|
PATRIMONIO Y CLAVE MUSICOLÓGICA EN LA
INDUSTRIA MUSICAL
Lo
más importante no es solo sacar uno o varios discos,
sino lo que ello pueda demostrar o sugerir a la
imaginación creadora, con el apoyo de resortes
musicológicos implícitos o explícitos, que van mucho más
allá de comentarios y de notas enjundiosas.
Neris
González Bello|
La Habana
Desde
todos los tiempos, y en diversos marcos de eventos
teóricos de la música, se ha prestado especial atención
a la relación entre el patrimonio (en este caso visto
como grabaciones medulares, algunas in situ) y la
industria musical, en tanto es a través de esta última
que se canalizan comercialmente toda una serie de
tesoros valiosos de múltiples usos. Sin embargo, este
vínculo se hace bien significativo cuando la acción de
la musicología, como un tercer eslabón de esa cadena,
resulta realmente efectiva y tiene un reflejo
consecuente, para ofrecer importantes puntos de vista de
los procesos dinámicos musicales como parte de la
cultura.
Obviamente, esto no se logra solo por el registro de
unas u otras muestras en cualesquiera de los soportes
sonoros existentes, ni por la redacción de notas
explicativas sobre ellas de mayor o menor extensión,
sino por la manera en que las mismas se presentan e
interrelacionan, además de la contextualización y
proyección que de estas se haga, lo que implica análisis
de rasgos psicoculturales, del modo de vida,
motivaciones y toda la razón de ser del hombre en su
medio.
Ciertamente, la correlación entre industria y patrimonio
alcanza su plenitud a través del enfoque musicológico,
cuya clave o eficacia puede estar explicitada de
antemano por precisos manejos de fondo del productor
(con la que se puede estar de acuerdo o no) o puede ser
enriquecida, modificada e introducida del todo por el
usuario, dando lugar a un profundo y poco estudiado
proceso de retroalimentación en ese sentido. La
subjetividad creativa y aportadora del individuo
–presuponiendo mínimos o suficientes elementos
referenciales en él- tiene un papel muy fuerte en el
aprovechamiento de lo que pudiera estar recogido en ese
soporte.
Hacia
dónde va el enfoque musicológico en la comercialización
musical, se erige como uno de los cuestionamientos
cruciales en la actualidad. El propósito de estas
reflexiones es justamente aludir a esta relación
patrimonio –industria– musicología, y dimensionar la
dirección de dicho enfoque como eslabón esencial y
decisivo para la utilidad y proyección de la industria
en el sentido antes explicado.
Es
sabido que tal comercialización musical tiene un
independencia per se, y por ende, como producto,
no necesitaría del enfoque teórico especializado.
Estamos hablando de algo que se le introduce para
reforzar el sentido cultural y científico-musicológico.
Se trata de buscar un engarce entre la musicología y esa
industria que existe por sí misma, y que por lo general
vive fundamentalmente para la ganancia, a nivel
internacional.
No
obstante a esto, sin dejar de preocuparse por las
utilidades económicas, existen grandes trasnacionales
que también tienen la visión de un mercado para sectores
importantes de diferentes intereses, incluso
especializados. De este modo, algunas compañías que
siempre han producido y ofertado en diferentes rubros
comerciales, han procurado igualmente un engarce
musicológico adecuado que se potencie desde el propio
producto, en función de dichos sectores, como es el caso
de la EMI a través de la Angel Records, Sony Classical,
la Deutsche Grammophon, Harmonia Mundi, Naxos, la Deca,
entre otras, las cuales poseen divisiones entre las que
se le brinda una especial atención a la música clásica.
Sin
embargo, tanto en lo clásico como en los más diversos
rubros de producción, existen disqueras que distinguen
entre notas al disco que presentan el producto
comercialmente al sector al que está dirigido y otras
que pueden tener mucho mayor alcance y llegar a ser
propiamente musicológicas, todo esto como parte de las
opciones para el enriquecimiento de las posibilidades
del receptor.
Existen ejemplos específicos, nacionales e
internacionales, que ponen de manifiesto esta relación
patrimonio y clave musicológica en la industria del
soporte sonoro. Uno de los significativos a citar en
este sentido lo constituye la edición de la obra
integral del importante músico sureño-americano Louis
Moreau Gottschalk, a través de Hyperion Records, de
Londres, y la participación del notable pianista Philip
Martin, quien obviamente, representa aquí al artista
insertado en este mecanismo en función de la
revalorización de una obra histórica.
