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Prontitudes gráficas de Garrincha
En
Garrincha todo ha sido un suceso espontáneo. La acción
consciente no ha mediado para nada en la visualidad de
sus caricaturas, pues para él la idea está por encima
del dibujo. Piensa más en el «qué» y no en el «cómo» voy
a dibujar. Aún así sus obras poseen cierta homogeneidad
formal, tal vez, por la presencia en él de una suerte de
operatividad mecánica que llega a ser la responsable de
sus figuras.
Axel Li
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La Habana
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De nuestro humorismo gráfico tenemos que hablar en
términos de pasado y presente. Algo similar ocurre con
el resto de las variantes artísticas que conforman el
ámbito cultural cubano, con la única diferencia, de que
son contadas las personas que se interesan por
estudiarlo de forma espontánea. La sistematicidad
teórica y el ejercicio del criterio son actividades poco
frecuentes en este arte de la prontitud comunicacional
que por lo general hace uso del binomio imagen-texto.
Los estudios teóricos en materia de humor gráfico cubano
han sido (son) escasos, a pesar de la diversidad de
obras y artistas existentes. Viejas y jóvenes figuras de
nuestra caricatura —en un sentido amplio— esperan el
turno del (re)descubrimiento. Es el caso de Gustavo
Rodríguez Rodríguez (Ciudad de La Habana, 1962), más
conocido por Garrincha, quien en estos momentos está al
frente del equipo del Dedeté.
Independientemente de que su obra ahora es más conocida
porque suele aparecer de forma reiterada en Juventud
Rebelde a manera de ilustración para distintos
artículos, en la página dominical del Dedeté de
la propia publicación y en otros soportes periodísticos
como Trabajadores, Bohemia, Palante, en los
inicios de los años 80 no era así. Dibujaba y dibujaba,
pero aún no publicaba y seguramente ni le preocupaba
firmar aquellos tanteos lineales.
Sus propuestas visuales podemos decir que cuentan con un
público —no le pondré adjetivo—, pero no de un estudio
que haya abordado los temas de trabajo y estilo de este
«periodista gráfico». Nuevamente se produce un
acercamiento por escrito a sus urgencias y poética
gráficas.
Gustavo Rodríguez es de formación autodidacta en esto
del humorismo gráfico como casi todo caricaturista. Todo
lo aprendido por él ha sido el resultado de la detenida
observación y de incontables equivocaciones ya
superadas, por la sencilla razón de su actual y mejor
control de la línea y del diseño compositivo. Y aunque
no entró a la Universidad cuando terminó el
preuniversitario, Garrincha se puso a trabajar en el
Instituto de Meteorología. Allí se le vio por varios
años en el horario laboral y, por las noches en las
aulas universitarias, porque para él era una prioridad
de primer orden ser un graduado universitario. Concluyó
sus estudios nocturnos, y nadie sabe en dónde fue que
guardó su título de licenciado. Garrincha tiempo después
se convirtió en un profesional de su autodidactismo y en
un autodidacta de la profesión estudiada: Geografía.
Desde niño las maravillas del dibujo le
atrajeron y,
lograron que un buen día, comenzara por sí mismo el
desafío que todo creador debe superar frente al papel en
blanco. Se pertrechó de los mismos instrumentos de los
dibujantes con el propósito de cultivar el pensamiento
por imágenes en un plano bidimensional. La habilidad y
expresividad lineal llegarían más tarde con la
experiencia.
En 1982 ó 1983 le propusieron publicar en el Dedeté
un «bando de los dibujos horribles» que hacía por
entonces. Entusiasmado con la idea se comunicó varias
veces con Juventud Rebelde para comprobar si el
sobre con unos papeles con la noticia de la muerte del
futbolista Garrincha y sus dibujos estaban allí, pues
estos no se habían publicado aún. A su última llamada
telefónica una mujer le contestó: «Chico, de Gustavo no
tengo nada aquí, yo lo que tengo son las cosas de un tal
Garrincha».
