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Del argentinazo a Néstor Kirchner
¿RECOMPOSICIÓN DE LA HEGEMONÍA BURGUESA EN LA ARGENTINA?
Néstor
Kohan|
Argentina
"Si insistimos en no hacer UN ANÁLISIS DE
CLASE del movimiento es inútil que hablemos de
socialismo, nacional o extranjero, de latinoamericanismo
o de revoluciones hermanas […] No estoy hablando desde
posiciones “vanguardistas” como un malentendido
NEOPOPULISMO CON FRASEOLOGÍA SOCIALISTA que surge en
algunos sectores del peronismo califica, intentando
sembrar un nuevo terrorismo ideológico que sustituya al
periclitado maccartismo"
Alicia Eguren: "Carta abierta al general
Perón" (4/10/1971)
[Alicia fue una gran revolucionaria argentina. Compañera
de John William Cooke y amiga del Che Guevara. Fue
secuestrada, torturada y asesinada en la ESMA en tiempos
de Videla y Massera].
Los comentarios periodísticos nadan, autosuficientes, en
la superficie. Se pasa, de un día para otro, del
pesimismo lapidario a la euforia desenfrenada. Y
viceversa.
Igual que frente al 19 y 20 de diciembre de 2001. Las
frases van y vienen: "Estamos en Revolución", decían
algunos apresurados en aquel diciembre histórico cuando
todo ardía en la Argentina. "Estamos a punto de tomar el
Palacio de invierno", agregaban otros, aún más
exaltados.
Con la misma frivolidad, un año y medio más tarde,
frente a los votos de Menem en la primera vuelta, se
afirmó: "El 19 y 20 de diciembre no sirvieron de nada";
"Argentina es peronista, no hay nada que hacer, el
peronismo… es una enfermedad".
Ahora, con Kirchner presidente, vuelve a aflorar la
misma actitud: "¡Es Cámpora! ¡Es Cámpora! ¡Estamos en
1973!".
Las emociones son fundamentales en la lucha. Nadie
estaría dispuesto a arriesgar su vida y a perderla, si
fuera necesario, única y exclusivamente por haber
comprendido en teoría el… concepto de plusvalor. Sin
emociones reales, sin sentimientos, la vida sería
sumamente aburrida y la lucha de clases sería apenas un
teatro negro del absurdo, repleto de autómatas,
marionetas o burócratas racionales.
Pero la política no puede subordinarse a los altibajos
de los estados de ánimo. Se nos impone el desafío de
mirar un poquito más allá de la coyuntura inmediata y
del día a día de nuestras emociones.
Los de arriba: Kirchner presidente
La asunción de Néstor Kirchner expresa una parcial
recomposición de la hegemonía burguesa en la Argentina.
Sumamente frágil y precaria, pero recomposición al fin
de cuentas.
Su tan celebrado primer discurso representa algo
inequívoco. Los cuadros políticos de la burguesía
argentina siguen manteniendo un margen no despreciable
de maniobra. Cada vez más restringido y delgado, pero
existe. No podemos (ni debemos) autoengañarnos. Ese
famoso discurso estuvo centrado en la crítica del
neoliberalismo, en la defensa de un CAPITALISMO
NACIONAL, en la inclusión social, en la educación
pública, en suma, en una Argentina PARA TODOS.
Eso se sumó a la presencia de Chávez, de Lula y de
Fidel, que gran impacto causaron, mientras los EE.UU.
solo enviaron a un funcionario de tercera categoría.
¿Estas presencias fueron hechos positivos? Sí, es
indudable. Se enmarcan en la crisis del capitalismo
salvaje y dependiente que hoy atraviesa América Latina y
en el relativo aislamiento del imperialismo
norteamericano tras las últimas guerras de conquista. De
las tres figuras, obviamente, todas las fichas se las
llevó Fidel.
