| LA JIRIBILLA Nro. 108 |
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LUIS SUÁREZ O EL PERIODISMO EN PIE DE
GUERRA Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) desde 1985, el veterano entrevistador y articulista vivía intensamente cada jornada de combate. Lo que comenzó siendo una lógica aventura gremial había sido relanzada gracias al ímpetu suyo y al de tantos colaboradores en una proyecto estratégico en el frente de resistencia intelectual en nuestras tierras contra el imperialismo.. Fue por ello que puso todas sus fuerzas y su autoridad moral en la organización de aquel encuentro en La Habana. No era el primero ni sería el último. Todavía en diciembre del 2002 aportó experiencias al foro contra el ALCA que reunió a cientos de activistas sociales, economistas y profesionales en la capital cubana. Y aunque no físicamente —su salud se hallaba muy deteriorada; padecía de una grave dolencia intestinal—, nos hizo llegar apenas el pasado 3 de mayo, en ocasión de conmemorarse el Día Mundial de la Libertad de Prensa, un artículo que publicó la prensa cubana en el que reflexionaba profundamente sobre el tema. Recordemos cómo en ese momento la campaña mediática contra Cuba, desatada desde el eje Miami-Madrid, alcanzaba un punto culminante. Luis salió al paso en el referido artículo con las siguientes palabras: “En nombre de la libertad de prensa, contra un país donde se ejerce a través de medios de propiedad social, se pretende identificar como periodistas a quienes bajo ese ropaje, verdaderos harapos de la indignidad, trabajaban para la Oficina de intereses de Estados Unidos, a sueldo de un país extranjero”. Su denuncia tuvo eco inmediato en diversos medios de México y América Latina. Poco después ingresaba en un hospital en la capital mexicana. Luego de ser sometido a una intervención quirúrgica, parecía que sobrevendría una mejoría de su estado de salud. Pero el corazón le jugó una mala pasada. En la madrugada del sábado 31 de mayo dejaba de existir Luis Suárez López. Muchos todavía creen que Luis era mexicano de nacimiento. El acento inconfundible y, sobre todo, su penetración en el tejido social de ese país, desde el cual abrazó las más nobles causas de América Latina, lo sugerían. Pero en realidad había nacido en Albaida de Aljarafe, cerca de Sevilla, España, el 30 de marzo de 1918 Cuando llegó a México, a fines de 1939, el joven andaluz ostentaba los grados de capitán de las milicias que defendieron la República contra la insurrección fascista y había pasado por el limbo de los campos de refugiados españoles en el sur de Francia. En México, su nueva patria, se consagró muy pronto al periodismo. Sus más sagaces armas se afilaron en el ejercicio del reportaje y la entrevista, género este último en el que sentó cátedra. Precisamente ese afán por escuchar historias de primera mano y sacar a flote las motivaciones humanas lo pusieron en contacto por primera vez con Fidel castro nada menos que en los meses posteriores al triunfo de la revolución en enero de 1959. Una y otra vez volvió a conversar con el líder cubano a lo largo de cuarenta años. El espíritu andariego de Luis lo llevó a reportar la guerra en Vietnam, el triunfo de los sandinistas en Nicaragua, la angustia de los refugiados palestinos en Jornada, el derrocamiento del régimen de los Duvalier en Haití. Pero cuando estudiantes cubanos de periodismo, en ocasión de un seminario latinoamericano de profesionales de la información en La Habana, le preguntaron por el trabajo reporteril que salvaría, mencionó dos con idéntica jerarquía: la saga de los últimos días del Che en Bolivia y la investigación sobre la guerrilla mexicana de Lucio Cabañas “Al Che —dijo entonces— lo había conocido y entrevistado en La Habana. Al llegar a Biolivia en 1967 tenía la certeza de que era el jefe del movimiento. Lo más duro para mí fue saberlo muerto, asesinado, en terribles circunstancias, Pero lo más esperanzador fue saber que sus ideas habían prendido en nuestro continente para nunca apagarse jamás”. En cuanto a la historia de Lucio Cabañas, recogida en un libro paradigmático del género testimonial, nadie como Luis penetró en los entresijos de uno de los más oscuros episodios de la contemporaneidad mexicana, al conseguir datos que ni los mismos servicios de inteligencia que rastreaban a los insurrectos poseían en sus archivos. Periodista de punta en la revista Siempre, los diarios Excelsior, Unomasuno y Novedades y en los últimos años editorialista de El Sol y la cadena de la Organización Editorial Mexicana, Luis Suárez nunca perdió la brújula. Cuando se derrumbó el campo socialista, escribió: “Aunque alguien quiera olvidarlo, aún existe un enemigo por derrotar: el imperialismo. Modernizado en sus formas, sofisticado en sus métodos, existe pensante y actuante. En eso nana ha cambiado”. Así lo recordaremos siempre: en pie de guerra. |
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