Esta graciosa confusión propició que Gustavo adoptase
como firma definitiva el nombre del deportista brasileño
que tanto él admiraba.
No fue hasta 1986 que pudo publicar su primera obra, una
historieta en la revista Mujeres, porque
Garrincha llega al humorismo gráfico por la historieta:
«Yo decido tomarme en serio la cuestión de la caricatura
porque a mí me empezó a atraer la historieta. Y en eso
tuvieron que ver dos gentes: Juan Padrón con las cosas
que estaba haciendo de Elpidio Valdés. Todo lo que él
hacía me fascinaba. Y por la parte del dibujo Schulz,
con sus personajes de Charlie Brown y Snoopy».
Garrincha prosiguió, pues, con el ejercicio del dibujo
humorístico y, llegados los años 90 dejó de trabajar en
el Instituto de Meteorología, para hacerlo en la calle
con la realización de postales. La confirmación de la
avalancha de una crisis económica para el país al
perderse las relaciones comerciales con la antigua URSS
hizo que varios cubanos buscasen oficios alternativos
que les proporcionaran mejores ganancias. De todo se
hizo en medio del Período Especial más crítico. Algunos
pusieron su talento en función social para aliviar
cierta necesidad de alguien. A Garrincha le tocó hacerlo
a través de la espiritualidad que sana y tanto inquieta
al cubano. Frasecitas y dibujitos con cierta gracia
criolla creados al instante para el cliente que así se
lo solicitaba a este geógrafo, que definitivamente ya se
encontraba más cerca de su verdadera vocación, le
sirvieron para adquirir la habilidad de sintetizar una
idea en poco tiempo. El Dedeté como tabloide ya
no existía, solo Palante, en donde aparecían
caricaturas en su condición de colaborador. La
experiencia de las postalitas, una variante de regalo
para una ocasión especial, no fue muy prolongada. Pero
sí su presencia en Palante a partir de 1994 como
un caricaturista más del colectivo de esta publicación.
Allí permaneció hasta 1998, año en el que comenzó a
laborar en el Dedeté. Tuvo la posibilidad de
hacer el cambio y así lo hizo quien también ya había
publicado en el Dedeté de los años noventa.
Junto a Tomy, Lauzán y Ares, un nuevo caricaturista
tenía la posibilidad de participar de la dinámica
editorial de un periódico como Juventud Rebelde
desde el humor gráfico.
A pesar de que Gustavo confiesa haber asumido un poco
tarde el asunto del humorismo gráfico de forma seria, en
la actualidad es uno de los creadores imprescindibles de
nuestra caricatura contemporánea.
Su estilo ha propiciado el enriquecimiento visual del
hecho artístico en cuestión de nuestro interés. Estilo
que no solo se circunscribe a las temáticas de por sí
«suyas» —consulta médica, diálogos femeninos, mazmorras,
peloteros, futbolistas, pareja de amantes...— y el modo
de abordarlas, pues está presente de igual manera en su
peculiar interrelación de líneas y áreas, en la
estilización gráfica de sus caricaturas realizadas en
todos los años noventa.
Una aproximación a las caricaturas editoriales de
Garrincha nos permite advertir la asociación
imagen-texto en muchas de ellas, con el fin de lograr un
chiste más o menos risible de un hecho en específico. A
la mayoría las concibe en situaciones disímiles y con
escaso tiempo. Apenas tiene chance para el retoque
esmerado, característico de los caricaturistas
colaboradores.
El dibujo de Garrincha también tiene una forma peculiar
y cierto parecido con el de Quino,
de quien se considera un deudor. La similitud física se
centra principalmente en los rostros de los personajes
de nariz pronunciada y, en la voluntad de ambos de
dibujar lo que sea, de acuerdo con un criterio
individual. Este hecho de ciertas coincidencias formales
sucede de igual modo con otros caricaturistas cubanos,
al asumir (in)conscientemente «giros gráficos» ya
existentes. Es el caso por ejemplo de Manuel y Jerez.
