| LA JIRIBILLA | ||||
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MIGUEL ÁNGEL COURET:
Aunque dibuja y pinta, el grabado ha
sido la especialidad desde la que se ha empinado. Los
estampa sobre cartulina, siempre en busca de un nuevo
lenguaje, como si huyera de poses, posiciones
acomodaticias y rutina. Tiene centenares de piezas, que
casi le arrebatan los ávidos compradores.
Desde que terminó estudios académicos, a
fines de los años 70, Couret ha caminado sobre una
cuerda floja de creatividad. Su obra sigue signada por
el deseo vehemente de reflejar contradicciones, estados
de ánimo colectivos, hipocresías individuales y
sociales. Su obra está dotada de un discurso que se
inserta dentro del arte cubano contemporáneo, gracias a
una labor sostenida, incluso experimental, que ha
crecido junto con su autor.
Se comparan anteriores exposiciones de
Couret con la más reciente. En opinión de críticos,
otras muestras dejaban el sabor del artista convertido
en bufón, pero Alegorías y equilibrios propone una nueva
dimensión, menos sacra, más lúdicra, que ejercita el
choteo cubano, la variación y el homenaje
desfetichizante.
Sí, Miguel Ángel Couret es un equilibrista que gusta de arriesgarse encima del hilo tenso, tanto por los temas de sus obras –lo que no se nota en una primera mirada– como por las técnicas, conceptos, modos de enfrentarse a las artes plásticas. Es uno de esos artistas de pinceles y espátulas que han logrado rodearse de un público joven que busca su nombre en las carteleras de las galerías, para situarse frente a sus piezas a desmontar mensajes, a preguntarse cómo es posible tanta originalidad en un mismo cuadro. |
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