¿Fue positivo que Fidel visitara la Argentina y pudiera
encontrarse directamente con las multitudes que lo
quieren y lo admiran? Sí, también es innegable. Además
del batacazo político que eso significó para Cuba ante
la amenaza de invasión yanqui, fue una alegría enorme
poder disfrutar del máximo dirigente revolucionario vivo
del siglo XX (y de lo que va del XXI). ¡Cuántos ratones
pretendieron ganarse un lugarcito en la historia, por
ósmosis o acaso por contagio, intentando fotografiarse
al lado de un león como Fidel Castro!
Pero el brillo de Fidel no puede opacarnos la vista ni
nublarnos los ojos. LA BURGUESÍA ARGENTINA NO CREE EN LA
REVOLUCIÓN. Permite que Fidel venga y le hable a miles y
miles de jóvenes sobre el ejemplo del Che Guevara porque
HOY NECESITA AIRE Y LE CONVIENE para ganar consenso
popular. Esa misma burguesía argentina, esos mismos
cuadros políticos del sistema, no van a dudar un segundo
en reprimir, con todo lo que tengan a mano, cuando esos
mismos jóvenes intenten (intentemos) seguir en la
práctica el ejemplo de Fidel y el Che.
Porque la mejor manera de ayudar a Cuba y de ser
solidarios con la Revolución cubana no es enviando
lápices, jabones, visitando sus playas o comprando una
cajita de habanos. LA MEJOR MANERA DE SOLIDARIZARSE CON
LA REVOLUCIÓN CUBANA y de seguir el ejemplo de Fidel y
el Che es LUCHAR POR LA REVOLUCIÓN EN LA ARGENTINA (y en
toda América Latina).
Y allí, estos mismos cholulos que ayer pugnaban por
fotografiarse con él o por acceder al líder cubano, nos
van a reprimir sin contemplaciones ni piedad. ¡No nos
podemos dar el lujo de engañarnos! ¡Es demasiado
peligroso!
Desde el mismo ángulo habría que analizar el
descabezamiento de la mitad de las cúpulas de las
Fuerzas Armadas. ¿Fue un hecho positivo pasar a retiro
al general Brinzoni y a sus secuaces más inmediatos? Sí,
también es innegable. No solo porque este nostálgico de
1976, de fuertes simpatías por el führer, seguía
reivindicando públicamente el genocidio contra nuestro
pueblo sino porque además las Fuerzas Armadas venían
recuperando un protagonismo político in crescendo.
El Ejército repartiendo comida en barrios pobres y la
Gendarmería organizando operaciones por las inundaciones
de Santa Fe constituyen escenas de una vieja película de
terror que ya vimos varias veces en la historia
argentina.
Reconocer lo positivo de esas medidas no implica perder
la memoria ni marearse en la borrachera de los deseos
imaginarios y las fantasías compensatorias. ¡No nos
autoengañemos! Esas operaciones de "limpieza", como la
célere "autocrítica" del general Martín Balza en tiempos
de Menem, persiguen un objetivo específico: RECOMPONER
EL CONSENSO DE LAS FFAA y reconstruir la relación con la
sociedad civil, deshilachada después del genocidio de
1976 en adelante.
Para el campo popular argentino LAS FUERZAS ARMADAS (con
jefes dinosaurios o con jefes "renovados") SIGUEN SIENDO
EL PRINCIPAL BRAZO ARMADO DE NUESTRO ENEMIGO
ESTRATÉGICO. Tarde o temprano, cuando se modifiquen las
actuales relaciones de fuerza entre las clases sociales
y la confrontación social pase a otro nivel, el
movimiento popular argentino tendrá que lidiar con ese
ENEMIGO ESTRATÉGICO.
Tanto los discursos contra el neoliberalismo, como el
guiño para que Fidel se pudiera encontrar con la
juventud, como las medidas de pase a retiro de
militares, aunque positivas, constituyen diversos
movimientos de recomposición hegemónica de la burguesía
argentina.
La propaganda televisiva de Duhalde, inmediatamente
antes de las elecciones, fue más que cristalina. El
presidente saliente, exultante, señaló que de los
incendios callejeros y los cortes de ruta generalizados,
su gobierno logró recuperar "el respeto por LAS
INSTITUCIONES".
