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Marcelo Pogolotti:
una breve aproximación a su obra pictórica (1925 – 1938)
En
el mes de julio del año pasado, fueron conmemoradas dos
fechas que involucraban a dos de los pintores más
importantes de la vigésima centuria: Wifredo Lam y
Marcelo Pogolotti George. Acerca del segundo versa este
artículo.
M.Sc.
Pedro Alexander Cubas Hernández|
La Habana
Los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI han
sido pródigos en la celebración del centenario del
natalicio de grandes personalidades de la cultura
cubana. Precisamente en el mes de julio del año pasado,
fueron conmemoradas dos fechas que involucraban a dos de
los pintores más importantes de la vigésima centuria:
Wifredo Lam y Marcelo Pogolotti George. Acerca del
segundo versa este artículo.
Nació en La Habana el 12 de julio de 1902. Hijo del
italiano Dino F. Pogolotti (que se había trasladado a
Estados Unidos para hacer fortuna) y de la inglesa Grace
George (cuyo padre era fabricante de sombreros)
(1). Su familia tenía una buena
posición económica y eso permitió que recibiera una
educación acorde con su extracción socioclasista. La
instrucción primaria la cursó en su ciudad natal y en
Italia donde viajó con su madre, que había adoptado como
nombre: Graziella. Durante la I Guerra Mundial (1914 –
1918) su familia residía en Estados Unidos. Allí el
adolescente Marcelo recibió la segunda enseñanza.
Seguidamente matriculó la carrera de ingeniería mecánica
en el Reansealer Polytechnic Institute, de Troy, sito en
New York. Allí permaneció entre 1919 y 1923; pero no se
graduó de ingeniero porque su pasión era el arte
pictórico. Esto lo indujo a ingresar en Art Students'
League (Liga de Estudiantes de Arte) donde estudió
pintura y dibujo. Aproximadamente dos años (1923 y 1924)
estuvo en esta organización neoyorkina. Después viajó a
Europa (1924) y pasó por tres ciudades que atesoran una
gran riqueza cultural (fundamentalmente en el campo de
las artes plásticas): Rotterdam; París y Madrid
(2). Era la primera vez que iba
por su propia voluntad al Viejo Continente, pues en su
niñez su madre lo había llevado a museos de renombre
internacional. Ella gustaba de la pintura; pero siempre
se opuso a que su único hijo la tomase como profesión,
pues el arte no daba mucho dinero. El joven Marcelo no
quiso contrariar a su madre y solo se dedicó por entero
a la plástica después que ella falleció en 1923
(3).
Justamente en aquel periplo europeo Pogolotti tuvo su
primer contacto directo con las obras que producían los
exegetas del vanguardismo. El movimiento vanguardista
—que se dio en ramas de las denominadas Bellas Artes
como arquitectura, escultura, literatura y pintura—
emergió en Europa durante las dos primeras décadas del
siglo XX. En este caso me circunscribiré solo a su
impacto en los artistas de la plástica cubanos de
los años veinte y treinta (y particularmente en
Pogolotti). A fines de 1924 Pogolotti estaba de regreso
en Cuba tras muchos años de ausencia. Durante su
estancia en La Habana llevó a la par su trabajo como
artista con otras actividades que debía hacer para
subsistir. Expuso en el Salón Anual de Bellas Artes de
la Asociación de Pintores y Escultores de Cuba (1925)
(4); y así comenzó a vincularse
con un grupo de jóvenes cubanos, artistas de la plástica
que estaban introduciendo la pintura moderna en el
contexto cultural del país. Todos estaban de acuerdo en
la necesidad de «redescubrir Cuba» porque para
esa generación «saber ver a Cuba» a través
de un prisma artístico constituyó un gran reto.
