| LA JIRIBILLA Nro. 108 | ||
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El
color digital de Alicia
Candiani En esta oportunidad el Premio contó con un jurado integrado por la pintora y grabadora cubana Sandra Ramos, el crítico de arte y director del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, México, Fernando Gálvez y la pintora, grabadora y artista digital argentina Alicia Candiani.
Esta última, que ha visitado Cuba en tres oportunidades y se considera “una amiga entrañable” del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y de la Casa de las Américas, sostuvo recientemente un diálogo con La Jiribilla, conversación en la que aseguró que el jurado había formado un “excelente equipo”, entre otras razones, porque sus miembros generacionalmente compartían los mismos criterios. Valoró, además, el estado actual del grabado en América Latina. “En general en la gente joven hay menos ruptura de lo que uno espera. Venía con expectativas de encontrar trabajos más jugados, de ruptura, de hibridación. Existen excelentes piezas, pero que están en el canon de la academia, con el uso de la técnica con el mismo lenguaje que se empleaba años atrás. Vimos, por ejemplo, cosas que recuerdan el expresionismo alemán de principios del siglo XX, es decir, que han pasado casi cien años con respecto a ese lenguaje y todavía hay jóvenes que lo emplean. Existe un sector que realiza las rupturas y que trabaja indistintamente con los medios digitales y con los tradicionales, pero dándole una vuelta de tuerca y haciendo planteos interesantes. Hay trabajos muy buenos”. –Por estos días puede verse en la Casa de las Américas su muestra personal “En la tierra de su alma (11 piezas)” en la que conjuga el arte digital con las llamadas técnicas tradicionales ¿puede considerarse un nuevo paso creativo en su manera de expresarse? -Trabajo basándome en la poesía. Hay escritores latinoamericanos que son mis favoritos, entre ellos el uruguayo Mario Benedetti, el argentino Ernesto Sabato, y del chileno Pablo Neruda. De este último tomé un verso de su libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada que dice: “¡Oh, mujer que pudiste contenerme en la tierra de tu alma, en la cruz de tus brazos!”. Tomé como referencia ese fragmento para hablar de los exilios contemporáneos. La familia humana se está moviendo alrededor del planeta; la globalización y las fuertes crisis que enfrenta Latinoamérica hacen que se produzcan migraciones internas y externas. En esos movimientos las mujeres llevan el peso de rearmar sus familias en otros contextos, son las que sufren una doble opresión: la de ser inmigrantes en países desarrollados —o en países latinoamericanos que están más avanzados que el suyo— y la opresión por ser mujeres. Ellas están más bajas en esa escala social y, además, tienen el peso de mantener la coherencia de la familia y guardar la memoria cultural de sus naciones. La frase de Neruda es como una síntesis de lo que yo quiero decir con esta serie de grabados. – ¿Cómo se manifiesta el conflicto de la mujer de la palabra al virtual? –La palabra siempre estuvo presente, no es tan nuevo. Todas las series anteriores las trabajé con Benedetti que, al igual que Neruda, hace una sublimación de la mujer y la convierte en una especie de ángel protector y eso me gusta. Además la palabra apoya el significado de lo que quiero decir y me permite relacionar la problemática del género con la imagen. Hago gráfica tradicional desde que empecé en la Universidad hace 32 años, así que manejo todas las técnicas. En los últimos 15 años me he acercado a las técnicas digitales por lo que voy y vuelvo de los medios que para mí son instrumentos de expresión. En esta serie lo digital me resultaba demasiado técnico y necesitaba asociar la idea de la mujer a la tierra. Para eso trabajé en una gama de colores ocres, de terracotas, que también dan una textura de veladuras como si la mujer hiciera una transmutación con la tierra, con lo que está en el subsuelo. Esa idea está en todas las culturas primitivas y ha sido sinónimo de fecundidad, de fertilidad, de lo oculto, del misterio femenino. Cuando lo digital se hace sobre una superficie de papel pulido da una terminación que tiene poca suntuosidad táctil y es demasiado fotográfica. Hice un experimento: imprimí con las grandes impresoras de plóters sobre papeles de grabado. Este tipo de papel es de algodón, tiene texturas y al imprimir aparece lo que llamo color digital. Siempre lo que viene de lo digital, por alguna razón, el magenta se evidencia y ese rojo violáceo tan fuerte tiene como el sello digital. Coloqué encima de estas impresiones veladuras