| LA JIRIBILLA Nro. 108 |
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¡Estuvimos, estamos y estaremos con nuestra querida
Cuba! ¡Estuvimos, estamos y seguiremos estando con Cuba! Con Cuba, porque nuestra historia, la más soñada, la cargada de utopías y de sueños, la aún no realizada por nosotros, es inseparable de Cuba. Estaremos con Cuba porque Cuba es la generosidad, la solidaridad amplia, que no reconoce fronteras, que lleva a sus hombres a defender y los llevó a los pueblos agredidos. Estaremos con Cuba porque Cuba es la utopía de una revolución cargada de humanismo. Hace pocos días, en un debate en Italia, lo primero que salió fue el tema de Cuba, del manifiesto de los intelectuales, y de Saramago y en fin... Y por supuesto, lo primero que me preguntaron fue qué posición tenía. Yo no había leído todo el manifiesto, estaba de viaje. Dije que me parecía un acto de alienación y de soberbia espectacular, que un hombre de la sabiduría de Saramago pudiera decir algo tan duro y culturalmente - me animaría a decir “salvaje” por tonto -, como decir “esta es la última vez que estaremos con Cuba”. No sé si fueron las palabras exactas, o “hasta acá llego”. Yo les dije a los amigos italianos que quería que me lo reiteraran, porque me resultaba algo increíble, por la pedantería y la soberbia, porque Cuba es un pueblo inseparable de su tierra y de su conducción revolucionaria. Y porque Cuba era un país agredido desde hace cuatro décadas y media. Porque Cuba era un país que sufría guerra y acoso, y todos ya nos habíamos olvidado de ese bloqueo que - como bien dijo Stella Calloni era un acto de guerra. Y porque también nos estábamos olvidando de algo muchísimo más grave: que no se podía hablar de estos fusilamientos fuera del horroroso, inhumano y bárbaro contexto internacional que estábamos viviendo, donde grandes genocidas, los Blair y los Bush, se daban el lujo de probar todas sus armas sobre carnes jóvenes indefensas e inocentes. Donde ya las habían probado en Yugoslavia, castigando un pueblo, destruyendo toda su infraestructura económica. Y la habían probado ahora en Afganistán, y la probaban en Irak. ¡La misma arma bestial que está a la cabeza de un pueblo manipulado e inculto políticamente, como es el pueblo norteamericano! Porque tenemos conciencia de que ese pueblo, que la mitad apoyaba la guerra antes del conflicto, y hoy son cerca del 60 ó 70% que apoyan a ese absolutamente loco y bárbaro de Bush, ¡no es el pueblo de Walt Whitman! ¡Es un pueblo degradado por una máquina mediática salvaje, fascista, macartista, que poco tiene que ver con la vida, poco tiene que ver con la defensa de la diversidad cultural, que poco tiene que ver con la defensa de la naturaleza, el humanismo, la cultura y todos los valores sagrados que cualquier hombre libre y democrático de la Tierra no puede dejar de defender! ¡Entonces yo no podía hablar, ni podía juzgar los actos de defensa legales, que un pueblo defendiendo su Revolución, tomaba ante una seguidilla de provocaciones tramadas por la CIA! Lo que es cierto, es que al preguntarme por qué teníamos tanta animadversión con los norteamericanos, le dije: “¡porque tenemos memoria!” Nosotros daríamos vuelta la pregunta: ¿por qué nos odian tanto los norteamericanos? ¿Por qué odian tanto a la humanidad entera, que no se pliega a esa máquina bestial? ¡No nos podemos olvidar, que aquí, en esta casa, casa de los muchachos desaparecidos; acá, las víctimas sufrieron un plan tramado en Estados Unidos, impulsado por Kissinger y la Escuela de las Américas! ¡No nos podemos olvidar de Salvador Allende y los hermanos chilenos también tirados al mar! ¡Y no nos podemos olvidar de las 3 500 víctimas civiles que en ocho minutos de bombardeo salvaje, un 19 de diciembre del ‘89, sufriera un barrio de Panamá, para que estos yanquis probaran y amedrentaran al mundo entero con sus aviones ida y vuelta hacia la muerte! ¡De todos estos actos, nosotros no nos olvidamos! Y no nos podemos olvidar de que la violencia cotidiana, de que los planes genocidas del Fondo Monetario y el Banco Mundial producen en nuestras tierras. ¡Genocidio silencioso, cotidiano y ocultado por la máquina mediática! Por eso, amigos italianos - les dije - no me puedo olvidar de nada de esto. Nosotros, como gente de la cultura, como militantes de una profunda Revolución que todavía espera la Argentina, América Latina y el mundo - ¿por qué no? - por supuesto defendemos la vida como valor absoluto. Pero también estamos dispuestos, como lo dijo el supremo y querido Che, a arriesgar y dar la vida junto a aquellos que la están arriesgando y la están sufriendo. Y por eso:
¡ESTUVIMOS, ESTAMOS Y ESTAREMOS CON NUESTRA QUERIDA
CUBA! |
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