|
QuÉ paso más chévere
A
diferencia de otros años, cuando el carnaval solía
celebrarse en verano, en esta ocasión sus organizadores
han querido hacer coincidir el más popular de nuestros
festejos con los días en que se celebra el aniversario
484 de la fundación de la villa de San Cristóbal de La
Habana y la celebración de eventos como el XI Encuentro
de Alcaldes y el Festival de Habaneras.
Tomás
Santiesteban |
La Habana
A los festejos de la
Octava Bienal de Artes Plásticas que ha convertido a La
Habana en una enorme galería de arte en la que no ha
faltado, en performances o acciones plásticas, la
presencia de nuestra contagiosa música, se suma ahora la
efusividad que emana de la que es, sin duda, la más
grande de nuestras fiestas: los carnavales.
|
 |
A diferencia de otros
años, cuando el carnaval solía celebrarse en verano, en
esta ocasión sus organizadores han querido hacer
coincidir el más popular de nuestros festejos con los
días en que se celebra el aniversario 484 de la
fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana, el XI Encuentro de Alcaldes y el Festival de Habaneras.
Con sus raíces afincadas en tiempos de la colonia, el
Carnaval cubano nació de las celebraciones del día del
Corpus Christi, la Epifanía o el Día de Reyes, cuando
los negros esclavos, autorizados por sus amos españoles,
organizaban danzas y marchas colectivas donde repetían
los cantos y danzas de sus tierras nativas.
Pero aunque a través de los siglos han variado las
costumbres, los escenarios o las fechas, el carnaval
—que hoy se celebra en los cuatro kilómetros de Malecón
habanero que van desde la calle 23 hasta la Punta— a la
par de ser un buen pretexto para la reunión y el
esparcimiento popular, denota muchas de las
características del pueblo que lo protagoniza y
disfruta.
Ya decía el sabio
cubano Don Fernando Ortiz: «las fiestas de los pueblos
son algo así como los juegos de los niños, torrentes por
donde se desbordan sus fuerzas síquicas más potentes,
espejos donde se refleja toda su constitución en la
simple sencillez de su primitividad».
Y si los
juegos del estadio griego, como asegura el sabio cubano,
proyectaban la silueta del alma helénica, y el circo y
las fiestas sagradas, saturnales nos retrataban las
características psicológicas de los romanos, y las
justas, los torneos y las cortes de amor, los destellos
vivos de la vida medieval; el carnaval cubano refleja
alguna de las principales características de nuestra
identidad.
Basta, en estos días,
darse un paseo por el malecón o por algunos de los
quince de los municipios habaneros donde se presentarán
las más conocidas orquestas cubanas, para conocer Cuba.
El carnaval es mucho más que carrozas, muñecones o la
arrolladora danza de comparsas como Las Bolleras, Los
Componedores de Batea, La Jardinera, El Alacrán, La
Sultana, la de la FEU, Los Guaracheros de Regla, La
Giraldilla y Los Jóvenes del Este. Es sobre todo una
marea de pueblo.
Un pueblo alegre,
bailador y gozador que sabe, como dijo alguna vez Don
Fernando Ortiz, que «Los pueblos que no se unen nunca
para las fiestas no saben reunirse tampoco para fines
más elevados y de más difícil comprensión».
|