Hay cierto parecido entre las obras de Jerez y el checo
Barták, las de Manuel y el español Chumy Chúmez. Los
préstamos en el orden formal-conceptual forman parte de
la naturaleza misma de toda creación, y el humorismo
gráfico no está exento de estos.
En Garrincha todo ha sido un suceso espontáneo. La
acción consciente no ha mediado para nada en la
visualidad de sus caricaturas, pues para él la idea está
por encima del dibujo. Piensa más en el «qué» y
no en el «cómo» voy a dibujar. Aún así sus obras
poseen cierta homogeneidad formal, tal vez, por la
presencia en él de una suerte de operatividad mecánica
que llega a ser la responsable de esas figuras gordas o
flacas de nariz sobresaliente, con piernas gruesas o
delgadas y de bocas extremadamente expresivas, que en
una u otra caricatura están presentes. Es un modelo con
adecuaciones visuales en dependencia de un contexto.
La proyección psicológica de los «muñecos» de Garrincha
la hemos de encontrar en el juego combinatorio de ojos y
bocas con el auxilio de otras partes de sus cuerpos. El
empleo de la imitación de sonidos (onomatopeyas) en los
textos de caligrafía uniforme, a veces encerrados en un
aireado globo o solamente sugeridos con un pequeño trazo
instintivo, y de objetos y elementos decorativos
cercanos más bien a modelos universales serán algunos de
los elementos que conforman y distinguen el estilo
Garrincha del cubismo bidimensional de Tomy, de las
simulaciones de grabado de Abela, del conceptualismo de
estampa de Lázaro, de los personajes con cabezas
retorcidas de Ares, de los enanos de ojos picarescos de
Martirena, del personaje analista de Jerez que opera
desde el silencio y de aquel de Laz con una frontalidad
de perfil y nariz redondeada.
La estética de Garrincha se enriquece todavía más con la
constancia de tres códigos formales de su espontánea
invención: la levitación de algunas figuras que semejan
estar sentadas, el uso de símbolos gráficos a través de
ficticios monstruos para referirse a personajes
negativos de la realidad y la existencia de una segunda
voz —además del texto principal— corporeizada en un
diminuto y culto pajarito que suele aparecer en los
bordes inferiores de sus obras.
«Hay cambios en mi obra de los cuales no me he
percatado. Es muy difícil que yo pueda ser espectador de
ella», esto fue lo que atinó a decirme en el instante en
el que le hablé de los tres aportes gráficos anteriores,
los cuales han logrado enriquecer nuestra cultura visual
heredada.
La síntesis y sugerencia formales no son propias de sus
obras que apelan por el detalle y el decorado. El único
indicio de este tipo está graficado en las figuras y
objetos que levitan. Un buen día mientras dibujaba, una
silla comenzó a molestarlo, «la silla metía ruido en el
sistema y como a mí no me interesa ser complicado ni
complicar las cosas, opté por descartarla. Lo importante
no era la silla». Fue este el comienzo de una modalidad
que ha embellecido a sus composiciones.
Lo de los monstruos es «un recurso gráfico para
deshumanizar a individuos con acciones negativas». ¿De
qué manera dibujar a un delincuente, a un desconsiderado
o un incumplidor, si pueden estar en cualquier parte y
vestir de forma similar a aquella persona de correctos
principios? ¿Cómo distinguir el «yo» interno de
alguien que obra mal? Fueron dudas que Garrincha logró
despejar con la recontextualización en un medio
editorial de unos extraños bichos que hacía cuando
trabajó en la calle con lo de las postales. En aquel
entonces los empleaba por las posibilidades cromáticas
que ofrecían: «Los bichos nadie sabe el color que tienen
y yo les ponía el que me daba la gana».
La segunda voz de Garrincha aunque es un recurso gráfico
empleado por otros caricaturistas del mundo, para la
caricatura cubana es una novedad. Si Garrincha no es el
primero, al menos es uno de los pocos que lo ha
utilizado en Cuba, a la manera del
australiano-norteamericano Pat Oliphant.