Parafraseando a Juan Marinello se puede afirmar que
Pogolotti intentó «ir a lo vernáculo con ojos
extranjeros y a lo extraño con ojos cubanos»
(5). En esto le sirvió lo
aprendido en Europa Occidental y Estados Unidos. Por
aquellos momentos su pintura tenía puntos de contacto
con el denominado postimpresionismo y el fauvismo, uno
de los estilos vanguardistas donde destacaba el carácter
autónomo del color, pues era utilizado como expresión de
la emoción. Es decir, su estilo oscilaba entre ambos
(6). Además, dibujó a plumilla,
con gran destaque de la línea, del sombreado y de la
arquitectura, varios lugares de La Habana
(7) (y sus moradores) como una
urbe que se afanaba por redescubrir de modo creador. De
la afirmación anterior constituyen un ejemplo sus obras:
El sereno de la calle los oficios; Claustro
(ambas de 1926); Dibujo [del puerto]; Bahía
y El Palacio Pedroso (estos tres últimos trabajos
corresponden a 1927 y fueron presentados ese mismo año
en la Exposición de Arte Nuevo a la cual me refiero más
adelante).
Lo
más importante de aquel momento fue el empeño de los
jóvenes pintores cubanos por realizar una pintura nueva
y/o diferente (léase verdaderamente nacional) que
rompiese con los cánones academicistas que desde el
siglo XIX predominaban en los lienzos hechos en Cuba
(8). No obstante, la renovación
en la plástica no se remitió solamente a los estilos
pictóricos, sino también fue llevada a efecto desde el
punto de vista temático. Esto explica por qué Víctor
Manuel —admirador del español Pablo Picasso, del
francés Claude Monet, entre otros plásticos clásicos y
modernos— reflejó a la mujer cubana «común y corriente»
en su obra: Gitana tropical (París, 1929). Ella
es una mulata que proviene del pueblo; o sea, no es una
dama de abolengo que posee el dinero para pagarse un
retrato. Antonio Gattorno captó en sus lienzos a los
moradores de la campiña en su cuadro: Los novios
(9)
que constituye un ejemplo de su vasta ejecutoria; y
Carlos Enríquez (amigo de la infancia de Pogolotti)
reveló la vitalidad del paisaje nacional en su:
Paisaje [Campestre]. Otros casos interesantes para
citar son: Arístides Fernández —cuya obra (en la cual
se destaca: Lavanderas) fue dada a conocer tras
su deceso en 1934— y Amelia Peláez que hizo su primera
exposición personal en la Asociación de Pintores y
Escultores en 1924 (10).
Se
ha afirmado que 1927 fue el año de la irrupción de la
vanguardia artística cubana. Los sucesos que demuestran
la aseveración anterior son: las exposiciones personales
de Juan José Sicre (escultor), Víctor Manuel y Gattorno;
y la Exposición de Arte Nuevo en la Asociación de
Pintores y Escultores, en la cual participaron (además
de los tres artistas plásticos citados): Ramón Loy,
Alice Neel, Domingo Ravenet, Lorenzo Romero Arciaga,
José Segura, Luis López Méndez (venezolano), Eduardo
Abela, Jaime Valls (11),
Enríquez y Pogolotti. Por otra parte, nuestros creadores
no solo dieron cabida en esta actividad a los óleos de
representantes de Europa Occidental (como el francés
Pierre Flouguet por citar un ejemplo) sino también a los
muralistas mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco,
Fernando Leal y Gabriel Fernández Ledesma. Algunas obras
de tales pintores también fueron mostradas en dicho
evento patrocinado por los editores de la Revista de
Avance (Félix Lizaso, Francisco Ichaso, Jorge Mañach
y Marinello). Ciertamente en 1927 este movimiento salió
a la palestra pública; y —en mi opinión— ese evento fue
el resultado de un intento de mostrar, a quienes
asistieron como espectadores, la aprehensión de lo nuevo
y lo nacional (o lo propio) por nuestros jóvenes
creadores.
La
situación social de Cuba se tornaba cada día más tensa
como consecuencia del clima represivo adoptado por la
dictadura machadista contra sus opositores. Fue entonces
cuando Pogolotti, luego de vivir una rica experiencia
artística en su patria, se marchó a Estados Unidos.
