LA JIRIBILLA

CUBA, UNA DERROTA CON SABOR A TRIUNFO
 
Emilio Marín | Argentina

En fútbol se suele decir que hay empates con sabor a triunfo. En política hasta hay derrotas que tienen ese gusto. Lo comprobó Cuba, que perdió 24 a 20 la votación en la Comisión de Derechos Humanos pero propinó una paliza política a EE.UU. y sus detractores. El debate de la 59° sesión de esa Comisión fue ganado por la delegación cubana, que denunció el bloqueo estadounidense y su digitación de las mociones condenatorias. La enmienda de Costa Rica, pronorteamericana hasta la médula, fue rechazada por la Comisión. Esta se limitó a exigir que La Habana reciba a una inspectora de Derechos Humanos. Al abstenerse, Argentina se salvó esta vez de caer en posturas de vasallaje hacia Washington.

DEBATE EN GINEBRA

Como en catorce ocasiones anteriores, la superpotencia volvió a la carga con mociones de condena a la isla socialista alegando supuestas violaciones a los derechos humanos. Esta vez había algunas circunstancias que favorecían ese plan. Durante el desarrollo de la 59° sesión, el gobierno cubano juzgó y fusiló a tres terroristas secuestradores y envió a prisión a 75 agentes pagados por la sección de intereses de Washington en La Habana.

Con ese marco, la embajadora Jeanne Kirkpatrick y el representante de la administración Bush en Ginebra, Kevin Moley, se frotaron las manos. Intuían una fácil y abultada victoria.

No fue así. El jefe de la delegación cubana, Juan Antonio Fernández, les dio una dura batalla. El centro de su argumentación fue que su país tiene el más alto grado de democracia del continente y que no podían condenarla los criminales que bombardean Irak. La comitiva de la isla le pegó con todas sus fuerzas a la proposición de Costa Rica, Perú, Uruguay y Nicaragua, que habían auspiciado la moción yanqui.

Como algunos de esos vasallos latinoamericanos y de otras regiones habían dicho que rechazaban el bloqueo contra la isla, el embajador Iván Godoy propuso dos enmiendas. Que la reunión condenara ese bloqueo y que se abriera una investigación sobre los actos de terrorismo contra su país llevados a cabo desde territorio del mal vecino. Godoy les espetó: "basta ya de hipocresía. Este baile de farsa ha finalizado. Quítense las máscaras y desnuden su vergüenza ante el mundo apoyando estas enmiendas".

Ninguna de las enmiendas propuestas por Cuba fue aprobada pero el desenmascaramiento de los ángeles guardianes de los derechos humanos fue total. Tampoco prosperó la enmienda de Costa Rica que, coauspiciada por el embajador yanqui Kevin Moley, pretendía condenar a la isla por los hechos recientes de represión a la contrarrevolución y reclamaba la libertad de los presos que cobraban sus salarios en dólares pagados por James Cason, el representante de EE.UU. en la casona que da al Malecón.

DOBLE MORAL

Así fue que se llegó a la votación de la moción de Perú, Ecuador y Nicaragua (Costa Rica había desertado para presentar su moción ultra). Fue aprobada por 24 a 20 con 9 abstenciones. El texto, bastante "light", no condenó al gobierno castrista sino que lo instó a recibir a la jurista francesa Christine Chanet como enviada del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El sentido de condena, explicitado en la enmienda de Costa Rica y el Departamento de Estado, fue rechazado por 31 votos contra 15. Por eso la expresión de "derrota con sabor a triunfo".

La alegría norteamericana fue refrendada por la vocera de Bush desde el rancho de Crawford. Pero ese declaracionismo no pudo borrar la derrota política que sufrieron en el debate. No pudieron contestar la pregunta de Juan Antonio Fernández: "¿por qué los que intentan condenar a Cuba no han dicho una sola palabra sobre los presos que EE.UU. mantienen en la base naval de Guantánamo, territorio cubano usurpado?".

Por nuestra parte agregamos que la ampliación de esa base para mantener en deplorables condiciones a los 600 presos traídos de Afganistán fue construido por una empresa que empieza a ser tristemente célebre. Es Kellog, Brown & Root, con asiento en Houston, subsidiaria de la petrolera Halliburton que presidió Richard Cheney hasta 2000. KB&R ya ha ganado sus primeros contratos sin licitaciones en Irak. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército la designó a dedo para apagar pozos petroleros.

Los números son los números, por lo que la victoria cubana será a lo sumo moral. La compulsa ginebrina fue saldada con una leve mayoría favorable a Washington. Esto, como advirtió el canciller cubano Felipe Pérez Roque, justificará la continuidad del bloqueo. Ya se publicó en el The New York Times que la intención del presidente norteamericano es no permitir más envíos de dinero desde EE.UU. por quienes tienen familiares en la isla. Tampoco habría más vuelos charter hacia La Habana, que hasta el momento eran normales. La Casa Blanca pretende así empobrecer más a los cientos de miles de cubanos que reciben alguna ayuda en dólares de sus parientes. Parando los charter evitaría los negocios, el turismo y la solidaridad de los viajeros norteamericanos. ¿Cortar esos giros es una nueva categoría de defensa de los derechos humanos?. ¿O revanchismo en estado de máxima pureza imperial?.

LOS VAIVENES

El voto argentino fue anticipado por Eduardo Duhalde el martes 14, cuando dijo en rueda de prensa que sería el de una abstención. De ese modo no sólo "decepcionó" al embajador James Walsh y la línea cubano-americana del Departamento de Estado (Otto Reich, Roger Noriega y una docena de gusanos nacidos en Cuba pero criados en Miami). También desairó a la camarilla pronorteamericana de la Cancillería con Carlos Ruckauf a la cabeza y al representante en Washington,  Eduardo Amadeo. Así lo había señalado LA ARENA y lo admitió anteayer el presidente interino en un reportaje radial con "El Exprimidor".

