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LA RADIO APASIONA A LOS CARIBEÑOS
"Yo
vengo del Caribe y todo lo que concierne al Caribe, me
interesa. Soy el autor de la primera y única historia de
la música cubana que existe en Cuba. Soy cubano, nacido
en Cuba, de una familia de músicos".
Régine
Mellac
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Brasil
Carpentier no
gustaba de las entrevistas. A decir verdad, las
rechazaba de plano, cada vez que podía las esquivaba por
razones de salud o proponiendo en su lugar responder un
cuestionario... Con su mirada negra, su voz oscura y
pausada, explicaba amablemente: “Soy escritor y mi
manera de expresarme es la escritura”.
¡Y sin
embargo, qué fabuloso interlocutor! Pasarían las horas
escuchándolo hablar de su mundo, el Caribe. Nos recibió
hace cuatro meses: un primer encuentro que debía
preparar para una entrevista para El Mundo de la
Música y lo que nos dijo aquel día quedó como un
testimonio viviente de su pasión por la música. Por
detrás del tema de nuestra conversación se
destacaba aquel acontecimiento que había sido defendido
por él con tanta energía: CARIFESTA, un encuentro en
julio pasado, de millares de músicos del Caribe, venidos
desde 33 países diferentes.
–La música está constantemente presente en su obra,
oculta o abiertamente, como en Concierto barroco.
¿Cómo se manifiesta esta pasión por ella?
– ¡Bien, usted quiere
que resuma en media hora treinta años de trabajo! No
puedo es imposible...
–¿Pero, pudiera explicar tal vez, por qué la música lo
ocupa desde hace treinta años?
–Porque yo vengo del Caribe y todo lo que concierne al
Caribe, me interesa, y porque soy el autor de la primera
y única historia de la música cubana que existe en Cuba
y que ha sido publicada hace treinta, no, treinta y
cinco años ya. Soy cubano, nacido en Cuba, de una
familia de músicos. Mi padre francés me ha dejado este
acento que todo el mundo critica. Sin embargo, solo salí
de Cuba a los 23 años y desde mi infancia la música
popular me ha apasionado.
–Su continente musical es inmenso...
–Hay distancia y diversidad. Tome usted un mapa. El
Caribe comienza en México, la música venezolana tiene
mucho menos influencia hispánica; en Jamaica o en
Trinidad, se manifiesta la influencia inglesa. La música
sincrética de Cuba está más próxima de la de Brasil. Es
un problema geográfico, es un problema étnico y si se le
estudiara como debe, dos tomos no serían suficientes.
Hoy por hoy, detenerse en el caso de Cuba, no sirve de
nada, es necesario ver el mar Caribe en su totalidad.
Sería necesario tratar el tema durante horas y
todavía...
Durante CARIFESTA, organizamos un simposio en el cual
participaron especialistas e intelectuales. El segundo
día, tomé la palabra. No sé si lancé una bomba, como se
dice, pero creo que explotó de todas formas. Dije: hace
48 horas que veo desfilar orquestas magníficas, veo
conjuntos excepcionales; pero yo no veo que se extraiga
algo práctico de todo esto: He visto pasar delante de mí
centenares de instrumentos de percusión, tambores de una
loca diversidad que vienen desde Las Bahamas hasta de
Venezuela. ¡Y que yo sepa, no hemos hecho ni la menor
clasificación! ¡En este momento donde la gente hace
investigaciones, estudios, crea una nueva organografía
musical, utiliza la percusión como nunca, se ignora los
ochenta y tantos tipos de tambores e instrumentos de
percusión que nosotros podemos ofrecer!
Entonces, antes de discutir, antes de hacer tanta teoría
sobre las diferentes músicas, comencemos por crear un
grupo de estudios que se ocupe de estos problemas. Por
ejemplo, un hecho de extrema importancia, que no ha sido
nunca estudiado: la influencia de la cultura musulmana
en el mundo del Caribe. ¿Sabía usted que en el acto de
fundación de las cuatro primeras catedrales de América
Latina, estaba estipulado que los oficios debían ser
cantados en mozárabe? Esto ocurrió en Santo Domingo,
Cuba, en Caracas y en Puebla de los Ángeles. Luego, se
oyeron ritmos mozárabes que solo existen en España, en
Toledo o en Sevilla. Esto está mucho más próximo al
calipso que al canto gregoriano.
–Esa influencia árabe de la que usted habla, se
encuentra en el norte del Brasil, y al interior de
Pernambuco, en Ceara...
–Es necesario partir
de cero, de nuevo. Hablar de una civilización en el
Caribe, con ese lado vago con el que se habla de la
civilización occidental... ¿Dónde comienza y dónde
termina la famosa civilización occidental? ¿Cuáles son
sus límites y sus características?