Estando allí trabajó como mecanógrafo y como vendedor y
secretario de una compañía de seguros. En 1928 decidió
irse a París para buscar nuevos horizontes y encaminar
su arte por otros derroteros que le resultasen más
interesantes. Por esa fecha comenzó a gustarle la
propuesta del surrealismo; pero también aplicó el
cubismo de forma creadora en óleos como: Fábrica
(París, 1929), en el cual resalta la influencia del
pintor francés Fernand Leger. Sin embargo, a fines de
ese año viajó a Italia donde conoció al pintor Fillia, y
posteriormente al intelectual Fillippo Tommaso Marinetti,
líder del movimiento futurista, quien lo incluyó en uno
de sus manifiestos en 1930 (12).
Según Israel Castellanos, «sus collages con metales, de
reminiscencias puristas por el acento en las cualidades
táctiles, sensoriales, de la materia, atrajeron la
atención de los futuristas italianos...»
(13) Esta es la etapa de la
obra pictórica de Pogolotti conocida como «maquinismo»
cuya proyección artística estaba más cercana al ritmo
futurista que al cubista como afirmó Ángel Augier
(14). Pogolotti se sentía
atraído por las posibilidades plásticas de la máquina no
solo porque era uno de los símbolos del progreso
industrial y de los tiempos modernos (como se muestra
nítidamente en la película homónima de Charles Chaplin),
sino también por el dinamismo que ella generaba en sí
misma. Los futuristas rendían culto a la velocidad y a
la máquina porque querían plasmar esa interrelación de
imágenes como una nueva forma de contemplar el mundo e
intentaron reconstruir una visión en la que los objetos
se funden con su entorno y se convierten en huellas
fragmentarias, en formas deshechas en la continuidad de
un espacio sin profundidad (15).
Con los futuristas, Pogolotti participó en exposiciones
colectivas de Pintura efectuadas en varias ciudades del
Centro y Norte de Italia como: Turín, Milán, Savona,
Cuneo Florencia y otras. En esta época realizó la serie
de dibujos Nuestro Tiempo (1930 – 1931), que
inició su nueva orientación pictórica. De esta obra
pueden destacarse dos gouaches: Los campos magnéticos
y El hombre de hierro. El escritor cubano Alejo
Carpentier escribió una crónica para la revista
Social, en noviembre de 1931, en la cual elogió el
trabajo de Pogolotti en Italia y lo calificó como: «el
pintor de técnica e ideas más avanzadas que haya
producido nuestro país hasta ahora» (16).
En
1931 Pogolotti pintó los cuadros Antaño y hogaño
y El navegante en los cuales expresa su modo de
concebir el «maquinismo». El primero es una síntesis
histórica que representa, por un lado, el colonialismo
que sometió y esclavizó a los hombres por la fuerza
militar y la coacción extra económica (en su versión
ideológica). Eso para él constituye lo antaño. Y, por
otro, refleja lo hogaño mediante la era capitalista en
la cual los obreros trabajan en la producción industrial
en serie y son igualmente explotados. Respecto al
segundo óleo resulta muy interesante la forma en que él
presenta la fusión del hombre con una rueda lo cual
responde a una interrelación entre la vida humana y la
mecánica industrial. En este último trabajo aparece un
hombre sin rostro y aquí existe —a mi modo de ver— una
ligera influencia de la pintura metafísica que en
aquellos momentos hacía el italiano Giorgio de Chirico y
otros pintores surrealistas. Ese detalle de pintar gente
sin rostro definido quedó plasmado en obras posteriores;
pero en un sentido diferente. En este mismo año expuso
en la Galería Royale, en París (17).
Es
conocido que los futuristas italianos se alinearon con
el fascismo. Y Pogolotti que no comulgaba con esa
ideología decidió regresar a París. Una vez allí se
afilió a la Asociación de Escritores y Artistas
Revolucionarios (AEAR) de Francia, que dirigió el
escritor comunista Louis Aragon. En esta organización
atendió la sección de Artes Plásticas de la revista
Commune. Al unísono estudió filosofía, arqueología,
literatura e historia en la Universidad La Sorbonne
(18). En mayo de 1932 tomó
parte en la exposición colectiva de un grupo de pintores
futuristas en la Galería Laxer – Normand de París que
fue promocionada con el título: Once modernos
pintores italianos. En ese momento se aprecia el
comienzo de su alejamiento del «maquinismo» y la
motivación de dar sus primeros pasos en la
experimentación con formas abstractas (19).
