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POLITO IBÁÑEZ
LO ÚNICO ETERNO ES EL CAMBIO
 
La más reciente presentación de Polito Ibáñez volvió a corroborar que en la Canción Cubana Contemporánea, en la actualidad, lo reflexivo pasa por lo lúdico, y que esta es una de las más perfectas muestras de la obra llevada a cabo día a día por quienes componen la banda sonora de la esperanza cubana, una esperanza comprometida con lo realmente trascendente.


Joaquín Borges-Triana| La Habana
 

Haber sido testigo del nacimiento de un artista, y verlo madurar hasta convertirse en un creador dueño de una obra sólida y de obligatoria mención al formular un recuento local de la esfera en que este se desenvuelve, resulta un privilegio al que no siempre uno puede aspirar. Por fortuna, tal es mi caso en relación con la carrera musical de Polito Ibáñez, a quien conocí en la segunda mitad de los ochenta cuando todavía no había impuesto su sobrenombre; al presentarse por primera vez en espacios como la peña de El Caimán Barbudo, llevada a cabo por entonces en la antigua sede de la publicación en la calle Paseo del Vedado, lo hacía bajo el apelativo de Carlos, nombre del cual supongo ahora casi ni se ha de acordar. Por aquellos lejanos tiempos él estudiaba actuación en el Instituto Superior de Arte y participaba a plenitud del singular ambiente ideoestético que por esas fechas vivió La Habana. 

Nunca olvidaré el primer gran concierto que Polo ofreciese en el verano de 1991 en el Teatro Mella como culminación de una campaña promocional ideada sabiamente por Omar Mederos, una persona a la que la generación de músicos de los ochenta le debe muchísimo en su lanzamiento inicial,  y que llevó al cantautor de ser un desconocido a que en menos de un año de presentaciones en universidades, e incluso el polo científico de la capital, con su debut en un recital acompañado por una banda como la que por la fecha poseía Pucho López, repletase el recinto de Línea entre A y B. Siempre he pensado que dicha presentación tuvo una magia especial. Después las cosas no salieron como era de esperar, y el concierto que el cantautor efectuó en 1992 en el Acapulco nos dejó un cierto sabor amargo entre los labios a los asistentes. 

Vendría luego la invitación de Pablo Milanés a grabar un disco para su sello PM Records y la celebración, a propósito de ese objetivo, de una presentación en la Sala Avellaneda para registrar un fonograma en vivo con el respaldo del grupo de Pablo y arreglos de Miguelito Núñez. Si bien Recuento fue la añorada posibilidad para grabar un puñado de excelentes composiciones en un CD, creo que de algún modo las orquestaciones empleadas cambiaron el concepto de lo que hasta el momento Polito había estado haciendo con la banda de Pucho López, un trabajo en que el lenguaje del pop y del rock estuvo presente desde los comienzos. 

A continuación seguiría un período de estancia en el extranjero, sobre todo en Venezuela, que le sirvió para reorientar su labor artística. A partir del contacto con otras realidades y públicos diferentes al del contexto cubano, se produce una mutación en las características del discurso del cantautor. Ello se corresponde con un fenómeno que se da en la Isla con muchos de sus compañeros de generación. Hay que apuntar que en el cambio producido, a partir de los noventa, en el discurso de creadores procedentes de la década anterior, incide con gran fuerza la introducción entre nosotros de algunas leyes del mercado. Así, empieza a darse la tendencia a ir buscando un elemento de mayor universalidad en los textos y en las ideas que se quieren decir; porque justamente están abriéndose ya al mercado internacional. Por ello se van a temas mucho más entendibles para personas que viven en circunstancias distintas a las nuestras. 

Esa transformación en el modo de hacer de Polito se puso de manifiesto por primera vez en el concierto que ofreciera con el dúo Perfume de Mujer, celebrado en el Teatro Nacional, donde en el plano musical retoma la utilización de arreglos que traen a sus canciones un aliento o perfil cercano a los terrenos del pop y del rock. Así, cuando en el año 2000 aparece bajo el sello Unicornio su segundo álbum, titulado Para no pensar, quien hubiese estado al tanto de su evolución en los pasados años no tenía que sorprenderse por los rasgos que tipificaron el material. El CD nos ponía en contacto con la obra de alguien que evidenciaba haber madurado en correspondencia con sus nuevas realidades, y que para iniciar el siglo XXI, a sus antiguas preocupaciones socioculturales de carácter local añadía otras en las que el énfasis recae en lo universal.  