A
pesar de su relevancia como proceso, y de ser una figura
clave para el siglo decimonónico de las dos culturas,
Gottschalk había sido relegado y casi olvidado incluso
en los Estados Unidos hasta los años 90 del pasado siglo
XX, cuando se acometió el citado proyecto de Hyperion
con Martin, en aras de su revitalización.
Penetrando musicológicamente en los valores del disco,
encontramos al músico hacia dos direcciones básicas. En
una se destaca la conexión de su obra con la cultura
cubano-caribeña a través del dancismo en el piano, donde
llama la atención su estrecho nexo con nuestros Manuel
Saumell e Ignacio Cervantes, no solo por la similitud de
géneros abordados por ellos, sino más aún por el
carácter, el estilo, la naturaleza interválica, de
contrastes, etc., que permite asegurar el
establecimiento de un importante flujo de elementos
expresivos entre ambas culturas (cubana y
norteamericana), por lo menos desde la mitad del siglo
XIX, lo que tiene consecuencias extraordinarias para
ambos contextos culturales.
Por
otra parte, es notable el vínculo adelantado de su
pianística con los procesos de fin de siglo respecto al
rag time y los orígenes del jazz, faceta de importancia
medular en la obra de Gottschalk apreciable en estas
ediciones disqueras, a partir de la proyección de sus
elementos expresivos, sobre todo en la
contra-acentuación de frases y motivos.
En el
caso específicamente del contexto cubano –aún dentro del
rubro clásico– es meritorio el trabajo de la joven
musicóloga Miriam Escudero, quien ha realizado una
encomiable labor de rescate y revalorización de la obra
de Cayetano Pagueras y Esteban Salas, y su
contextualización en lo que se denomina (a veces
controversialmente) Barroco Americano. Las
transcripciones, estudio y definición del estilo de
Salas han tenido los últimos resultados en el libro
Esteban Salas y la Capilla de música de la Catedral de
Santiago de Cuba. Villancicos y Cantadas de Navidad,
editado en tres partes por la Colección de Música sacra
de Cuba, siglo XVIII, en coauspicio de la Universidad de
Valladolid con la Oficina del Historiador de la Ciudad.
Parte
sensible de este patrimonio se ha llevado a la
industria por gestión de la propia investigadora, a
través de las interpretaciones del Conjunto de Música
Antigua Ars Longa. El montaje y grabación de estas
piezas se ha registrado recientemente en el
CD Cantus
in honore Beatae Mariae Virginis, al que anteceden
otros discos con obras del mismo compositor, como
resultado de un proyecto francés que lleva a cabo el
Centro Internacional de los Caminos del Barroco, bajo el
sello discográfico K617 y la distribución de Harmonia
Mundi. De esta colaboración han derivado dos volúmenes
que han resultado premiados en la Feria Internacional
del Disco Cubadisco, el primero en el año 2002, en la
categoría de Música de cámara y el segundo triplemente
galardonado en esta VII edición, en las categorías de
Música de cámara, Coral y Gran Premio. Sacar semejante
tesoro musical a la palestra tiene un valor
incuestionable, y esto se ha reflejado en la demanda que
ha tenido internacionalmente, e incluso en los numerosos
trofeos que ha alcanzado hasta el momento.
En el
caso de la gestión y resultados de centros e
instituciones en la industrialización de patrimonio en
rubros varios, uno de los ejemplos a señalar en el plano
internacional es del Instituto Smithsonian, de los
Estados Unidos, fundado en el siglo XIX. El mismo posee
un gran archivo multicultural y genérico, del patrimonio
que el Smithsonian ha recuperado en una centuria, dentro
del cual se encuentra el sello Folkways Recordings,
creado exclusivamente con el objetivo de divulgar su
acervo musical. Esta colección histórica puede
proyectarse en función de la industria cuando define un
proyecto, ocasiones en las que ha llegado a establecer
una conexión con el pensamiento musicológico. De ello
resulta un ejemplo reciente el libro Latin jazz: la
combinación perfecta, escrito por el profesor de la
Universidad de California Raúl Fernández, lanzado a la
venta simultáneamente con el disco y la exhibición
itinerante del mismo nombre. Se trata de una colección
de jazz latino interpretado por sus innovadores más
importantes, compilada en un texto ilustrado, que
deviene medio central de exposición, a la vez que el
soporte CD grafica algunos aspectos del mismo.