Existe una serie de obras producidas por Pogolotti en
1931 que son muy significativas de este momento. Los
óleos Cosmogonía, Naturaleza muerta y
Violín en su caja manifiestan claramente su
orientación abstraccionista (20).
En el primero aparece una rueda entre los motivos
expuestos en el cuadro; en el segundo, los protagonistas
son: un martillo, una pinza y un tubo; y en el tercero,
resaltan los círculos concéntricos multicolores al
estilo de Leger y los motivos metálicos. Otras pinturas
interesantes de ese año son: La bolsa en el cual
recrea el movimiento vertiginoso en el mercado
especulativo donde siempre reina una atmósfera de
dinamismo por parte de corredores y accionistas porque
ganar mucho dinero es lo más importante para ellos. En
este lapso el mundo estaba sumido en la gran crisis
económica que estalló en 1929 tras el colapso bursátil
en Wall Street, New York. Aquí se percibe una crítica
sutil a un mecanismo de confianza del sistema
capitalista que llevó al caos a la civilización mundial.
En
Sonia (gouache, 1931) también se visualiza la
riqueza expresiva de Pogolotti basada en su interés por
la renovación en la plástica (apoyándose en el
surrealismo). La propuesta de este trabajo presenta una
escultura dentro de la pintura. El centro de atención es
un busto con el rostro de una mujer que está enclavado
en medio de un camino rodeado por árboles. Evidentemente
estaba dedicado a Sonia, natural de Rusia, que fue su
esposa. Con ella tuvo una hija en 1932 a quien pusieron
por nombre Graziella. El significado de esta obra puede
ser extensivo también a las mujeres que expresan su
derecho a ser libres y respetadas. Lo escultórico en la
figura femenina es el símbolo de la belleza y fuerza del
ideal feminista de la época.
Pogolotti expuso dos veces en la Asociación de
Escritores y Artistas Revolucionarios (AEAR) y coincidió
con los pintores franceses Fernand Léger, Edouard Pignon,
Robert Delaunay, el escultor polaco nacionalizado
francés Jacques Lipchitz, y otros (Exposiciones de
Pintura Social en 1933 o 1934 y 1935). Estuvieron entre
sus obras presentadas:
1.
Obreros y Campesinos.
En este trabajo Pogolotti esbozó una fusión que
sintetiza el escenario económico actual en el cual están
presentes: los hombres haciendo sus labores agrícolas
con aperos de labranza, y las actividades de tipo
pecuario atendiendo el ganado vacuno; además, se incluye
el tractor como ejemplo elocuente de la mecanización en
el campo; y los obreros que concurren a la fábrica cuya
infraestructura se muestra también.
2.
Siglo XX o El regalo de la querida
donde muestra a través de una secuencia de carácter
cinematográfico las diferentes facetas de la convulsa
sociedad de la pasada centuria (la lucha armada, la
acción de los cuerpos represivos del gobierno contra
quienes se le oponían; el trabajo en la fábrica y en el
campo) y su relación contrastante con la vida placentera
y banal de la oligarquía a quien poco le importaba lo
que sucedía fuera de sus lujosas mansiones.
3.
Marcha ascendente
en la cual plasmó cómo los obreros y los campesinos se
encaminaban (o elevaban) hacia un futuro mejor, es
decir, a la sociedad socialista. En este lienzo hay
símbolos como la estrella roja que está en lo más alto
del cuadro; la hoz que porta un campesino y el martillo
empuñado por un obrero. En este óleo Pogolotti aludió a
la Unión Soviética como paradigma de una sociedad justa
y equitativa. En dicho trabajo se aprecia con mayor
nitidez la aplicación en el arte de sus conocimientos
sobre la filosofía marxista, y también su identificación
con la denominada «estética de Frente Popular»
(21) en tiempos en que la
amenaza fascista asolaba al mundo.