Según Gustavo, el pajarito es lo último que dibuja y su
correspondiente texto —muy breve por cierto— no surge
hasta el momento final. No está muy seguro, pero cree
que el antecedente de este animalito esté en el ave que
acompañaba al personaje de un niño que aparecía con
cierta frecuencia en Palante. Garrincha en
ocasiones siente que en sus obras debe aparecer una
segunda voz, no importa la forma que adopte —ave,
piedra, gusano, ratón, especie de dinosaurio—, solo debe
existir. La mayoría de las veces esta suele
corresponderle al casi lacónico pajarito negro. O mejor
debiéramos emplear la forma verbal en pasado, porque nos
ha demostrado la presencia de otras variantes formales
y, el empleo de estas, se corresponde con un período
temporal determinado. Desde el 2002 hasta la fecha
actual, por ejemplo, otras representaciones gráficas ha
tenido esta segunda voz, que matiza, destruye o
engrandece el chiste principal. Es cuestión de gusto la
toma de partido por una de estas líneas.
Al preguntarle por el valor que le concede a su firma,
piensa que para él posiblemente sea un elemento gráfico
más: «El acto de firmar mis obras yo lo asumo como una
acción mecánica. Hay veces que se me ha olvidado
firmarlas y la gente es quien me lo recuerda. Antes yo
me preocupaba porque se leyera Garrincha, ahora
solo escribo Garrinch, y lo de atrás casi ni lo
hago».
El plasmar la rúbrica en las obras además de constituir
un sello de individualidad puede ser un indicador de
tiempo. La imagen de la firma y del dibujo fluctúan en
un mismo autor en la medida que busca un estilo
personal. De ahí que por la firma podamos precisar de
forma aproximada la fecha de realización de una
determinada caricatura, independientemente de que las
publicaciones en donde aparezcan, posean este dato.
Puede darse el caso que la obra sea publicada una
segunda vez y es entonces que la firma sirve de código
epocal. Con Garrincha en especial, estamos percibiendo
el tránsito de lo legible a lo ilegible con el trazo de
su firma progresiva.
Todas las caricaturas editoriales de Garrincha tienen
una reducida gama cromática (negro-blanco) y, en
ocasiones, algunos matices logrados en una computadora.
Este avance tecnológico en las manos de Gustavo es un
instrumento de trabajo alternativo y diferente, con el
cual le ha incorporado color a numerosas de sus
creaciones realizadas para Internet, otro tipo de
soporte con exigencias de recepción de la imagen
artística muy particulares. Cuando Internet era todavía
un sueño tecnológico para el país, y solo se le
identificaba con los países desarrollados y con las
ventajas de información que proporcionaba, la caricatura
cubana estaba íntegra de matices cromáticos y de la
concepción con tinta (china) por parte de sus autores.
Su pureza física era verificable aún en estos medios tan
habituales desde hace mucho tiempo en la vida de los
caricaturistas. La paulatina introducción de Internet y
de las versiones digitales de nuestros periódicos
implicó algunos cambios para el humorismo gráfico
cubano. Algunos de estos espacios periodísticos
priorizaron una sección para la caricatura, pues se
sabía que era posible hacerla para Internet. Y, de paso,
todo cuanto no era posible publicar en un papel sí podía
hacerse en el soporte virtual. Sin embargo, hacer
caricaturas para este medio motivaba una inmensidad de
interrogantes: ¿qué caricaturistas estaban interesados
en hacerlo? ¿Quiénes estaban a favor de esta posibilidad
creativa para su obra? ¿Quiénes dominaban a la
perfección el trabajo con una computadora? ¿Cuántos
aceptarían los riesgos venideros para precisar cuál era
la caricatura original: aquella dibujada sobre un papel
y que luego era acabada en el Photoshop de una pantalla
o cualquiera de las dos?
