|
SÍNTESIS Y MEZCLA:
AUSENCIA NO QUIERE DECIR OLVIDO
Uno
de los méritos principales de Síntesis y Mezcla reside
en que, a diferencia de una buena parte de los músicos
que a partir de los 60 y, sobre todo, en los 70,
comenzaron a cultivar el rock en la Isla desde unas
actitudes empáticas o miméticas, la asimilación de los
formantes del complejo genérico se debió a un proceso de
asimilación crítica que tenía que ver con necesidades
expresivas propias, derivadas del cuestionamiento acerca
de cuáles podían ser las rutas para renovar la identidad
musical cubana.
Pedro de la Hoz
|
La Habana
Aunque por razones de capacidad y el diseño de una
convocatoria encaminada a privilegiar la promoción de
los colectivos emergentes, Síntesis y Mezcla no
estuvieron en la nómina de los participantes del Primer
Festival Caimán Rock, la historia de este género en Cuba
no puede escribirse sin contar la contribución de
Síntesis y Mezcla. O para decirlo con toda
intencionalidad adjetiva: sin medir sus aportes es
imposible hablar de rock cubano.
En ambos casos, la inserción en el movimiento rockero
nacional representó un punto de giro en los modos de
concebir una puesta al día de la música cubana sobre la
base de la incorporación de una estética sonora que en
los años 60, en virtud de la transnacionalización de las
industrias culturales hegemónicas, alcanzó una difusión
mundial.
Quiero subrayar con ello que uno de los méritos
principales de Síntesis y Mezcla reside en que, a
diferencia de una buena parte de los músicos que a
partir de los 60 y, sobre todo, en los 70, comenzaron a
cultivar el rock en la Isla desde unas actitudes
empáticas o miméticas, la asimilación de los formantes
del género —o mejor dicho, complejo genérico— se debió a
un proceso de asimilación crítica que tenía que ver con
necesidades expresivas propias, derivadas del
cuestionamiento acerca de cuáles podían ser las rutas
para renovar la identidad musical cubana.
No es casual que los líderes de esas agrupaciones
provinieran de la Nueva Trova. Síntesis se fue armando
después de la experiencia de Tema IV, un cuarteto creado
por Carlos Alfonso, cuyo perfil se basaba en el
tratamiento armónico-vocal del repertorio
neotrovadoresco. A mediados de los 70, esas búsquedas, y
el encuentro con otros espíritus afines —recordemos la
presencia inicial de Mike Porcell y José María Vitier—
tenían que implicar un salto de calidad en la concepción
musical. Eso fue y es Síntesis. Tomaron del rock lo que
más cercano se hallaba a sus intereses. Se hicieron
visibles zonas de contacto con lo que hacían por aquel
tiempo Emerson, Lake & Palmer, Pink Floyd y John
McLaughlin y la Electric Band. Más adelante prestaron
atención al fenómeno Queen. No será un descubrimiento
decir que había una sensibilización hacia el llamado
rock sinfónico o art rock.
Pero también estaba el oído puesto en la tradición
cubana: el son, el danzón, la trova tradicional y, en un
momento decisivo, la música ritual yoruba transculturada.
Por ello, en el afán de etiquetar las producciones
musicales por parte de la industria cultural, a Síntesis
se le considera en Estados Unidos y Europa como uno de
los principales exponentes en esta parte del mundo del
etno rock. Carlos Alfonso se encoge de hombros
cuando se le espeta esa clasificación: “Lo que hacemos
es música cubana contemporánea, sin cartelitos”,
acostumbra a decir.
Providencial fue el trabajo de Ancestros,
volúmenes que nacieron de la colaboración con el más
sobresaliente cantor folclórico de la tradición yoruba,
Lázaro Ros, y que luego fue asumido enteramente por las
voces del propio colectivo. Esa serie de discos y la
musicalización que realizó Carlos Alfonso a textos de
Silvio Rodríguez, El hombre extraño, constituyen
hitos del rock cubano.
Tampoco es casual que Mezcla haya trabajado con Lázaro
Ros en un disco memorable, donde el mestizaje musical es
mucho más evidente. Pablo Menéndez, líder del grupo,
también comenzó su vida musical en la Isla con el núcleo
original de la Nueva Trova, nada menos que en el Grupo
de Experimentación Sonora del ICAIC. Norteamericano de
nacimiento, siendo adolescente se implantó en nuestro
país y desde entonces ha sido una especie de puente
entre ambas culturas. Trajo las formas de hacer del
blues, de la country music, y también del rock. Sería
bueno recordar cómo en los tiempos del GES, el tema que
dio a conocer la nueva formación fue “Cuba va”, donde la
guitarra de Pablo marcaba la identidad rockera.
Cuando en los 80 se hizo sentir Mezcla en el panorama
sonoro de la Isla, le tomó el pulso a su nombre: su base
conceptual fue un mestizaje genérico y ritmático, que
poco a poco se bifurcó hacia dos centros de gravedad
equidistantes: el funky y el jazz. Pero en el medio,
siempre ha estado el rock. Un disco, particularmente,
debe figurar obligatoriamente en cualquier selección del
rock: Rocason. De Mezcla ha dicho Carlos Santana
que es “lo más transparente y fresco que se pueda
escuchar”. |