la Biblioteca, en absoluto impedida por los militares; ellos entre muchos otros que apenas recién comienzan a contar la peor calamidad  cultural en términos de pérdidas y transgresiones en  el triste inicio de este siglo XXI.

Posteriormente hemos sabido que McGuire Gibson, profesor de la Universidad de Chicago, jefe de la misión arqueológica norteamericana en Irak y uno de los especialistas que se halla en París por la UNESCO, para valorar la hecatombe, ha asegurado que una de las formas de este saqueo  se relaciona con  “redes organizadas desde el exterior”.

Mas el camino hacia la verdad que se ha abierto paso con lentitud  es mucho más abarcador y pleno de complejidades del que se avizora desde la perversidad de un desvalijamiento incluso organizado. En realidad, se trata de la “hegemonía cultural” de un mundo unipolar (que los teóricos del arte y la cultura ya han venido denunciando) y que halla su expresión en  las arquitecturas insípidas  y los modelos estereotipados, en  el reino de la formas en las que no hay correlato con el contexto histórico y local, en el diseño uniforme de los mass media. Es la estrategia del intento por deshacer la relación conflictiva y necesaria entre la tradición y la contemporaneidad y  entre la diferencia y la similitud, imprescindible para hallar el concepto de la identidad. Borrar la continuación del pasado en el presente del ser humano es una suerte de lavado de cerebro tercermundista del que Irak y el resto del Tercer Mundo no está exento. La 101ª División Aerotransportada que agredió a la antigua Babilonia y los militares que arrasaron en un tanque restos de esa cultura y que permitieron impávidos que las llamas consumieran su Teatro, solo obedecían un plan que “no incluía esas previsiones”, ratificado por fuentes que afirman que el Pentágono restó importancia a los saqueos y desórdenes ocurridos  para achacarlos a la  “comprensible” reacción de tres décadas de represión.

Eliminar de un golpe, como electroshock de tortura, el pasado cultural de cinco mil años de legado en la antigua Mesopotamia no ha sido por cierto pura coincidencia, ni desafortunada imprevisión, es una maniobra y  forma parte de las estrategias coloniales, de la ausencia de valorización hacia la cultura de los colonizados. Táctica principal: Extirpar la memoria, suprimir los contenidos que implican la individualidad del hombre en su región, la autoestima que pueda significar su identidad local y también  las fuentes primigenias para su creación.  ¿O es que los artistas iraquíes no han bebido en las fuentes milenarias, en el arte asirio y babilónico, en la caligrafía, los símbolos y materiales del arte tradicional para crear su arte pleno de contemporaneidad? Ellos, sin embargo y a no dudarlo, no contemplaron indiferentes la pavorosa destrucción de las torres gemelas, la caída de rascacielos que significaron —siete milenios después del nacimiento de la cultura del Oriente—, el primer aporte importante del arte de los Estados Unidos a la arquitectura internacional.

En estos días por el Internet circula un diccionario de “frases risibles” de George W. Bush, una de ellas es tristemente sádica: "The future will be better tomorrow”. Solo cabe esperar la resistencia cultural de los pueblos y la intención noble del ser humano de no permitir que se borre su historia, la propia donde se ha forjado la cultura y  la condición humana.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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