| LA JIRIBILLA Nro. 108 |
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ARTE JOVEN EN CASA El arte de Latinoamérica y del Tercer Mundo halla en Cuba eventos que persiguen dar continuidad a la validación de las mejores creaciones realizadas desde la periferia, entre los más estratégicos a escala internacional se encuentran La Bienal de La Habana y La Joven Estampa, este último, reconocido como un certamen único en su tipo en el continente al convocar a los jóvenes grabadores latinoamericanos y caribeños, en una manifestación que en la región ha hallado cultivadores de magnitud excepcional.La octava edición concluyó, como ya es tradición, con las premiaciones. En esta ocasión el Jurado otorgó un gran Premio, dos Menciones de Honor y tres menciones más, y entre estas últimas solo dos fueron a artistas no cubanos, el argentino Garavelli y el mexicano Cristóbal Tavera. Se inauguraron cuatro muestras en su sede la Casa de las Américas: la del concurso propiamente con las obras premiadas, y dos a dúo, una de las jurados Sandra Ramos (Cuba) y Alicia Candiani (Argentina), y Mano a mano, exhibición de los artistas mexicanos Francisco Castro Leñero y Mauricio Cervantes; y en el edificio de la galería Haydée Santamaría, la exposición del premiado hace dos años, el joven creador Frank Ernesto Martínez. Esta apertura múltiple da fin a un ciclo de encuentros teóricos sobre el grabado y al Taller Internacional Copias al carbón que el grabador puertorriqueño Antonio Martorell realizara en el Museo de Arte Universal, como un homenaje al aniversario 90 del Palacio de Bellas Artes. La participación de doce países, entre los de más envíos México, Puerto Rico —país donde se realiza la importante Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe—, y Argentina, y de un total de 152 artistas que presentaron sus obras nos habla de que, no obstante los ineludibles cambios que han sucedido en el arte contemporáneo, las tendencias del mercado que continúan preferenciando aún la obra única, el grabado no solo ha sobrevivido, sino que ha sido una de las primeras manifestaciones en asimilar la nueva tecnología y en resignificar su carácter de obra reproducible. Alicia Candiani, la artista argentina y jurado de esta edición, subrayaba en la lectura del acta de premiación, el prestigio de Las Joven Estampa en el continente y la necesidad de realizar una más intensa promoción que convoque aún a más países y participantes interesados, no obstante la crisis económica, las dificultades para el envío de obras y el cambio de fecha para su realización. Ciertamente, las diferencias entre los inicios de este siglo XXI y por ejemplo la década del setenta, en la que proliferaron las bienales y salones del grabado con aquellas, las entonces intenciones que subyacían en el empeño de curadores y artistas, de democratización del arte y de contenidismo, a través del grabado, han sido relevadas por nuevas coordenadas que ya conocemos de interrelación entre las técnicas, procedimientos y expresiones, sin que se privilegie especialmente alguna, a la vez que de más vertiginosa comunicación entre los creadores. Si, además, pensamos en la imprescindible trascendencia de una disciplina de reproducción múltiple tan valiosa para los latinoamericanos y caribeños, no puede dejarse de hacer una reflexión que debería conducirnos a incentivar la pesquisa de temáticas interesantes, de tácticas de participación y promocionales, que impliquen un llamado más intenso y también extensivo a jóvenes creadores para que puedan sentirse partícipes de un fenómeno que cualifique nuestras peculiaridades como zonas de producción artística no legitimadas en su mayoría por el Primer Mundo. Ello, por otra parte, no debería desestimar la recepción del público nacional, pues lo que sí ya es evidente, y que se aprecia en la calidad y cantidad de los participantes y de premiados durante dieciséis años de trayectoria de este evento, es el notable interés de los jóvenes cubanos por ser parte del acontecimiento. Otros eventos de índole nacional y por tanto con las ventajas que esto implica, como la Huella Múltiple, en sus diferentes ediciones, delinean cómo puede ser de ancho el camino para promover y examinar esta manifestación plástica. Jesús Hernández (Cuba) con sus calcografías y punta secas Corte de máquina y Asentar trabas fue el gran Premio en este 2003. Sus muy singulares objetos pesados, afilados o penetrantes que conforman a su vez un único artefacto en cada pieza, realizadas en 69 x 194 cm con gran precisión en el dibujo y