Estas y otras inquietudes no han sido esclarecidas del
todo, por lo cual, aún siguen siendo eso. No obstante,
Garrincha fue uno de los primeros caricaturistas cubanos
en experimentar qué resultados eran posibles obtener
para Internet con el humor gráfico. No solo porque así
lo quiso, sino también porque tenía a su alcance una
computadora. En el 2001 surgió La Jiribilla, una
de las pocas revistas culturales digitalizadas de Cuba y
que ha valorizado desde su existencia a la caricatura.
Garrincha y René de la Nuez (Nuez) son los
caricaturistas de esta publicación y, solo las obras del
primero, tienen del método tradicional (tinta, pluma,
papel) y del informático (a modo de retoque final).
Mientras Garrincha al final de cada semana se deleita
con un colorido digital para la caricatura encargada
desde La Jiribilla, los dibujos de Nuez «tienen
la cuestionable virtud de ser el resultado de un ataque
de tinta, tal y como quedan antes de ser escaneados y
violados en Photoshop, sin regodeos digitales ni
maquillajes de rescate».
El caso de Nuez se justifica por la dualidad obvia en
quien siente un placer infinito al masticar «el cabo del
pincel para lograr efectos sorpresivos en la línea», al
dibujar «con plumas de madera y punto, con plumillas de
bambú» y al darle, incluso, un sentido compositivo a una
mancha accidental; pero que desea saber, el efecto que
«saldrá de masticar un disco duro».
Aunque el humor no deja de estar presente en semejante
acción, Nuez nos refleja el temor ante lo nuevo. En este
caso, el desempeño futuro de la caricatura (cubana) con
el auxilio de las herramientas informáticas. Y si los
mismos creadores tienen sus dudas, ¿qué quedará para el
público (des)conocedor?
La cada vez mayor informatización del país permitirá un
mayor acceso a estos medios contemporáneos por una gran
mayoría y para entonces, tal vez, el humorismo gráfico
cubano tenga una mayor importancia y calidad en el
ciberespacio. De aquí a unos diez años otras
perspectivas podrán propiciarse desde el binomio
creador-receptor. La presencia de la caricatura cubana
en Internet ahora mismo es incuestionable,
pero ¿esta posee toda la calidad y presencia técnicas
requeridas? Lamentablemente, la respuesta no es muy
afirmativa. Vivimos dependientes aún de la «lectura»
del papel, hábito que deberemos extender a la
pantalla de un monitor. Cuando nuestra caricatura
conquiste plenamente el ciberespacio tendremos un
soporte más para su registro y difusión. Los primeros
pasos ya lo han dado varios caricaturistas, entre los
que se encuentra Garrincha, quien además domina las
ventajas y desventajas de Internet para la caricatura.
Si no hay claridad todo puede resultar una odisea. En su
caso no es así:
«Internet» rima con «computadora», y muchos artistas
gráficos no han tenido, o lo que es peor, no tendrán
acceso a una computadora en varias reencarnaciones (...)
¿Se paga más? Me temo que aquí tenemos exactamente las
mismas relaciones comerciales con los editores que en
cualquier parte del mundo. (...)
Muchos editores [cubanos] en Internet son periodistas
que pasaron un rápido y necesario curso sobre el medio,
teniéndose que poner al día en detalles técnicos a veces
complejos para ellos (...) Internet no ha venido a
salvar la profesión, pero algo resuelve. Si la
caricatura sigue perdiendo espacio en la prensa plana,
Internet abre una pequeña ventana. No una puerta, que no
hay que hacerse ilusiones.
El humorismo gráfico cubano es innegable que tiene una
ampliación de su horizonte visual con este medio. Los
resultados óptimos todavía no han sido logrados, y
mientras tanto, continuaremos siendo compradores de
diarios. Es un hábito que se nos indujo.
Los que esperamos por la prensa escrita del siguiente
día para leer la actualidad noticiosa, también lo
hacemos con el propósito de «leer» de nuestro(s) «periodista(s)»
«gráfico(s)» las imágenes por venir. No tendrán mucho
colorido, pero lo(s) distinguen igual.
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