El
tema obrero presenta una mayor elaboración en la obra de
Pogolotti a lo largo de los años 30 y por esta razón
merece una atención más profunda. Su experiencia en La
Habana de la segunda mitad de los años 20 constituye un
elemento relevante porque vivió desde cerca las
precarias condiciones de vida de muchos trabajadores
(22). En dicha temática están
latentes aspectos medulares como la crítica social, la
lucha de clases y el auge del movimiento obrero. Además,
introdujo un tópico no tratado de forma sistemática en
la pintura cubana de las tres primeras décadas del siglo
XX. Por consiguiente, no fue casual que en esta época él
fuese considerado como uno de los fundadores del primer
grupo de pintores sociales de Europa (23).
En
1931 Pogolotti había pintado dos cuadros de temática
social: La Colonia donde hizo referencia al corte
de caña a golpe de machete que hacían los obreros
agrícolas en Cuba; y La Cola que recrea una
práctica social cotidiana en cualquier país (en este
caso pienso que está relacionada con los desempleados
porque esa cola la integran muchos obreros). Pero fue en
1933 cuando pintó su cuadro clásico Paisaje cubano
y en el cual aprehendió la cruda realidad en que vivía
la sociedad cubana de aquellos tiempos. Cada detalle
existente en el óleo representa un problema álgido de
Cuba: 1) los hombres y mujeres que están fuera del
circuito trazado por el pintor (es decir, a ambos
extremos de la obra) forman parte del ejército de
desempleados de la clase obrera y de sectores humildes
que miran desde su posición el panorama en que viven; 2)
los obreros agrícolas que están en el corte manual de
caña trabajan sin cesar para cuidar su puesto de
trabajo, y constituyen el primer eslabón de la cadena de
producción azucarera; 3) aparecen también el central, el
ferrocarril y el puerto donde funciona la terminal de
azúcar a granel en la cual se recepciona el dulce para
refinarlo y, posteriormente, embarcarlo y exportarlo; 4)
los guardias rurales son los encargados de preservar el
orden público a cualquier costo; 5) en la ciudad la
oligarquía disfruta del confort, se reparte el dinero
que sale del sudor de los trabajadores y decide el rumbo
que ha de tomar el país; y 6) la marina yanqui simboliza
la constante intervención del gobierno norteño en los
asuntos internos y externos del país. En el verano de
ese mismo año había sido derrocado el tirano Gerardo
Machado. Los yanquis le habían retirado su apoyo, los
militares le propinaron un golpe de estado y también se
desencadenó una huelga popular.
Entre 1934 y 1936 Pogolotti pintó otros cuadros de
temática social que, en mi opinión, vale la pena
examinar brevemente:
§
El
cielo y la tierra
(1934): esta obra desde el punto de vista estilístico
guarda ciertas semejanzas con Antaño y hogaño
(producida en 1931). En el cielo están los ricos que por
vivir muy holgadamente se creen que son el mismísimo
Dios Todopoderoso; y en la tierra está todo lo que
sustenta y coadyuva a que los poderosos retengan para sí
el poder. Los humildes trabajan en la fábrica y en la
agricultura sufriendo la explotación de forma física e
ideológica. Pero también otros hombres luchan y mueren
por una causa justa
§
Cronometraje
(1934): sus protagonistas son, por un lado, los obreros
de ambos sexos que laboran en las fábricas operando la
maquinaria disponible; y, por otro, la rueda, el
cronómetro o reloj (que marca el tiempo en que acontece
la producción y también regula la intensidad con que
funciona la tecnología) y demás instrumentos que en su
conjunto simbolizan el desarrollo industrial alcanzado
hasta el momento.
§
El
Muelle
o Dockers (1934): constituye otro de los lienzos
clásicos de la obra de Pogolotti. En él se muestra
claramente cómo él incursionó en la aeropintura, que era
una propuesta del discurso futurista abordada por él de
un modo novedoso puesto que desde la perspectiva aérea
que achataba las formas y volúmenes superponía planos y
colores creando a veces círculos concéntricos
(24) que en este óleo no
aparecen esbozados. Este caso no refleja un día de
trabajo de los obreros del sector portuario, sino
específicamente una huelga en la cual ellos se niegan a
estibar hacia un barco un cargamento de armas de
exterminio en masa y demás armamentos pesados destinados
a la guerra. Aquí se demuestra que dicho componente de
la clase obrera cubana se destacó en la lucha contra la
injusticia y también por sus derechos civiles en la
primera mitad del siglo XX.