De eso, precisamente, se trata. No de la adhesión,
rechazo, simpatía o antipatía, o cualquier otro estado
de ánimo pasajero para con un mandatario (sea Duhalde o
Kirchner), sino de la CRISIS ORGÁNICA DE LAS
INSTITUCIONES POLÍTICAS ARGENTINAS Y SU
"GOBERNABILIDAD".
Lo que está en juego es la CRISIS DE LA HEGEMONÍA
BURGUESA y su eventual recuperación.
(En estas líneas partimos del presupuesto de que la
sociedad argentina es una sociedad capitalista. El
capitalismo es una sociedad que jamás se cae sola. Hay
que derrocarla. Para impedirlo, la dominación se
reproduce combinando el consenso y la violencia. Cuando
mayor es el consenso del que goza el bloque dominante,
menor es la necesidad de recurrir a la violencia. En los
momentos de CRISIS ORGÁNICA la combinación de la crisis
económica y la crisis política genera una crisis de
hegemonía. Entonces, se produce una crisis de autoridad
y una crisis de representación, no de un presidente o un
ministro, sino del conjunto de las instituciones
políticas de un país. En esa situación estamos en la
Argentina).
Discursos y realidades
En algún poema de Juan Gelman, Lenin aparecía
diciendo: "Todo es ilusión, menos el poder". Al discurso
crítico de las privatizaciones y propiciador de la
inclusión social hay que contrastarlo con la práctica y
el poder real.
Mientras Kirchner enfatizaba su discurso de asunción,
las cámaras oficiales de TV enfocaban las caras de los
"nuevos" funcionarios y ministros: ellos se repartían
entre quienes encabezaron, de la mano del Opus Dei (como
es el caso de Gustavo Béliz) las "Reformas"
privatizadoras del Estado hasta quienes fueron puntales
de la administración de Duhalde. Unas pocas caras
nuevas, de la socialdemocracia o el Frepaso, se sumaban
a ese viejo y conocido elenco.
Pero no importan tanto las caras, los nombres, las
declaraciones ni los guiños políticos para el
progresismo. Hay que intentar mirar más allá de la
superficie. Detrás de los discursos, si no son vacíos,
hay FUERZAS SOCIALES. Ese es el quid de la cuestión. El
discurso de Kirchner sobre el "capitalismo nacional"
carece de bases sociales.
EN ARGENTINA NO EXISTE UNA BURGUESÍA NACIONAL
INDEPENDIENTE.
La puja entre dolarizadores y devaluadores en la que se
enmarcó el corralito bancario y el bochornoso ocaso del
presidente De la Rúa dejó bien en claro que, aún cuando
el desenlace estuvo del lado de los devaluadores, no hay
base social para sustentar a largo plazo el discurso del
"capitalismo nacional". No hace falta ser adivino ni
pesimista profesional para reconocer que el discurso
antineoliberal de Kirchner chocará rápidamente con la
dura realidad de una burguesía depredadora,
completamente entregada e integrada a la
transnacionalización del capital. Los propietarios de
bonos de la deuda "externa" argentina, por ejemplo, son
muchos de los grandes capitalistas "nacionales". Hablan
nuestro mismo idioma, el español, les gusta el fútbol y
el asado, cantan el himno, pero…son acreedores de la
deuda.
La IDEOLOGÍA Y EL DISCURSO POPULISTA sigue manteniendo
en Argentina la autonomía relativa que se le insuflan,
periódicamente, los relatos periodísticos e
historiográficos de los que anhelan volver a un idílico
matrimonio entre el Pueblo y las Fuerzas Armadas,
entrecruzados por la flecha de Cupido de una burguesía
nacional desarrollista. Está fuera de discusión -excepto
para algunos ancianos que recrean la opción peronismo-antiperonismo
en algún viejo bar de Buenos Aires, mientras toman un
Cinzano o juegan a las cartas- si eso es deseable o no.
Lo que ya está claro es que es imposible. Porque para
reconstruir un modelo similar habría que contar, no solo
con suspiros, lagrimones nostálgicos y un par de
seductores ensayos periodísticos…, sino con FUERZA
SOCIAL.
