LA JIRIBILLA

MIGUEL ÁNGEL COURET:
LOS EQUILIBROS Y LAS ALEGORÍAS

 
Couret es un equilibrista que gusta de arriesgarse encima del hilo tenso, tanto por los temas de sus obras –lo que no se nota en una primera mirada– como por las técnicas, conceptos, modos de enfrentarse a las artes plásticas.


Mario Vizcaíno Serrat |
La Habana

El pintor cubano Miguel Ángel Couret carga con naturalidad el sambenito del equilibrista. Sus exposiciones, marcadas por la madurez artística, suelen ser un conjunto de piezas desafiantes sobre la realidad de su país.

Miembro de la generación artística cubana que se dio a conocer en los años 80, Couret ha dedicado sus días al grabado, fundamentalmente, con incursiones diversas, cambios de estilos y conceptos novedosos.
 

Aunque dibuja y pinta, el grabado ha sido la especialidad desde la que se ha empinado. Los estampa sobre cartulina, siempre en busca de un nuevo lenguaje, como si huyera de poses, posiciones acomodaticias y rutina. Tiene centenares de piezas, que casi le arrebatan los ávidos compradores.

Una de sus exposiciones más visitadas llevó un título que resume la esencia del propio artista: Alegorías y equilibrios. Estuvo compuesta por dibujos y pinturas, como para demostrarse a sí mismo -más que a nadie- sus posibilidades creativas y estilísticas.
 

Desde que terminó estudios académicos, a fines de los años 70, Couret ha caminado sobre una cuerda floja de creatividad. Su obra sigue signada por el deseo vehemente de reflejar contradicciones, estados de ánimo colectivos, hipocresías individuales y sociales. Su obra está dotada de un discurso que se inserta dentro del arte cubano contemporáneo, gracias a una labor sostenida, incluso experimental, que ha crecido junto con su autor.

De acuerdo con críticos atentos a la evolución de Couret, su acrobacia creativa lleva en sí misma la fuerza del equilibrio, que, en su caso, altera los estados de reposo, como alguien que rechaza la mediocridad y la rutina.
 

Se comparan anteriores exposiciones de Couret con la más reciente. En opinión de críticos, otras muestras dejaban el sabor del artista convertido en bufón, pero Alegorías y equilibrios propone una nueva dimensión, menos sacra, más lúdicra, que ejercita el choteo cubano, la variación y el homenaje desfetichizante.

David Mateo, uno de los críticos de arte más sólidos de la Isla, asegura que hay pocos equilibristas como Couret en el país. "Siempre le ha tocado interpretar ese último acto de pericia, en el que al acróbata, una vez aflojada toda la tensión de la cuerda, se le hace más arriesgada la presencia y la estabilidad".
 

Sí, Miguel Ángel Couret es un equilibrista que gusta de arriesgarse encima del hilo tenso, tanto por los temas de sus obras –lo que no se nota en una primera mirada– como por las técnicas, conceptos, modos de enfrentarse a las artes plásticas. Es uno de esos artistas de pinceles y espátulas que han logrado rodearse de un público joven que busca su nombre en las carteleras de las galerías, para situarse frente a sus piezas a desmontar mensajes, a preguntarse cómo es posible tanta originalidad en un mismo cuadro.


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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