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Arturo Montoto: realidades imaginadas
 
El diálogo ausencia-presencia que luego explicitará en su pintura como imaginarios residuales de escenas inconclusas, o cual relatos inacabados, y que trabajará en los contrastes de luminosidad, halla aquí en estas fotografías un antecedente esencial.


Carina Pino-Santos | La Habana


Siglo XXI. Comienzos del tercer milenio. Uno de los signos más distintivos de nuestra época es la abrumadora sensación de vivir en un mundo dominado por la vertiginosidad de imágenes que nos llegan por todos los medios. La fotografía ha devenido, entonces (ya desde los años sesenta), no como medio para expresar la veracidad misma, sino como expresión de nuevas y más significativas realidades, al mismo tiempo también el proceso de recepción se ha invertido, convirtiéndose el espectador en un creativo «lector» de las fotos del artista de la cámara.

Y es precisamente en el Consejo Nacional de las Artes Plásticas que podrá hallarse una notable muestra de fotografía contemporánea. Y, por cierto, las obras que en su pequeña sala se exhiben no son precisamente de un conocido cultivador de la manifestación en Cuba; se trata de uno de los pintores y dibujantes más prestigiosos del arte cubano contemporáneo, Arturo Montoto, quien al abrir su exhibición de obras fotográficas, realizadas a finales de la década del ochenta, nos ha develado una zona de su producción poco divulgada y que podrá ser, a partir de ahora, valorada y tomada en cuenta, no solo desde el punto de vista de su trabajo (que ya llena un considerable espacio de la bibliografía del arte cubano) sino también, al referirnos al examen de la fotografía en la Isla.



Arturo Montoto. Sueño bien temprano, 1985. Impresión digital del original en
plata /gelatina, 58cmx90cm

¿Cómo es que un pintor ya reconocido, que cultiva con depuración la técnica para crear sus obras neohistoricistas, repentinamente inaugura una muestra de fotografía que es celebrada por los artistas del lente de hoy? En realidad, no son muchos los que conocen que la afición de Montoto por la fotografía comenzó justamente hace unos veinte años, a principios de los años ochenta, cuando era un joven estudiante de maestría en arte en la Academia Surikov de Moscú y un cautivado visitante del Ermitage, a la par que un aficionado a realizar fotos con materiales poco costosos y antiguas cámaras, una inclinación que continuaría en la Isla y que luego probará en su provincia natal. Es en Pinar del Río el lugar de su primera exposición de obras fotográficas (la única antes de la de este año) y también donde obtendrá la primera acreditación al ser galardonado con el Segundo Premio en 1985 para, solo un año después, ganar una Mención de Fotografía en el Salón Nacional de Premiados del Museo Nacional de Bellas Artes.

Corrían los años del conceptualismo y de la segunda promoción de la ruptura, de lo que se ha nombrado como «nuevo arte cubano», y he aquí que Montoto trabajaba una fotografía conceptual, y que también, tendía a establecer lazos con la vanguardia artística cubana en cuanto a un sentido crítico y de interacción con el tejido de la vida cotidiana, sin por ello perder una espiritualidad que dialoga, a lo largo de toda su obra, con la presencia del hombre.

Es interesante, para aquellos que hemos venido examinando su obra, observar cómo en la fotografía de Montoto de hace dos décadas se perfilaba ya la búsqueda de una expresión personal, investigación que incluía otras expresiones donde el hombre aparece en una circunstancia íntima, o en el acto diario y a la vez suceso sumamente peculiar (alguien en una bañadera ¿seca? en las afueras de un patio, o el paso de su sombra en medio de una «ciudad de las columnas» (Donde se posa la mirada), instantáneas que no dejan de evocar, constantemente la ambigüedad e interacción entre las manifestaciones, ¿pudiera ser esa escena una pintura?, ¿o quizás si fuese un óleo parecería una fotografía?



Arturo Montoto. Providencia, 1985.Impresión digital del original en
plata/gelatina, 60cmx90cm

Simultáneamente aparece el objeto único, solo en el contexto ajeno (Providencia) y esa preocupación por el contraste entre la luz y la sombra, esa pasión que nos recuerda a aquel Caravaggio denigrado por sus colegas del siglo XVII cuando le llamaban «pintor de sótano», por su empleo entonces novedoso de la luz, sin descuidar por otra parte ese empleo como un elemento esencial en la cuidada composición de la imagen en la obra fotográfica. La mujer que reposa sobre el malecón y la sombra alargada de lo ausente que se proyecta muy cerca del circular charco en el pavimento, contrastando con la infinita y horizontal línea del mar (La línea del equilibrista). Paralelamente los títulos son tan importantes como la obra misma, no es posible apreciar totalmente las fotos sin detenerse en ellos que orientan los posibles significados.

El diálogo ausencia-presencia que luego explicitará en su pintura como imaginarios residuales de escenas inconclusas, o cual relatos inacabados, y que trabajará en los contrastes de luminosidad, halla aquí en estas fotografías un antecedente esencial (véase El elogio de la sombra), la sombra que proyecta alguien sobre el redondel del alcantarillado que viene a semejar la aureola de los ángeles, y he aquí que se anuncia la ironía que luego desatará en su obra posterior.



Arturo Montoto. El elogio de la sombra, 1985. Impresión digital del original en
 plata /gelatina, 120cmx120cm

Cierta vez escribí que su pintura de ideas, pintura queda, de elipsis, era una obra de desencuentros en el espacio y el tiempo, cual agujero negro donde se fugaban significados de la tradición y la contemporaneidad. Para llegar a ella, para alcanzar también su disfrute, habrá que ver estas fotos, las que por estos días se muestran en la Galería Pequeño Espacio, antecedentes de esta su pintura posterior y también obras, por sí misma, independientes que conforman una contribución a la historia de la fotografía cubana.
 

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