Hasta allí llegan las "buenas intenciones" del
presidente Kirchner (si es que uno creyera en ellas. No
es nuestro caso).
Para ganar genuinamente el consenso de las
organizaciones populares, el nuevo gobierno debería
acompañar su retórica con MEDIDAS Y ACCIONES CONCRETAS,
aprovechando la euforia antimenemista que lo llevó a la
presidencia:
-Castigar en forma
ejemplar a los asesinos materiales e ideológicos del
Puente Pueyrredón (los fusiladores de piqueteros)
- Reconocer y proteger activamente de la contraofensiva
patronal al combativo movimiento de las fábricas
ocupadas y recuperadas (sea bajo control obrero o en
cooperativa, según decidan cada uno de los colectivos
laborales).
- Terminar con la impunidad institucionalizada de la que
gozan las fuerzas militares y policiales (los que
masacraron a nuestro pueblo en 1976 y los que siguieron
haciéndolo con la técnica "democrática" del gatillo
fácil y la tortura en las comisarías)
- Romper amarras con las instituciones financieras que
gobiernan de facto la Argentina, dejando de pagar la
deuda y resistiendo el monitoreo permanente de nuestra
economía por parte de Estados Unidos, el FMI y el Banco
Mundial.
Ninguna de estas
medidas es, necesariamente, socialista. Si el presidente
Kirchner realmente creyera en el "capitalismo nacional",
podría intentar realizarlas sin que nadie lo acuse de
"rojo", de "subversivo" o de "terrorista"…Sospechamos
que no concretará ninguna de ellas: Ni siquiera
intentará llevarlas a cabo.
Los de abajo:
Las dificultades del movimiento popular
En nuestro trabajo "El Argentinazo (Una primera
aproximación a la rebelión popular)" [escrito el 21 de
diciembre de 2001, véase
http://www.rebelion.org/internacional/
kohan231201.htm] alertábamos contra las miradas
ingenuas que pronosticaban para la Argentina una salida
repentina e inmediata fuera del orden capitalista, a
partir de la explosión. Allí decíamos: "Hoy [diciembre
de 2001], en Argentina, los de abajo no quieren vivir
más como hasta ahora y lo demostraron contundentemente
en la calle. Pero todavía los de arriba pueden seguir
viviendo así. Aunque cada vez pueden menos... Lo viejo
no termina de morir. Lo nuevo no termina de nacer […] La
lucha será larga y será dura. Que nadie se confunda. Es
cierto que el recambio de presidente no soluciona
absolutamente nada […] También es verdad que la
revolución socialista argentina y la felicidad duradera
de nuestro pueblo no están a la vuelta de la esquina. Es
más que obvio. Pero está más cerca que antes. ¡Hemos
avanzado y mucho!".
Desde aquellas jornadas heroicas hasta hoy hemos
avanzado, pero, al mismo tiempo, hemos sufrido un
reflujo. Digan lo que digan los manuales, las luchas de
clases jamás son lineales ni están garantizadas de
antemano. Quien no lo crea, que recuerde el cordobazo,
del cual hoy se cumple un nuevo aniversario, y cómo
terminó aquel período.
Hemos avanzado porque se ha logrado legitimar
socialmente al movimiento piquetero en su conjunto. A
pesar de la sistemática campaña macartista de los medios
que oponen "los piqueteros duros" (los malos) contra los
"piqueteros dialoguistas" (los buenos), hoy ya nadie los
nombraría como "subversivos". Se ha instalado
socialmente que ser piquetero es reclamar trabajo
genuino, dignidad y cambio social. No fue un avance
gratuito. No fue un regalo. Ese reconocimiento se logró
con sangre y con vidas arrancadas por las balas
policiales en las grandes rutas y puentes de nuestro
país.