Por su
parte, en el ámbito cubano, el Centro de Investigación y
Desarrollo de la Música Cubana ha realizado colecciones
importantes de discos con música original,
fundamentalmente in situ. Con tales propósitos,
se insertó de manera meritoria en la realización de la
serie en nueve volúmenes titulada Antología de la
música afrocubana, con idea original, dirección y
producción general de la musicóloga María Teresa
Linares, editada por la EGREM. A esta empresa se sumó el
equipo de investigadores del CIDMUC prácticamente desde
su propia concepción y en gran parte de todo el proceso,
con mayor protagonismo en la grabación de los últimos
volúmenes, incluido el disco Abakuá, que aunque
no llegó a publicarse, quedó completamente terminado por
el Dr. Lino Neira Betancourt.
Entre
los diversos proyectos que también ha acometido dicho
centro en este sentido se encuentran los CDs Cantos
de congos y paleros, y Cantos y toques de
santería editados por Artex, bajo la producción de
la Lic. María Elena Vinueza; el fonograma Música
folklórica de Cuba, en coproducción con la UNESCO y
editado por la Dra. Victoria Eli, así como la serie en
tres volúmenes realizada por las musicólogas Carmen
María Sáenz y Victoria Eli, en coproducciones con
compañías europeas. Del mismo modo, es significativa la
compilación en cuatro volúmenes de Official
Retrospective of Cuban Music, masterizada y
comercializada por Tonga Productions, con la producción
musical y notas extensas a manera de folleto (en inglés
y español) del Dr. Olavo Alén y la Lic. Ana Casanova,
cuya selección musical se efectuó a partir de numerosas
muestras recogidas in situ, que se realizaron por
más de una década de trabajos de campo en todo el país,
en el período comprendido entre 1981–1990, y en 1997, y
que pertenecen a los fondos de archivo del CIDMUC.
Así
mismo, en este punto se impone destacar la valiosa y
poco conocida colección de fonogramas del Museo Nacional
de la Música, que abarca desde las primeras grabaciones
conocidas de un artista cubano como la cantante Chalía
Díaz Herrera, en 1898, hasta numerosas piezas inusitadas
de nuestra cultura musical. Es este un inestimable
tesoro del cual apremia su industrialización y
procesamiento, de extrema utilidad e importancia para
los estudiosos del área, todo lo cual puede funcionar a
favor del engarce musicológico al que se hace
referencia.
En el
plano de la labor individual, el investigador
cubano-puertorriqueño Cristóbal Díaz de Ayala deviene un
caso singular a partir de su obra Cuando salí de La
Habana, donde se intercepta con similar jerarquía la
industria del libro con la del soporte musical, que sin
ser una propuesta precisamente musicológica, tiene un
sensible valor en este sentido. Aquí es notable la
certera selección de piezas en función de hitos
históricos, de lo cual el usuario también es capaz de
derivar importantes consecuencias culturales. Díaz de
Ayala no se propuso exactamente la realización del
engarce musicológico con su texto, sino que otros
pudieran confrontarlo con nuevas opciones, de modo que
sean capaces de establecer vínculos y análisis
eficaces, en dependencia de su capacidad y talento.
El
autor, de manera consecuente y honesta, se considera en
sus propias palabras un pointer dog, es
decir, una especie de perro de caza que lanza la señal y
apunta para que otros busquen y aporten el enfoque
teórico especializado. Cristóbal, quien es un acucioso
coleccionista con un criterio cultural, ha constituido a
la vez, un grandioso archivo de música cubana y latina
de más de 100 mil unidades, industrializable o no, que
amén de ciertas imprecisiones y algunos datos poco
acertados o a veces controvertidos en sus argumentos,
ofrece un producto de un alto valor patrimonial. De
hecho, en estos momentos se puede acceder a él a través
de Internet, gracias a un acuerdo realizado por Díaz de
Ayala con la FIU (Florida International University), a
la que donó todo su archivo con la condición de que
estuviera disponible al público mundial de forma
gratuita.