como si fueran de pintura, pero no están puestas a mano, sino como si fueran relieves xilográficos. En esas veladuras incluyo pastas de oro y mezclo técnicas de la pintura con las de grabado y las imprimo. “En la tierra de su alma” se reconoce algo de lo digital. La imagen está estructurada digitalmente, las deformaciones de la mujer, las excoriaciones de la piel, las cicatrices, las transparencias de vegetales sobre los cuerpos están hechos digitalmente, pero arriba tienen estas veladuras. El resultado final tiene que ver con los artistas del Barroco Temprano y todo el color y las veladuras de la pintura italiana. A mí esta mezcla me parece interesante porque posee última tecnología, pero a la vez incluye la carga de la tradición italiana que yo recibo a través de las escuelas de arte de mi país. Los pintores argentinos del siglo XIX comienzan a viajar a Europa, pero como son pobres se instalan en la casa de los parientes porque les resulta más barato. La mayoría no iba a París —que era el lugar donde a fines del XIX la pintura estaba en pleno apogeo— sino a Italia porque los inmigrantes italianos radicados en Argentina habían dejado algún tío o una abuela. La tradición que posee nuestra Academia de Bellas Artes es de Italia y las veladuras y la base de la pintura italianas se hace a partir de una veladura verdosa; primero se le aplica una veladura verdosa a todo el óleo y a partir de ella se empieza a pintar. –El próximo 16 de junio comienza en La Habana el V Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital ¿Valoración? –Los Salones de Arte Digital me son muy queridos porque empecé a participar desde el III. He estado muy cerca de Víctor Casaus tratando de consolidar una red de contactos internacionales para que artistas que conozco en varios países mandaran obra al Salón que se avecina. La lista ha sido efectiva y me siento como una madrinita chiquitica del Salón la cual quiero mucho y en el que siempre participo. La obra que envié este año tiene que ver con la que mandé a la edición anterior. La serie se llama “Bendita tú eres” y analiza el rol de la iglesia católica en la conquista de Latinoamérica y los mandatos impuestos por esa religión a las mujeres después del descubrimiento. Se diferencia de lo que expongo en la Casa de las Américas, pero en la base está lo mismo: mi inspiro en el cuerpo femenino. Siempre trabajo con desnudos, pero en este caso es una talla en madera, un “ánima sola” que es de una iconografía religiosa muy popular en Puerto Rico y en México. El “ánima sola” es una mujer con sus manos juntas en actitud de oración hacia el cielo y todo su cuerpo está en llamas. El significado que tiene esa figura es la redención de la mujer a través del autosacrificio; un tema muy interesante porque es algo que se nos impone por nuestra condición de madre. Tenemos que relegar todo en función de los demás y que ese autosacrifico nos enaltece. En ese punto no estoy muy segura y tiene que ver con los mandatos de la religión católica impuesta desde hace siglos a las mujeres latinoamericanas.
Esta pieza es un tríptico; la figura está en el medio y se toma del “ánima sola” exclusivamente la cara que denota un sentimiento de autoflagelación en función de la redención divina. Posee dos paneles con las dos palabras del Ave María: Bendita (el de la izquierda) y Tú eres (el de la derecha). Hago una ironía entre el Ave María y esta autoinmolación que por más bendita que seas estás obligada a cumplir. –¿Qué ha pasado o pasará con Alicia Candiani este año? –Antes de venir a Cuba estuve 24 horas en Buenos Aires porque las semanas anteriores las pasé en la Trienal del Cairo, en Egipto, donde fui uno de los siete jurados internacionales del evento y participé, además, en el Simposio Internacional sobre la “Gráfica como Medio de Comunicación Social”. Constituyó una experiencia muy fuerte y mi obra fue expuesta fuera de concurso. Tuve un intenso contacto con el mundo árabe, algo que desde Argentina no había tenido nunca. Acudió una amplia representación de artistas del mundo árabe: Irak, Irán, Egipto, Argelia, Marruecos, Emiratos Árabes, Katar, Arabia Saudita con la impronta de su cultura y una imaginería diferente. Compitieron 1 500 obras, fue inmensa, y con un gran trabajo porque solo podíamos otorgar seis premios importantes. El jurado estaba constituido por creadores de Bangladesh, Siria, Austria, Egipto y Hungría, y la única americana era yo.
Otro desafío de este año se materializará en septiembre
cuando figuraré como miembro del jurado de la Trienal de
Macedonia y allí llevaré una exposición personal. |
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