Ahora, el pasado sábado 18 de octubre, Polito presentó el que constituye su tercer esfuerzo discográfico, denominado Axilas y que igual que el anterior ve la luz a través de Unicornio. Todas las mutaciones que se han dado en su obra y a las cuales he hecho referencia en las líneas anteriores, se pusieron de conjunto a la luz pública ante los alrededor de cinco mil espectadores concentrados en el teatro Karl Marx para el lanzamiento del fonograma, pues junto a varios de los cortes del nuevo CD interpretó composiciones de los ochenta y noventa que ya son clásicos de su repertorio. Creo que es oportuno detenerse por un instante a reflexionar en el hecho de que ante la convocatoria a un recital como el de Ibáñez, en un abrir y cerrar de ojos se vendan todas las localidades del espacio teatral más grande de nuestro país y que, incluso, queden cientos de personas con la intención de haber adquirido un boleto para la función. Ya no es sólo Carlos Varela el que logra atraer semejante multitud, y ello resulta un indicativo de que expresiones sonoras como la Canción Cubana Contemporánea y la Música Cubana Alternativa poco a poco se van imponiendo, aunque todavía haya muchos que no comprendan la esencia de la propuesta, dada a partir del carácter transnacional que ha ido asumiendo la música de nuestro país como parte de la cultura nacional. 

Sé que antiguos seguidores de Ibáñez no se identifican con su actual sonido «popero» y prefieren aquella primera etapa en la que las intenciones sociológicas de las canciones eran más manifiestas. Empero, vuelve a corroborarse que lo único eterno es el cambio y en la actualidad estamos ante un músico que de una forma inteligente ha readecuado su propuesta artística según el contexto general. A fin de cuentas, en nuestra historia musical ha persistido la tradición de que los artistas sean multifuncionales e intercambiantes en su expresión, en correspondencia con los contextos y circunstancias que les rodean.  

De tal suerte, como continuación de lo emprendido en temas como «Para no pensar», «Agujeros», «Odettemanía», «Somos números» o «Aroma de jazmín», pertenecientes al anterior álbum, en este momento Polo nos propone en su actual disco piezas al estilo de «Como a mujeres» (sin duda alguna, llamada a gozar de suma popularidad), «Doble Juego» (que por haber sido tema de una telenovela y dadas las características de su línea melódica y el tratamiento musical otorgado a partir del manejo de los códigos del pop rock, se convirtió en el rotundo éxito del cantautor durante el 2002, superando incluso la popularidad que tuviese con una composición como «Recuento») o «Kcho», dedicada al pintor conocido por ese apelativo y que, dicho sea de paso, fue el encargado de idear la escenografía para el concierto del Karl Marx. Según mi gusto personal, este es el tema que más me satisface del CD, con una orquestación en la que se mezclan sin el menor prejuicio elementos típicos del género canción junto con otros provenientes de la música lírica y del canto gótico del thrash metal, lo cual da como producto final una apuesta por la hibridación que se me antoja como algo bien llamativo en la grabación. 

Otro acierto del concierto fue el diseño dramatúrgico del espectáculo, con momentos de alta emotividad como el de la participación como invitado especial de Chichi Ibáñez, padre del protagonista de la función y que fuese quien lo introdujese en los senderos de la música. De igual modo, en este propio sentido fue en extremo eficaz el ordenamiento otorgado a los distintos temas interpretados durante la función, e incluso hasta en la selección de los escogidos a manera de bis, con un impactante remate a capella para poner punto final a la noche. En todo ello resultó fundamental la dirección artística a cargo de Luis Monzón, alguien que se ha convertido con el tiempo y su buen hacer en un colaborador imprescindible para el trabajo del cantautor. 

En fin, es cierto que la propuesta de este creador ha renunciado un tanto a su idea primigenia de actuar como un factor dialógico que propiciase, de una u otra manera, lo que cabría catalogarse como una suerte de autorreflexión, de mirarnos por dentro y de ir apuntando hacia los distintos aconteceres de la vida cotidiana de nuestra historia reciente. Hoy, tal intención indagatoria se centra menos en lo social para enfatizar en los problemas íntimos del individuo y en la vida diaria de cualquier ciudadano de a pie, no sólo en Cuba, sino en cualquier otro punto del planeta que habitamos. Empero, en su conjunto, la más reciente presentación de Polito Ibáñez volvió a corroborar que en la Canción Cubana Contemporánea, en la actualidad, lo reflexivo pasa por lo lúdico, y que esta es una de las más perfectas muestras de la obra llevada a cabo día a día por quienes componen la banda sonora de la esperanza cubana, una esperanza comprometida con lo realmente trascendente.

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