A propósito de
Brasil, mi primer contacto con la música brasileña tuvo
lugar en 1945. Con Bumba.meu-boi –La muerte del buey–
ese psicodrama que es equivalente a la muerte de la
culebra en Cuba, con gente que renace, etc. Luego,
estudié las cosas un poco más a fondo. Asistí a los
candomblés y quedé fascinado. Encuentro extraordinario
el grado de perfección de la música, ocurre como en la
batucada, en la que se ve el uso de la percusión como
una cosa en sí misma.
Producir el éxtasis
Las batucadas más fuertes a las que asistí no fueron ni
en Río, ni en Bahía, ni en Recife, sino en la ciudad
menos brasileña aparentemente, la más prosaica, la
menos folklórica que se quiera: Sao Paulo. En casa de
un amigo que se llamaba Beaupré, un negro que trabajaba
en la bienal de Sao Paulo. Era un entusiasta de la
Revolución cubana (lo que en Brasil no era cosa
corriente). Una tarde, nos invitó a tres o cuatro, y su
batucada, fue la cosa más extraordinaria que vi. Hablé
mucho de ella a Pierre Boulez, y él, que tiene horror
del folklore, me dijo: “Cuando se consiguen tales
cumbres, eso ya es otra cosa”.
Es otra cosa y ¿esto
depende de qué? Yo he asistido, a decenas de veces, a
batucadas, a candomblés, en el Norte, en pleno campo,
pueblecitos, finalmente una vez, la sentí con todo su
poder de encantamiento, hipnótico. Lo vi en La Habana.
Por eso es que digo a menudo: ¡No me hablen de folklore
al estado puro! Eso ya no existe en el mundo del Caribe,
por una razón muy simple es suficiente encender la radio
para oír otra cosa. Nuestros músicos populares, que son
maravillosos músicos, quieren probar que son capaces de
hacer mucho más. Entonces no hablemos más de folklore al
estado puro, sino de aquel que se encuentra en ciertos
candomblés o en ciertas ceremonias sincréticas cubanas.
Eso me recuerda la frase de André Malraux: “Las
estatuas, antes de ser estatuas, fueron otra cosa” Una
música dentro de este orden, antes de ser música, ha
sido otra cosa. Ha sido encantamiento, un medio de
accionar sobre los centros nerviosos, de producir el
éxtasis.
Además, la magia solo
tiene un hilo por el cual pasar o no......
– Parsifal
es primitivo.
–Y es por esto que yo admiro enormemente una observación
de Lévi-Strauss, uno de sus razonamientos que aplico a
mi manera: “El camino de una ceremonia primitiva de
candomblé brasileño no tiene necesidad para llegar a
Parsifal de pasar por Las bodas del fígaro”.
Quiere decir que, cuando el espectador entra en
Parsifal –5 horas con 20 minutos de música (ó 5
horas con 10 minutos, 5 horas con 5 minutos, según una
vieja querella de directores de orquesta...) entra en la
magia, en la música. Porque al final de una hora y
media, usted se baña literalmente en la música, lo cual
es completamente diferente, de manera que no hay lugar
para peguntarse si eso es largo, o es corto. Cuando se
llega al tercer acto, se quisiera todavía escuchar más,
y aún cuando terminó, estaríamos en condiciones de oír
una hora más. Uno está hipnotizado, tomado por la
música exactamente como en el candomblé.
Mientras que en Las bodas del fígaro o en La
flauta encantada, no hay ese costado de sortilegio.
Se trata de un tipo de obra situada, que tiene un
principio y un final... No se puede tomar por otra
cosa. En este sentido, Parfisal es
extremadamente primitivo, obsesivo. Los timbales en el
fin del primer acto, son como un leitmotiv punzante, que
regresa sin cesar.
Lévi-Strauss habla de este arista de encantamiento para
otra obra de la que se ha abusado extraordinariamente:
El bolero, de Ravel. La progresión se hace
en ella por repeticiones del tema –hay 17. Lévi-Strauss
llama a esto “fuga plana”. Sin embargo, Ravel podría
continuar una media hora más, y eso funcionaría, de tal
manera el público ha sido tocado en sus entrañas.
–Sí, pero vea esa dificultad de hacer de una
repetición un encantamiento...
–No hay recetas. Y es precisamente porque desde mi
infancia, yo he sido tan modelado por esta música negra
existente por todo el campo cubano, que no soporto ya la
música “mosaico”, o más exactamente, el concierto
“mosaico”. Ese género de concierto que comienza por un
poquito de Bach, le sigue un poquito de Haydn... Eso me
molesta. Prefiero los conciertos donde soy atrapado y
sumergido por un solo autor. Por ejemplo, en la Tercera
de Mahler, por ejemplo, Schoenberg. Horas de música...
Me molesta picar de aquí y de allá. Porque yo amo la
música que nos integra a ella; prefiero su poder de
sortilegio al de la distracción.
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