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HASTA DÓNDE LLEGAR CON CUBA
Luis
Bilbao|
Venezuela
Tres hombres fueron fusilados en Cuba el
pasado 11 de abril. Un escalofrío desencajó a muchos
intelectuales y políticos amigos de la Revolución. Uno
de ellos, reconocido por sus dotes literarias y su honda
fineza de espíritu, simbolizó a miles con una frase
tomada por la prensa mundial: "Hasta aquí he llegado".
José Saramago, autor de piezas invalorables como El
Evangelio según Jesucristo, o Historia del cerco de
Lisboa, entre tantas otras, confiesa acaso
involuntariamente en esa oración que ya llevaba tiempo
forzando su voluntad para acompañar al gobierno
encabezado por Fidel Castro (nadie escribe una oración
completa sin denunciarse, decía Thomas Mann). Y sin
proponérselo resume el sentimiento de quienes ahora, con
voz más o menos audible, toman distancia de la
Revolución Cubana.
Una repetida sentencia advierte que la política exterior
de un país es extensión de su política interior.
Forzando apenas esa lógica se puede decir que la opinión
de un individuo sobre cuestiones internacionales
prolonga su postura en el escenario nacional. Nunca fue
fácil ser en la vida cotidiana un revolucionario, un
comunista, como se define Saramago. Pero ahora es más
difícil que nunca. El sistema capitalista se hunde y
apela urbi et orbi a su último argumento para posponer
el colapso. Allí está la invasión a Irak para quien lo
dude.
Es sabido que el representante del gobierno
estadounidense estaba tras los mercenarios juzgados y
que los fusilamientos se hicieron cumpliendo leyes por
todas conocidas, aplicadas rigurosamente por tribunales
ordinarios. Pero no cabe en momentos como estos
refugiarse en leyes para eludir la cuestión de fondo:
quienes condenan a Cuba y a Fidel por esto, en realidad
le niegan a los trabajadores y el pueblo cubanos el
derecho a ejercer su violencia organizada contra quienes
quieren reimplantar en la isla emancipada la violencia
organizada en función de los intereses del capital. Y lo
hacen precisamente en momentos en que el imperialismo
acosado desde sus entrañas ataca con fiereza sin par en
la historia.
Nadie sano podría hacer el elogio de la muerte, ni
siquiera tratándose de asesinos mercenarios, como es el
caso. Nadie consciente podría ocultarse la gravedad del
momento histórico que vive el mundo, la necesidad de
optar por la revolución o la barbarie, simbolizada en
estas horas por la invasión asesina, el saqueo de
reliquias arqueológicas y la quema de bibliotecas en
Irak.
Es una opción terrible, desgarradora. Pero "huir de la
muerte puede ser un segundo modo de huir de la vida". Lo
escribió Saramago, el 3 de octubre de 1996 en sus bellos
Cuadernos de Lanzarote. Es tentador huir de la
vida frente al espectáculo horrendo de un sistema que se
derrumba y amenaza con arrasarlo todo. Precisamente por
eso se hace más alta todavía la figura de los
revolucionarios cubanos, que no sólo no huyen: continúan
a la vanguardia.
En todo caso, no se trata de definir hasta dónde
acompañar a Cuba. Se trata de saber hasta dónde se está
comprometido en la lucha por abolir el capitalismo.
* Luis Bilbao es director
de la revista de teoría y política Crítica de Nuestro
Tiempo y acaba de fundar la revista venezolana
América XXI.
Texto publicado en El Espejo; edición Extra,
abril de 2003. |