La derecha extrema está que trina, expresada por los dos candidatos presidenciales que se emblocan automáticamente con Washington: Carlos Ménem y Ricardo López Murphy. El primero llegó a decir que Fidel es un "dictador genocida". Puede ser que el riojano esté gagá y se confunda. Los dictadores que debería recordar son Jorge Videla, Emilio Massera y demás integrantes de las ex juntas de comandantes, a los que indultó en 1989, y al trasandino Augusto Pinochet, a quien condecoró en 1992 y 1995.

Lo loable de Duhalde es que mantuvo la abstención a pesar de que la Unión Europea se alineó con la superpotencia. Argentina votó contrariando a los "pesos pesados" a los que normalmente obedece. Esta vez se recostó en la alianza con Brasil, dando un poco de oxígeno político al Mercosur que con la asunción de Lula en el Planalto puede cobrar altura.

Duhalde se quedó a mitad de camino porque lo correcto hubiera sido votar a favor de la isla. Otro punto en contra: Argentina no apoyó las enmiendas propuestas por Cuba en Ginebra para condenar el bloqueo norteamericano e investigar el terrorismo urdido desde La Florida.      

La mención al voto de nuestro país nos lleva de vuelta a los números de la pulseada en Suiza. Los mismos pueden verse desde otro ángulo ya que dos de los cuatro países más importantes de América Latina -Brasil y Argentina-, se abstuvieron. China e India, que votaron a favor de Cuba, más otras naciones de otros continentes, suman más del 70 por ciento de la población mundial. Todos los países son respetables pero si se va a medir las mayorías hay que considerar la magnitud de las naciones con capitales en Beijing, Nueva Delhi, etc.

LA PENA DE MUERTE

La ex reaganista Kirkpatrick no logró hacer votar un repudio contra los tres fusilamientos en Cuba con que se castigó a los terroristas de la lancha "Baraguá". Pero el debate sobre si Cuba actuó bien o mal con esa pena capital se extendió en el mundo. El propio presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), Ricardo Alarcón, ha reconocido que se trata de una cuestión muy delicada y complicada. En verdad que lo es, pero no al punto de obnubilar a la mayoría de los ciudadanos latinoamericanos, descontando a los cubanos que hicieron una manifestación de 300 mil personas en la capital respaldando la línea de su gobierno.

Quitando un poco de dramatismo a los acontecimientos, consignemos que encuestas en Buenos Aires indicaron que el 63 por ciento estaba de acuerdo con la abstención. Esa mayoría no pudo ser confundida por la campaña de Bush y de los dos candidatos locales ya mencionados.

Supongamos que Cuba haya estado mal en aplicar la pena de muerte a tres agentes pagados por la superpotencia. Solamente es una suposición. ¿Pero la isla es la única que tiene prevista en su legislación la pena capital?. Si así fuera tendría algún asidero que armaran el escandalete de Ginebra. Pero resulta que no es así, la mayor de las Antillas estaba en moratoria respecto a esas condenas desde varios años atrás. La obligaron a defenderse, en el marco de la ofensiva norteamericana por declarar "guerras preventivas" a voluntad.

La condena a muerte rige en 108 países; en 2002 fueron condenados a esa pena 3.248 personas en 68 países;  1.526 fueron ejecutadas en 31 naciones; 71 de ellos fueron muertos en EE.UU.

Desde la reinstalación de la pena de muerte en el país del Norte, fueron ejecutadas 630 personas. De éstas, 301 lo fueron en Texas, el estado que George W. Bush gobernó en dos mandatos y llevó a ese triste récord. Otros 448 condenados a muerte en ese estado aguardan la inyección letal. Recientemente se comprobaron serias irregularidades en el Laboratorio de la Policía de Houston, donde se realizaban los análisis que servían para condenar a muerte a las personas. Muchos inocentes fueron muertos.

¿Esta es la vestal de la democracia que quiere sentar a Cuba en el banquillo de los acusados?. Por lo menos José Saramago, el Nobel de Literatura de 1998, tiene más autoridad para criticar las decisiones cubanas. Indigna que en Argentina, conocidas plumas de la oligarquía y los servicios de inteligencia del Ejército, como Mariano Grondona y Rosendo Fraga, traten de emboscarse detrás del portugués para disimular su amor eterno  con el Departamento de Estado.

Que Saramago diga "hasta aquí he llegado", como escribió en su columna publicada en El País de Madrid, vaya y pase. Pero los amigos porteños de la mafia cubana de Miami tienen que argumentar por sí solos. Es que Saramago caminó mucho tiempo al lado de Cuba y ahora quiere hacer un inoportuno alto. Pero los otros estuvieron siempre con la Fundación Nacional Cubano-Americana y en contra de Cuba: que hablen por ellos, sus empresas auspiciantes y el embajador Walsh.

Saramago no es el primer intelectual de izquierda que tuvo un desacuerdo con la revolución caribeña. Antes que él, en los '60, también Julio Cortázar firmó algún llamamiento contra Cuba protestando por el trato dado a ciertos intelectuales disidentes. Con el tiempo Cortázar se reconcilió con Fidel Castro. Ojalá que el cansado y confundido Saramago, que escribió su Ensayo sobre la Ceguera, pueda volver a ver con claridad lo que está en juego. En ese libro acotó: "un escritor acaba por tener en la vida la paciencia que necesitó para escribir". Cuba también tiene paciencia.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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