§
Las Manos
(1935): resalta el uso de las manos humanas en el acto
de la producción fabril o industrial pues solo a través
de ellas los hombres pueden empuñar las herramientas de
trabajo y manipular los controles de la máquina. Aquí
aparecen también los símbolos del sistema socialista: la
hoz y el martillo.
§
Interior de una fábrica
(1935): es similar al anterior en cuanto a estilo. Dicho
espacio está recreado desde una perspectiva abstracta
que pese a tener en cuenta el trabajo humano no deja
lugar a dudas sobre quién es el verdadero protagonista
de los tiempos modernos: la máquina.
§
Aniversario de Octubre
(1936): es un dibujo alegórico a la celebración de una
fecha muy significativa para el movimiento obrero y
comunista internacionales. Hombres y mujeres se reúnen
para conmemorar uno de los grandes acontecimientos que
conmovió al mundo en 1917.
§
Meeting
(1936): este dibujo tiene como reflejo social el auge
del movimiento obrero y la capacidad de los trabajadores
a ejercer su derecho a manifestarse públicamente cuando
no están de acuerdo con los dictados de la patronal.
En
opinión de Ramón Vázquez Díaz a mediados de la década
del 30 Pogolotti comenzó a moverse por derroteros cada
vez más personales y al lograr una mayor síntesis creó
su segundo ciclo de pintura social (25).
Esto se refleja en obras producidas en 1937 tales como:
1) Grupo y El Alba que son una continuidad
de su devoción por trabajar el tema obrero; 2) El
intelectual en la cual este artista se retrató a sí
mismo y anunció cuál sería su próximo oficio que no fue
otro que expresarse a través de las palabras, es decir,
un acto simbólico de cambiar el pincel por la pluma;
aunque realmente el escritor moderno de los años 30
tendía a usar la máquina de escribir (un adelanto
tecnológico que mucho los favoreció). Ese hombre está
vestido con una camisa de color rojo lo cual define con
qué ideología comulga. En el fondo aparece bajo la
penumbra una guadaña que es el signo de la muerte cuya
atmósfera siempre ronda a los intelectuales que se
comportaban como conciencia crítica de la sociedad y
cumplían cabalmente con su responsabilidad. 3) La
Palabra es una síntesis histórica donde coinciden
varios elementos importantes. Por ejemplo, la presencia
de Lenin en su labor de orientador de las masas en medio
de la atmósfera en que vivía Rusia en tiempos de la
Revolución de Octubre. 4) Evasión donde se
aprecia con mayor nitidez su fascinación por el
surrealismo cuya identidad y esencia de sus creaciones
radica en la referencia al mundo onírico del individuo;
y en el ensamblaje aleatorio de imágenes y palabras
(26). Dicho lienzo refleja la
espiritualidad de ese personaje femenino que mirando a
través de un arpa (que es semejante a una ventana) sueña
con un mundo de figuras antropomórficas marinas que sin
alas pueden quedar suspendidas en el aire, y ella
imagina que escucha los cantos que supuestamente emite
esa pareja de sirenas. Y 5) Alta Diplomacia —que
es una caricatura satírica— en la cual satiriza ese
mundo lleno de «halagos y promesas» no siempre cumplidas
en las relaciones internacionales.
Su
primera exposición personal de óleos y dibujos en Europa
fue celebrada en la Galería Carrefour de París en 1938.
En ese acto cultural tuvo a su cargo las palabras de
apertura el intelectual francés Jean Cassou. Una de sus
obras presentadas allí fue: Encuentro de dos épocas,
su último lienzo (pintado en ese mismo año), donde
reprodujo una escena citadina muy común en la era del
capitalismo.
Evidentemente, todas las pinturas y dibujos donde
aparece representada la fábrica como máxima expresión de
la sociedad industrializada del siglo XX están marcados
por las vivencias de Pogolotti en dos lugares distintos:
las factorías de Troy (New York) cuando era estudiante
de ingeniería mecánica; y alguna visita realizada a
cualquier central o ingenio azucarero durante su corta
estancia en Cuba entre 1925 y 1928 (27).
