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2ª EDICIÓN DE LA DOCTRINA BUSH
Octavio Rodríguez Araujo
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México
En septiembre
de 2001 publiqué un artículo que titulé
"La doctrina Bush". Unos días antes habíamos visto en la
televisión que dos aviones se estrellaban en las Torres
gemelas en Nueva York. Entonces dije (y perdón por
citarme): "Históricamente somos culpables de no haber
advertido a tiempo el peligro nazi cuando Hitler ganó el
poder en Alemania, y se desencadenó una guerra brutal
que arrastró a muchos pueblos. Tenemos la
responsabilidad histórica, otra vez, de darnos cuenta,
sin necesidad de paranoias, del peligro de otra guerra,
de otra guerra que será distinta de las anteriores, como
las anteriores también fueron distintas de las
precedentes. Ojalá los próximos acontecimientos me
corrijan."
Los acontecimientos posteriores no sólo no me
corrigieron sino que hemos sido testigos de Afganistán y
luego de Irak. Estados Unidos, en su nueva doctrina,
revisión de la Monroe de hace 180 años, va por todo. Y
tiene los elementos para ello. ¿Qué país está en
condiciones de oponérsele?
Su nueva doctrina la esbozó después del ya famoso
símbolo del 11/09. "O nos ayudan o sufren las
consecuencias", dijo Powell, y varias potencias se
alinearon de inmediato, además de gobiernos subordinados
como lo son la mayoría de los latinoamericanos.
Pareciera que no se daban cuenta de la dinámica en la
que entraban. Algunos se percataron después de
Afganistán y en la víspera de Irak, y se rebelaron, con
mucha cautela y no pocas ambigüedades. Otros se sumaron
de inmediato a pesar de las masivas oposiciones de sus
ciudadanos en sus propias calles. Oídos sordos, por una
simple razón: sus economías dependen de Estados Unidos,
y sólo porque así lo decidieron hace muchos años y ahora
difícilmente podrían liberarse (si acaso quisieran).
La antigua lucha contra el terrorismo ya pasó a la
historia. Fue un pretexto, y nadie sabe dónde está Bin
Laden, si a alguien le importa. Esta lucha fue
organizada sólo para "medirle el agua a los camotes",
como se dice en México. Es decir, para saber quién está
con EUA y quién en contra. La sumatoria no fue mala. Una
vez logrado ese propósito se pasó al Plan B: la defensa
de la democracia. Y aquí hay que establecer algunas
diferencias.
Los antiguos mexicanos tenían un símbolo para expresar
la palabra, pero este símbolo se usaba de dos maneras:
solo o asociado a una cara, normalmente de perfil. Esta
segunda imagen quería decir que la palabra tiene
significado distinto según sea la persona que la
pronuncie. No es lo mismo la expresión "democracia" en
boca de los gobernantes de Estados Unidos o de Argentina
(véase lo que ha ocurrido contra las obreras textiles),
que en boca de los pueblos o de la gente de izquierda.
Yo reivindico la democracia, pero en sentido amplio, es
decir social también; las clases dominantes también la
reivindican, pero tienen un concepto limitado, elitista
y electoral de la democracia. Aquí hay una diferencia.
Para el gobierno de Estados Unidos la democracia quiere
decir multipartidismo (para mí también, pero no sólo
esto), elecciones libres y transparentes (para mí
también, pero no sólo éstas) y, desde luego, un sistema
económico dominado por los mercados (la libre empresa
sin regulación estatal). Para mí no, pues defiendo la
idea de la propiedad socializada, que no estatal -pues
ésta conduce a lo que algunos autores han llamado
"capitalismo de Estado" y ya sabemos quiénes se
beneficiaron de éste en la URSS y en los países "ex
comunistas" de Europa.
La otra diferencia, entre la idea de democracia del
gobierno de Estados Unidos y de quienes estamos en su
contra, es que para el imperialismo es sólo un pretexto
para abrir mercados y tener mano de obra barata para la
expansión de las empresas que representa, pues como
hemos visto, democracia y libertad de mercados forman un
paquete indivisible. ¿Se creerá que estoy exagerando?
El debate sobre Cuba ha permitido desempolvar fuera de
la Isla la Ley Helms- Burton. Ésta, en su sección 206:
"Requisitos para determinar la existencia de un gobierno
elegido democráticamente", establece las formas en que
deberán ser elegidos los gobiernos, la formación de
partidos y hasta cómo deben ser las campañas
electorales, pero lo más importante, el objetivo real es
el siguiente (inciso 3): que el país demuestre que "avanza
significativamente hacia un sistema económico orientado
al mercado sobre la base del derecho a poseer y
disfrutar propiedades ". ¿Más claro? Democracia
electoral (no más) con restauración del capitalismo.
Esta es la nueva estrategia de la doctrina Bush. Esta es
la intención de este nuevo hitlercito que está
convencido, no por la raza sino por el dólar, de que
tiene derecho a invadir el país que le dé la gana y
piensa que ninguna otra potencia se le opondrá. Ya lo
vio con Afganistán, igual con Irak. ¿Nos cruzaremos de
brazos?
Tomado de La Jornada |