LA JIRIBILLA Nro. 108

ELOGIO DE JUAN BLANCO
 
Recibe Juan Blanco el doctorado Honoris Causa como reconocimiento a su integridad artística, su compromiso irrenunciable con el arte y también por la amplitud y la audacia de su obra como creador y su fidelidad y compromiso con la cultura artística cubana.


Manuel Duchesne Cuzán| La Habana


Cuando acepté hacer el elogio de Juan Blanco, personalidad imprescindible de la cultura musical cubana del siglo XX en su investidura como Doctor Honoris Causa, me asaltó el temor a que me traicionara el cariño y el afecto que por él guardo, en una amistad militante desde que nos conocimos en las aulas del Conservatorio Municipal de Música de La Habana, hace hoy aproximadamente 54 años. 

La actividad artística de Juan ha sido muy amplia, siempre activa, de una proyección estética renovadora y de una influencia decisiva en la historia más reciente de la música cubana. 

Como compositor, desde sus inicios, se destacó en la lucha contra el inmovilismo que se había producido en la creación cubana después de la muerte de Roldán y Caturla, y a la misma vez, un compositor tenaz y consecuente con los sectores dogmáticos de aquel momento. 

Su obra musical refleja el desarrollo de su actitud estética y es fiel exponente de su pensamiento creador. 

Desde su Elegía y Cantata de la paz, su serie Contrapunto espacial, hasta sus más recientes obras electroacústicas, lo confirman en cualesquiera de sus etapas, utilizando las más novedosas y avanzadas corrientes estéticas, tal como avizorara Roldán en su carta a Henry Cowell, “afincado en sus raíces, como compositor americano”. 

Pero la labor realizada por Juan en pro del desarrollo de la cultura artística a partir de la década de los años 50 lo sitúa entre los que con su obra y actividad cultural y política, participa activamente en la lucha ideológica contra la ya notable injerencia del imperialismo yanqui, y los males de la primera república, agravados durante la sangrienta tiranía batistiana. 

Enumerar el trabajo realizado por Juan durante estos años sería realmente extenso, como único ejemplo me atrevo a citar –por su importancia– la activa participación que mantuvo en la sociedad cultural Nuestro Tiempo, de la cual fue fundador y secretario hasta el triunfo de la Revolución. A partir de 1959, continúa su labor como promotor y organizador de la música, encontrándolo como responsable de los programas musicales en la CMZ del Ministerio de educación, jefe de la banda de música del Estado Mayor del Ejército Rebelde, participante activo en las tres reuniones con Fidel en la Biblioteca Nacional, fundador de la UNEAC, asesor de música de la Casa de las Américas, crítico musical, director nacional de música electroacústica y de los festivales dedicados a esta manifestación musical. 

En esta apretada síntesis, he querido mostrar, además de su labor creadora, el trabajo realizado como artista comprometido con su tiempo. 

Juan recibe este doctorado Honoris Causa, como reconocimiento a su integridad artística, su compromiso irrenunciable con el arte y también por la amplitud y la audacia de su obra como creador y su fidelidad y compromiso con la cultura artística cubana.


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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