LA JIRIBILLA Nro. 107

Nuevo giro latinoamericano
LA IZQUIERDA VUELVE AL PODER
 
Lisandro Otero|
México

En la toma de posesión de Néstor Kirchner todos los corresponsales coinciden en que el jefe de Estado más aplaudido fue Fidel Castro. Hasta el New York Times tuvo que admitirlo. Las muchedumbres congregadas ante el líder cubano, delirantes de entusiasmo, fueron una prueba irrefutable de que los pueblos latinoamericanos están hartos de neoliberalismo y de imposiciones del imperio por vía del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. También es una demostración de reconocimiento hacia la lucha ejemplar,  internacionalista y patriótica  del líder cubano. El pueblo argentino se ha  sumido en una  pauperización creciente en los últimos años debido al endeudamiento del país realizado por el inescrupuloso bribón Carlos Menem que se viste con trajes de tres mil dólares de Armani mientras los niños bonaerenses escarban en los botes de basura para poder comer algún desperdicio.

En 1980 había en América Latina 120 millones de seres humanos en la pobreza, en el 2001 esa cifra había subido a 214 millones, o sea el 43% de la población de este continente estaba sumida en la penuria más espantosa. De esos, se considera que 93 millones de ciudadanos se hayan sumidos en la indigencia absoluta.

En Argentina el rufián Menem vendió el patrimonio del país a empresas extranjeras y se embolsilló una buena parte de esa hacienda en comisiones, pero el pueblo supo castigarlo negándole el regreso a la presidencia. Ahora Néstor Kirchner se ve ante el imperativo de sacar a flote los restos del naufragio. Argentina se encuentra arruinada con una deuda pública de 144 mil millones de dólares y el 60% de los argentinos sumidos en la penuria y la estrechez. Con una derruida clase media y un proletariado malcomido, el nuevo gobierno debe dedicarse a una descomunal tarea de reconstrucción nacional. Entre otras metas le corresponde devolver a los argentinos su autoestima y comunicarles una certidumbre en su capacidad de recuperación.

Una de las primeras tareas de Kirchner será saldar las cuentas con la historia, reparar los agravios sufridos por familias que han sufrido asesinatos, prisión, desaparecidos y el despotismo de los militares. Esa mancha jamás se ha borrado completamente de la conciencia nacional. Por ello Kirchner va a mandar a retiro a cincuenta generales y almirantes. Todos aquellos que de una u otra manera estuvieron contaminados por el período dictatorial desaparecerán de los estratos castrenses. La mitad de los oficiales de la fuerza aérea y la marina serán removidos. Nunca antes se había intentado una depuración tan integral. Para evitar la tentación de un nuevo golpe de Estado el nuevo Presidente designó jefe del ejército a Roberto Bendini, que lleva solo cinco meses en el rango de general. También Kirchner acometerá una renovación del Poder Judicial y se harán juicios de residencia, cuando las circunstancias así lo indiquen, a los miembros del Tribunal Supremo que fueron criaturas de la época de Menem.

Lo más significativo de este giro ante la situación argentina es que se está conformando una nueva izquierda latinoamericana que sustituye a los viejos espadones envilecidos como Pinochet o a las marionetas del imperio como Batlle, de Uruguay. Con Fidel Castro en Cuba, Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina y Lucio Gutiérrez en Ecuador se ha integrado un poderoso conjunto de naciones que creen en las reformas estructurales, en la independencia política y en el beneficio social para las masas. Ya no se trata de gobiernos que confían en el provecho de la clase empresarial, como el de Fox en México, o en la intervención militar yanqui como el de Álvaro Uribe en Colombia.

Nunca los Estados Unidos han tenido un gobierno más inadecuado para arrostrar la nueva situación. Si bien Clinton jamás viajó a América Latina, cultivó un rostro benevolente y mantuvo un discurso pasivo en relación al sur. Pero la administración Bush se ha nutrido de bucaneros agresivos como Otto Reich, Negroponte y Roger Noriega para forzar a Latinoamérica a seguir el camino que a ellos les conviene. El divorcio entre esta nueva izquierda y el grupo neofascista de agentes de los consorcios petroleros que domina la Casa Blanca está encaminado al enfrentamiento y el desastre.


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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