severa monocromía sobre fondo blanco, fueron elogiadas por el jurado dada la audacia con que trabajó con una técnica tan tradicional una creación conceptualísima, en una interesante conjunción entre la tradición y la contemporaneidad. Dos menciones de honor fueron para las cubanas Janette Brossard y Nadiesha Inda, la primera con Mente sana en cuerpo sano, una instalación de siete calcografías que integran un relato a fragmentos realizado con un desbordante cromatismo y una muy expresiva figuración que integra elementos clásicos y narraciones de hoy sobre el ejercicio y la acrobacia como metáforas irónicas y humorísticas de un mundo que a ratos resulta agobiante en sus excesos de exterioridad sociales y de obsesiva competencia. Por su parte, Nadiesha, en Archivo personal, imbrica dos segmentos de la composición en que relaciona un sello con el icono de Lenin e imágenes invertidas de gentes sobre fondo abstracto, en una especie de recuento individual y social de acontecimientos esenciales de fines del pasado siglo para el hombre del tercer milenio. El cuarto y último cubano en obtener galardón, Ernesto Fernández Valmaseda realizó una instalación, Plancha v.s.papel, integrada por la serialidad de silbatos con distintos tamaños y envejecimiento, en los que realizó impresiones o adiciones de elementos en metálico, en franca alusión a un llamado de atención sobre la cotidianidad de nuestro entorno en ambientes de escasez y reciclaje propia de nuestros países. Las otras dos menciones para no cubanos, fueron para Andrés Garavelli (Argentina) con una instalación de chapas de offset entintadas, y el uso de serigrafía y collage, Exvotos (título de la pieza), es una obra alegórica al devenir de la justicia en Latinoamérica, realizada con novedosa mezcla de técnicas y materiales. Cristóbal Tavera Mendoza (México) con Instrucciones para hacerme reír, realizó una representación a manera de mito, de la pobreza, en las figuras de una niña que viaja por el cuerpo de una ballena. Los mexicanos Francisco Castro Leñero, un reconocido artista de la abstracción en su país y Mauricio Cervantes, con un trabajo de manipulaciones sobre grabados en placa de hierro de las imágenes antiguas de Fayum, ofrecen la posibilidad de apreciar grabado del México actual, desde las diferencias entre ambas expresiones (geométricas y clásicas). A la izquierda de estos hombres, se halla la exposición también “mano a mano” de dos mujeres jurados, Alicia Candiani, con En la tierra de su alma, que toma partes del cuerpo, cual zonas de ilustración de suavísimas formas vegetales, en una por demás delicada y decorativa poética que interpreta como “semillas, susurros, mariposas, estambres, alas, flores”, etcétera. En otro extremo, se halla la cubana Sandra Ramos que retorna, una vez más a grabar los escenarios donde conviven figuras y emblemas nacionales, así como del comentario internacional, ahora enmarcados en un televisor Atec Panda (el de más oferta al cubano de los días que corren). La Galería Haydée Santamaría exhibe la obra de Frank Martínez, como se mencionó anteriormente, premio de la edición anterior, se trata, sin duda, de una de las obras más vigorosas no solo en atención al grabado sino también al arte contemporáneo insular. Sus investigaciones incluyen grupos sociales, gentes de pueblo y ambientes populares y marginales, grabaciones de ciudadanos comunes como medio de transmisión del valor de la oralidad y otras fuentes culturales de lo popular. En el conjunto que ahora exhibe hay dedicatorias a los colegas de la profesión, también maestros del grabado cubano, mediante imágenes distintivas de sus obras que se hallan en las matrices de sus piezas, provenientes del propio taller del Instituto Superior de Arte, donde usualmente trabajaban los creadores, que trasladó a la galería, asimismo, en sus piezas se refiere a la idea de lo único y lo múltiple, transferida al trabajo matriz-reproducción, y en la paradoja de los signos que representan lo individual y lo colectivo. Es, según Martínez, un “homenaje al medio, al taller como espacio gremial y a los artistas que usan la gráfica como soporte”. El público pudo, además, en esa misma galería, ver una retrospectiva de ese extraordinario artista del grabado latinoamericano del siglo XX, el argentino Antonio Berni, que nos remite nuevamente a la fuerza de la manifestación y de ese poder de generar sagaces imaginarios y cauces expresivos desde las condiciones de la creación en América Latina y el Caribe. |
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