En su
colección se puede apreciar una muestra de la pieza
“Mamá Teresa”, considerada por muchos como un son
primigenio, cuando realmente es un inter-son o son
híbrido, en el que están presentes elementos de la rumba
escénica del bufo, de trova, del mismo son y de
flamenco, y que aquí aparece con todos los datos de
grabación, fecha e intérprete. Esto puede confrontarse
con las imágenes que ofrece en soporte de video del
mismo inter-son la serie documental Routes of rhythm,
conducido por Harry Belafonte y realizado en 1989 con la
coproducción de Cultural Research & Communication, Inc.,
en asociación con KCET, de Los Ángeles. En este caso el
análisis de “Mamá Teresa” deviene un ejemplo clásico del
engarce de varios soportes: video, libro con CD y la
clave musicológica, a la vez que representa una prueba
de lo que es el referido enfoque en relación con la
industria y el patrimonio.
Igualmente medular resulta la pieza “St. Louis Blues”,
del notable músico norteamericano W. C. Handy, que
Cristóbal incluye en el soporte CD, y que fue grabada en
New York, en 1931, por la Orquesta de los Hermanos
Castro, en una de las visitas que la agrupación cubana
realizara a los Estados Unidos. La misma representa un
momento importante en el intercambio musical y flujo
frecuente que desde el XIX existió entre las dos
riberas, a la vez que apunta hacia la posterior
cristalización del latin jazz. Resulta un claro ejemplo
intergenérico, en la que confluyen de manera
marcadamente yuxtapuesta los bramidos de los bongoes
changüiseros, originariamente tomados de los rituales
africanos y luego recontextualizados y reinsertados en
ese género popular, junto al patrón habaneroso que sirve
de soporte a toda la pieza, la realización de notas
blues en los metales, la línea vocal del pregón–son “El
Manisero”, del mismo modo en que el tratamiento rítmico
y fraseológico sugiere la recreación de un danzonete en
una de las secciones.
Por lo
general, se tiende a menospreciar resultados como el de
Díaz de Ayala por su carácter discográfico y no
estrictamente musicológico. Sin embargo, trabajos como
estos, junto al papel del compilador, resultan
esenciales para el buen accionar de la referida ciencia.
La misma, sobre todo en la rama etnológica,
antropológica y folklórica, no pocas veces ha basado
algunas de sus conclusiones acerca de géneros, estilos,
incidencias de elementos, de individualidades creadoras,
etc., en criterios de autoridades y no exactamente en
muestras recogidas en soportes sonoros disímiles (salvo
en los casos donde se efectúan pesquisajes de campo
directo), cuando no en un análisis incompleto de los
comportamientos musicales y su condicionamiento
contextual. Se obvia, en no pocas ocasiones, que la
discografía junto a los archivos fonográficos
constituyen fuentes esenciales o base de todo proyecto
investigativo acerca de esta manifestación artística.
En
Cuba ha sido meritoria la labor del investigador José
Reyes Fortún en esta dirección, quien ha devenido uno de
los más destacados estudiosos de la fonografía musical,
avalado por un amplio número de resultados sobre el
tema. Entre los más recientes y destacados en este
sentido se impone mencionar Ofrenda criolla:
aproximación a una discografía de Benny Moré, libro
que inaugura la colección Cuba llevada a cabo por el
binomio editorial cubano-colombiano Museo Nacional de la
Música (de La Habana) y Arte & Música (de Cali).
El
mismo constituye la más seria empresa por establecer una
discografía completa del Bárbaro del Ritmo que se haya
concebido hasta la actualidad, en la que encuentran
respuesta un número considerable de incógnitas, a la vez
que se esclarecen datos de interés en torno a la
trayectoria artística del destacado cantante. Al libro
se anexa un disco compacto con cinco obras inéditas
interpretadas por él, acompañado de su guitarra durante
sus últimos años de vida, y que incluye bolero,
canciones, bambuco y tonadas campesinas. La grabación
fue realizada en un entorno eminentemente campestre, en
el hogar que Benny bautizara como “Mi conuco”, y aunque
lastrada por el tiempo y marcada por la ausencia de
equipos de grabación profesionales, representa un
valioso tesoro para coleccionistas y amantes del arte de
esa gran figura de la música popular cubana.
Retomando el papel de la individualidad, resulta
significativa también la colección del Dr. Danilo
Orozco, donde se vuelca el conocimiento de un musicólogo
que se ha dedicado durante muchos años a hurgar procesos
músico-culturales mediante el cotejo de múltiples
muestras in situ, las existentes en archivo,
importantes vivencias en el terreno y singulares
procedimientos específicos del análisis. De todo esto,
ha quedado buena parte de sus huellas registradas en una
voluminosa colección personal de casetes y cintas
matrices que documentan sonoramente trabajos de campo.