Pogolotti al asumir el ideal de los artistas de su
época, que pretendían cambiar el mundo a través del
arte, lo hizo de un modo muy personal y creativo porque
—como bien señaló Virginia Alberdi— él fue más allá de
la herencia tomada de los constructivistas rusos, de los
dadaístas parisienses, de los futuristas italianos
(28) y también de los
surrealistas, muralistas mexicanos y del arte
cinematográfico. Y, por consiguiente, vivió una
experiencia única en la cual creó su propio discurso en
lenguaje de signos que quedó explícito en el conjunto de
su obra artística.
Como puede apreciarse la mayor parte de la obra
pictórica de Pogolotti fue realizada fuera de Cuba. No
obstante, él siempre dio la sensación de estar
justamente en el lugar donde acontecían los hechos
debido al profundo conocimiento del estado de su patria.
Cuba fue el centro de sus reflexiones y creaciones
plásticas porque supo ver en el caso cubano su grado de
universalidad a la par de su carácter nacional con una
visión artística actual (léase nueva y, al unísono,
revolucionaria).
Lamentablemente Pogolotti perdió la visión en el mejor
momento de su carrera como artista plástico y entonces
decidió regresar con su familia a Cuba en 1939
(29). Una vez en La Habana,
sus amigos le organizaron ese mismo año una exposición
en los salones del Lyceum que, según Rodríguez Morey,
contó con una excelente asistencia de público
(30). Posteriormente, realizó
otras tres exposiciones personales en La Habana (1940,
1944 y 1957). Una de ellas fue la Exposición El Arte
en Cuba y su evolución en las obras de algunos artistas
en la cual exhibió sus obras: La planchadora,
Agua marina, Torbellino, María del Carmen de
Quirós de Piedara, La Catedral de La Habana, Sonia, Los
campos magnéticos, Marina, El Alba, Paisaje, Grupo,
Cronometraje, Evasión, Barco industrial, Paisaje Cubano
y El intelectual. En 1946 tuvo una exposición
personal en el Palacio de Bellas Artes de México y
participó en otros salones colectivos de pintura en
varios países. Sus cuadros figuran en el Museo Nacional
de Bellas Artes (Edificio de Arte Cubano), y en
colecciones cubanas y extranjeras (31).
Aunque años después Pogolotti hizo algún intento
infructuoso por volver a dibujar se dedicó básicamente a
la literatura. Bajo su autoría fueron publicados textos
sobre crítica de arte y también incursionó en otros
géneros literarios tales como: el ensayo, el cuento, la
novela y el teatro. Colaboró con el periódico cubano
El Mundo y la revista argentina Educación. En
fin, dejó una obra escrita de mucha utilidad e
importancia; y por eso fue muy reconocido y respetado
por la intelectualidad cubana. Y, además, recibió
importantes condecoraciones como reconocimiento a su
infatigable labor intelectual. Como consecuencia de sus
problemas de salud y tras el deceso de su esposa Sonia
se trasladó a México donde fijó su residencia durante
una prolongada temporada (que incluyó un segundo
matrimonio). Cuando le quedaba poco tiempo de vida
retornó a Ciudad de La Habana donde murió en 1988
(32).
En
el acápite de Artes Plásticas del tomo siete de
La Enciclopedia de Cuba
(editada en Madrid en 1977) hallé un criterio muy
irrespetuoso acerca de la labor de Marcelo Pogolotti
George como artista plástico. Un autor no identificado
señaló que su vida como pintor fue tan breve como
defectuosa porque en sus lienzos, gouaches y dibujos se
evidencia una «… ausencia total de valores cubanos. Sus
cuadros son europeos por los cuatro costados» (esta es
en su opinión la objeción más importante que debe
hacerse a su obra); y, además, afirmó que en sus
trabajos, cuyo tema central es el sufrimiento de la
clase trabajadora en el capitalismo «… el obrero no se
reconoce». Nada de lo dicho por este susodicho crítico
es cierto; y él ha sido demasiado injusto y severo en
sus juicios (en los cuales pienso que se denota una mala
intención o una aversión hacia el artista). A esto se
suma una serie de imprecisiones cometidas al citar
fechas como la de su deceso (que dicho autor aseveró que
fue en 1964 y no es cierto); su estancia en París no
duró hasta 1940 y su época como pintor tampoco comenzó
en 1927. Espero que este ensayo haya servido para
salirle al paso a criterios mordaces como este y también
para rendirle un merecido homenaje a quienes con su arte
ponen bien alto el nombre de nuestro país. ¡Pogolotti
fue, es y será uno de ellos!