De igual modo, desde aquellos 19 y 20 de diciembre, se
ha logrado legitimar y rodear socialmente al movimiento
de obreros y trabajadores que, enfrentando a la patronal
y a los jueces del sistema, han puesto en funcionamiento
las fábricas tomadas (sea bajo control obrero o bajo
cooperativa). Este movimiento ganó una solidaridad
creciente entre las capas medias, los estudiantes y los
vecinos de barrios aledaños a los establecimientos
industriales.
Esos avances no cayeron del cielo. Fueron obtenidos a
partir de múltiples militancias anónimas, de trabajo de
hormiga, de abnegación cotidiana. Un trabajo y una
militancia que no sale en la TV y que, por lo tanto, "no
existe" a los ojos de la pequeñoburguesía lúcida y
bienpensante.
No obstante, el movimiento popular que emergió del 19 y
20 de diciembre aglutinando a grandes masas que hacían
su primera experiencia política, padeció y padece de
notorias debilidades.
En primer lugar, subsiste de manera incomprensible, a
pesar de los reclamos generalizados que exigen su
abandono, las viejas prácticas sectarias y mezquinas que
priorizan cada organización (por pequeña que sea) por
sobre el movimiento en su conjunto. La mirada estrecha,
la pequeñez, las disputas de parroquia, muchas veces,
demasiadas veces, terminan primando por sobre la lucha
general y una mirada de conjunto. Al lado del heroísmo
militante, junto a la abnegación y junto a la entrega,
en cada lucha que se desarrolló desde diciembre de 2001
hasta hoy encontramos huellas de este accionar sectario
(elevado hasta el paroxismo). Siempre el cálculo gira en
torno al sello propio, al lugarcito para salir en la
foto, a poner un cartel sobre otro, a disputar por el
orden de los oradores en cada asamblea, especulando con
una candidatura a diputado o con la repercusión en los
medios, etc,etc,etc. Existe la tendencia sedimentada a
mirar antes quién dirige cada lucha en lugar de brindar,
en primer lugar y sin cálculos previos, LA SOLIDARIDAD
ACTIVA CON TODOS Y TODAS LAS QUE LUCHAN CONTRA EL
SISTEMA.
Ese sectarismo furibundo, esa prioridad de la propia
organización (que calcula que crecerá a expensas de las
demás, en lugar de ver el crecimiento como un elemento
para el conjunto de la izquierda revolucionaria)
constituye, UNO DE LOS PRINCIPALES OBSTÁCULOS A REMOVER
si se pretende disputar con la burguesía la dirección
del movimiento de masas en Argentina.
Porque ese sectarismo genera, de manera automática, un
DIVISIONISMO PERMANENTE Y ARTIFICIAL. Hay divisiones que
son necesarias, imprescindibles e inevitables. La
separación de aguas entre quienes están a favor del
sistema capitalista y quienes quieren cambiar la
sociedad de raíz, es una división real y genuina. Pero
entre quienes quieren cambiar la sociedad se generan
infinitas divisiones completamente artificiales. La
crisis de muchas asambleas barriales, nacidas
masivamente después de aquel 20 de diciembre, sería
incomprensible si no fuera por esta práctica política
nefasta. Lo mismo vale para la débil repercusión que
tuvo la abstención frente a unas elecciones donde todo
giraba en torno a candidatos del poder. ¿No hubiera sido
muchísimo mayor esa abstención si hubiera habido un
bloque unitario, pero unitario de verdad, sin
sectarismos, que lo impulsara públicamente?
Esa práctica política del narcisismo de las pequeñas
diferencias, en última instancia, expresa la DÉBIL
CONCIENCIA DE CLASE de quienes la ejercen. Porque la
conciencia de clase no se define por el discurso, las
consignas "rojas", los volantes o la retórica sino por
la capacidad de construir la unidad de la clase
trabajadora en la vida práctica, en la vida cotidiana,
en la lucha contra el sistema. Romper esa unidad de los
revolucionarios significa que se prioriza a un segmento
por sobre la totalidad y eso es un procedimiento típico
de una estrategia económico-corporativa, economicista,
insuficientemente socialista.
