| LA JIRIBILLA Nro. 108 | ||||
|
LA HABANERA EN LA HABANA El género habanera y como su nombre lo indica, tiene un origen urbano y especialmente de la ciudad de La Habana, donde adquiere un notable desarrollo en su puerto de mar y en general en toda su zona costera, tal es así, que pudiera considerarse este género como canciones de marineros o de pescadores por sus abundantes temas con relación al amor y su vinculación al mar. Durante todo el siglo XIX en Cuba, fueron las voces de los humildes trabajadores del mar los que llevaron las melodías y poesía triste de la bandera en sus pequeñas y frágiles embarcaciones de pescadores y en sus barcos cargados de mercancías a España y a toda la América. En la Península, la habanera cubana acentúa directamente su influencia española pasando de esa manera a algunos países de Europa especialmente a Francia. Antes de fallecer, en el año 1865, el compositor español Sebastián de Yradier (1809–1865) había residido algunos años en Cuba, oportunidad que aprovechó para conocer algunos ritmos de nuestra música popular, hecho que salvaría su posteridad, pues compone dos habaneras que posteriormente se harían famosas: “La Paloma” y “El Arreglito”. Esta última, fue dada ha conocer en el teatro mundial cuando en 1875 el compositor francés George Bizet (1838–1875) usa su melodía y ritmo característico en el primer acto de su famosa ópera “Carmen”. Con esta obra de ambiente español lograría Bizet su consagración siendo imitado por otros compositores en la utilización de los llamados ritmos “cálidos” o “exóticos” como era catalogada la habanera por algunos historiadores europeos especialmente españoles y franceses. En España, aparecen canciones en ritmo de habaneras de origen muy popular y con títulos muy sugestivos: “Ven Paquita”, “A La Habana me voy niño”, “Quién lo había de decir”, “La Bella Lola”, “La Catalana”, etc. Músicos de formación culta, especialmente modernos y seguidores de la escuela francesa de principios de este siglo iniciada por Claude Debussy (1862–1918) y continuada entre otros, por Manuel de Falla (1876–1946) e Isaac Albeniz (1860–1909), que llegaron a ser grandes cultivadores de la habanera. En Francia, Alexis E. Chabrier (1841–1894) compone una pieza para piano en tiempo de habanera. Saint–Saens (1835–1921) crea en 1887 su brillante y virtuosa “Habanera”, para violín y orquesta, dedicada y estrenada el 7 de enero de 1894 por el notable violinista cubano Díaz Albertini (1857–1928). Por cierto, en la actualidad el Ballet Nacional de Cuba cuenta con un ballet con esta música y con el mismo nombre, con coreografía de Gustavo Herrera, que ha obtenido gran éxito en la pasada Jornada de la Cultura Cubana en París. En el año 1907, Maurice Ravel (1875–1937) introduce en su “Rapsodia Española” otra habanera. Por último en 1908 y con el nombre de “La Habanera”, el compositor Raoul Laparra (1866–1943) será uno de los continuadores en este siglo y en esta ópera de incorporar la forma musical de la habanera dentro del repertorio lírico mundial. En Cuba ese mismo hecho se lo debemos a dos notables músicos nacidos por accidente en el extranjero, pero considerados por su aporte a la cultura musical cubana como cubanos: el holandés Hubert de Blanck (1856–1932) y el español José Mauri (1856–1937). El primero de ellos en su ópera Patria, de 1899, aparecen en tiempo de habaneras su intermezzo–nocturno y la romanza para el barítono cantada por uno de sus personajes el sargento “Chicho”, sin duda, dos obras de una singular belleza. En la ópera “La Esclava”, de 1918 de Mauri, en el racconto cantado en su primer acto por Matilde, su personaje central, el ritmo lánguido y triste de la habanera la ayudaría a identificarse con el estado anímico y psicológico de su personaje. Será imposible hablar de la habanera sin referirse a un joven cubano que en el año 1890 y con diez y seis años de edad compone la habanera “Tú”, de todas, la habanera cubana más famosa. Eduardo S. de Fuentes (1874–1944) en esta obra utilizó una línea melódica voluptuosa, larga, fina y delicada que más tarde explotará en otras similares. Su estructura siempre será semejante a una romanza y donde el compositor hace una mayor aplicación de las posibilidades vocales y de la danza cubana. La habanera “Tú” desde su estreno tuvo un inmediato éxito en toda la América Latina, España y Francia, que la convirtió con su fama y valores estéticos en una de las obras antológicas dentro del cancionero cubano. Y serviría posteriormente de modelo a otros compositores de una u otra tendencia como los casos de Ernesto Lecuona (1896–1963), Miguel Matamoros (1894–1971), Miguel Companioni (¿? ) y María Teresa Vera (1895–1965), entre otros. En la habanera cubana, con sus líneas melódicas escritas en tonalidades mayores y menores, lánguidas e imágenes y textos claros y descriptivos se han podido conocer parte de la historia, logros y frustraciones amorosas de nuestros hombres sencillos de pueblo. Así, como hasta qué punto penetró el romanticismo de la poesía española en Cuba.
La mujer y el mar y todo lo relacionado con ellos son los temas que se reflejan en las simples pero hermosas melodías de la habanera popular, tanto en Cuba, como en España. “La Carolina”, “La Niña Pancha”, “Mi madre fue una mulata”, “Me voy a ultramar”, “Ya salen del puerto”, y “En un velero”, son algunos de los títulos de antiguas y anónimas habaneras cubanas y españolas. En la actualidad en España y específicamente en la zona costera de Cataluña e Islas Canarias se sigue conservando una gran tradición de la habanera. Agrupaciones como la Coral Crevillentina, fundada en 1891 y el grupo catalán Port–Bo, son reconocidos como famosos intérpretes de la habanera. Muchas de las melodías en tiempo de habanera que ellos entonan son viejos cantos anónimos que durante todo el siglo XIX fueron y regresaron de Cuba a España, de España a Cuba, de Guatemala al Perú, a México, a la Argentina, etc. mixtificándose sus textos y cantos, pero nunca hasta el colmo de negar su verdadera nacionalidad: la de cubana y habanera. Museo Nacional de la Música 16 de octubre de 1980. Fuente de información:
1. Paullacos, Pierre. Nota del disco EMI
(La voz del amo) I. J. 065–02635Q–1976 |
||||
|
|