En el nexo con la industria, se ubican los discos de
placa Antología Integral del Son, (que según el
propio autor debió llamarse “de estilos y proyecciones”,
Siboney / EGREM), Changüí y Cumbancha, (EGREM), y
otros tantos en CD, resultado de colaboraciones
cubano-francesas con la disquera Naive, además de
asesoría y participación directa en el documental
Cuba. What’s playing at?, de la BBC, y dos
documentales con los estudios fílmicos del ICRT. Aquí el
engarce musicológico no es un asunto de muestras,
géneros o notas, sino que se logra por la forma en que
se presentan y contextualizan estos materiales.
Este
es un ejemplo de sumo interés y alcance, en tanto
contiene, de un lado, un tesoro del acervo musical
cubano más profundo y desconocido, en el que las
tradiciones centenarias de significativas familias e
individualidades están relacionadas con su modo de vida
social y económico, la idiosincrasia, su participación
en luchas sociales, incluyendo guerras de independencia,
etc., y de otro lado, en su proyección hacia diferentes
realizaciones y estilos en el marco de la cultura cubana
y su entorno inmediato.
Un
caso histórico curioso derivable de esta colección, es
el canto y estribillo antiguo de Castellanos, localizado
y validado por diversas familias, treseros y cantores de
Guantánamo, el Cauto y otras zonas orientales, en un
estilo muy específico y definido de esos ámbitos, como
representativo de una leyenda y a la vez personaje
trashumante de los campos (por ejemplo, de Benjamín
Castellanos).
Resulta interesante la confrontación entre las versiones
más antiguas de esta muestra con las transformaciones de
que es objeto en manos de orquestas y solistas
posteriores. Así ocurre cuando vemos en la edición
cubano-francesa que lleva por nombre La Familia
Valera Miranda (en homenaje a Cutiño) realizada por
Naive, que la anciana Emilia (o Milla) es presentada en
su manera de canto original haciendo el estribillo, y a
la que se le yuxtapone el estilo del tres y parte de sus
modificaciones rítmico-tonales, ejecutado por su hijo
Félix, en un encuentro entre dos generaciones. Así mismo
sucede también cuando todo eso se contrapone en el
documental El Son (ICRT), con la
antológica versión que casi 60 a 80 años después hiciera
el Benny con su orquesta en ocasión de un memorable
ensayo, –tal y como acostumbraba con muchos otros
cantares y montunos que le trasmitía su primo El Conde
Negro y varios músicos amigos–, y que luego fuera
acuñada como celebérrima pieza.
Aunque
en este caso las muestras ofrecen parte del enfoque
teórico especializado, ello no descarta que diferentes
investigadores con un plausible marco referencial,
puedan lograr nuevos acercamientos a través de otros
engarces de elementos, y de este modo multiplicar y
potenciar al máximo la clave musicológica.
Hasta
este punto, las anteriores reflexiones y la selección de
muestras comentadas no han sido más que el intento de
reafirmar la máxima de que en la relación del patrimonio
y la comercialización, el engarce musicológico puede
venir en el soporte-producto (con un grado de acierto
variable) o se incrementa a partir de él, de acuerdo al
alcance analítico potencial o a la subjetividad creativa
del receptor. Es un hecho que no siempre en la
producción industrial de la música está explícito el
superobjetivo musicológico en función de una dinámica
cultural, y por tanto, no son pocas las ocasiones en que
se precisa descubrirlo, enriquecerlo y hacerlo parte de
esa dinámica.
Desde
una perspectiva estrictamente musicológica, se hace
necesaria la confrontación del material que ofrece la
industria, el cruce y cotejamiento de la información,
así como el hallar factores validantes, que no es más
que verificar un mismo hecho por vías disímiles, para
conjugar datos que nos acerquen mejor a los procesos. Es
entonces vital acudir a fuentes independientes y
comprobarlas para llegar a conclusiones de una solidez
suficientemente legitimada.
Y lo
más importante no es solo sacar uno o varios discos
incluso superdocumentados, sino lo que ello pueda
demostrar o sugerir a la imaginación creadora, con el
apoyo de resortes musicológicos implícitos o explícitos,
que van mucho más allá de comentarios y de notas
enjundiosas. |