"Todo es ilusión, menos el poder" repetía Lenin en aquel
poema. Si la izquierda revolucionaria argentina
pretende, en serio, dejando los jueguitos y los
simulacros al costado, tener una política de poder, esas
prácticas deben comenzar a moderarse (no somos tan
ingenuos para creer que se suprimirán por decreto, pero
al menos…, deberían moderarse).
Otro de los elementos que permiten explicar el reflujo
de la ola creciente de conflictos que se catapultaron a
partir del argentinazo del 19 y 20 de diciembre, remite
a la cooptación. Sea desde aquellas corrientes que
archivaron de improviso su retórica insurreccionalista
para participar, contentas y felices, de las elecciones,
hasta aquellas otras que amagaron con el apoyo a algún
político burgués populista (incluyendo, en forma ya
escandalosa, el apoyo del coronel Aldo Rico a una que
otra marcha piquetera…).
Finalmente, otra de las debilidades del movimiento
popular, de fuerte incidencia principalmente sobre
varias asambleas de los barrios de la capital, consistió
en haber comprado ciegamente el discurso posmoderno de
"la multitud". Con mucha ingenuidad y con no poca
propaganda sistemática inducida desde LA DICTADURA DE
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN circuló en este año que pasó
el relato posmoderno (y posestructuralista) de Toni
Negri y sus amigos. Ellos batallaban contra toda forma
de organización. Un sector de las asambleas creyó que de
esta manera se vacunaba contra la política de los
aparatos sectarios (preocupación genuina y legítima)
pero terminó creyendo que "los vecinos" -así, en
general…- podrían contra el sistema. Una vez más se
demostró que las experiencias del pasado no se pueden
tirar por la borda a partir de un decreto filosófico
(más, si este viene de París o Nueva York). La historia
demuestra que en los momentos de ascenso el impulso de
abajo se multiplica pero cuando llega el reflujo, SI NO
SE CONSTRUYEN ORGANIZACIONES POPULARES, TODA LA ENERGÍA
SE DISPERSA y todo se frustra. "La multitud", así como
vino…se fue a la casa.
Nos falta organización. Pero no solo eso. Para poder
consolidar las posiciones políticas que en la actual
relación de fuerzas se han venido ganando con tanto
esfuerzo, deberemos enfatizar el carácter autónomo de
los movimientos sociales contra el sistema. La disputa
política, fundamentalmente en las provincias, con los
punteros de los partidos tradicionales (Partido
Justicialista, Unión Cívica Radical y partidos
provinciales vinculados a la dictadura de 1976) sigue
siendo un desafío pendiente a la hora de consolidar un
territorio de poder autónomo.
El desafío
Dado que la crisis orgánica de la Argentina
capitalista seguirá abierta y que, después de la euforia
de los primeros días, la administración de Kirchner
encontrará rápidamente el límite de su discurso en la
contundencia impiadosa de "los Mercados" que nada
perdonan, la política futura del movimiento popular
debería asentarse en dos núcleos absolutamente
centrales:
(a) la independencia
política de clase frente a las expresiones políticas del
sistema, incluyendo aquellas que coqueteen con el
discurso populista o desarrollista.
(b) la lucha por la hegemonía socialista, política y
cultural al mismo tiempo.
Nuestro gran desafío
es construir, entre todas y todos los que queremos
terminar con la barbarie de este capitalismo inmundo,
mugriento e inhumano, juntos y juntas, codo a codo, sin
empujarnos entre nosotros, empujando todos contra el
sistema y su "gobernabilidad", una herramienta política
unitaria para que la abnegación y el heroísmo de la
militancia cotidiana no se frustren nuevamente, no se
dispersen ni sean asimilados con discursos edulcorados
de último momento. La única salida realista sigue siendo
la construcción desde abajo, sin sectarismos, de una
política popular, latinoamericana, antimperialista y
antica-pitalista.
Sin una lucha a largo plazo por la hegemonía socialista
y por el poder, se nos hará cada vez más cuesta arriba
concretar nuestros proyectos revolucionarios y el sueño
compartido de que otro mundo sea posible.
Buenos Aires, 29 de mayo de 2003 |