Notas:
1.
Armas
Fonseca, Paquita. Marcelo Pogolotti. El olvidado.
En: revista Alma Mater, La Habana, Octubre 2002,
No. 393. p. 12.
2.
Diccionario de la Literatura Cubana (en
dos tomos).
T. 2, p. 808.
3.
Castellanos León, Israel.
Marcelo Pogolotti, el eterno renovador. En: Boletín
Noticias de arte cubano, La Habana, Junio 2002,
Año 3, No. 6, p. 3.
4.
Según
Antonio Rodríguez Morey, en este Salón Anual exhibió sus
cuadros: La lavandera; La planchador”; Andaluza;
Moderna y Jardín cubano. Y en otro evento de este
tipo celebrado en 1927 presentó los cuadros: Cabañas;
Matanzas y tres retratos más. Véase: Rodríguez Morey,
Antonio. Diccionario de Artistas Plásticas de Cuba
(en ocho tomos). T. VI [INÉDITO]. p. [s/p]
5.
Tomado de: Marinello, Juan.
Nuestro arte y las circunstancias nacionales. En:
revista Cuba Contemporánea, La Habana, Enero
1925, Año XIII, T. XXXVII, No. 145, p. 303.
6.
[Síntesis biográfica de Marcelo Pogolotti] En: revista
La Gaceta de Cuba, La Habana, Mayo 15, 1974, No.
123, p. 16. En su cuadro Río San Juan (1927) se
advierte una mayor tendencia hacia el impresionismo (o
postimpresionismo).
7. Loc. Cit (3),
p. 3.
8.
Los máximos exponentes de
la pintura academicista en Cuba (que aun vivían a
principios del siglo XX) eran Leopoldo Romañach y
Armando García Menocal. Ellos habían asimilado los
postulados del neoacademicismo pictórico italiano del
siglo XIX. Sus bien logrados lienzos encontraban la
aprobación de los sectores burgueses dominantes porque
no reflejaban la realidad socioeconómica y política
cubana. Véanse: Ibarra Cuesta, Jorge. Independencia y
cultura nacional. p. 7 y López Segrera, Francisco.
Cuba: cultura y sociedad (1510 – 1985). pp. 105 –
106. No obstante, ambos –—sobre
todo Romañach—
siempre fueron muy respetados y admirados por los
jóvenes que, hasta esa época, estudiaban en la
centenaria Academia de Bellas Artes de San Alejandro.
9.
En
esta misma etapa Eduardo Abela hizo un dibujo similar a
este y le puso el mismo titulo. Dicha obra puede verse
en una de las páginas de la Revista de Avance en
1927.
10.
Consúltense: Pintores cubanos.
Ediciones Revolución, La Habana [1962] pp. 14 –
17; 23 – 25; 30 – 31; 34 – 35; 50 – 51; 86 – 87; 94;
118; 146 – 148; 231; Martínez, Juan A. Cuban Art and
National Identity: The vanguardia painters 1927 – 1950.
University Press of Florida, Gainesville, 1994.
pp. 2 – 23; Merino, Luz. La
vanguardia plástica en Cuba. y Lezama Lima, Manuel.
Arístides Fernández (1904 – 1934) ambos en:
Cairo, Ana (compiladora) Letras. Cultura en Cuba 5.
Editorial Pueblo y Educación [La Habana, 1988] T. 5. pp.
393 – 405; 407 – 419. Tabloide Universidad para
Todos. Curso de introducción a la Historia de las Artes
Plásticas [Ciudad de La Habana, 2001] pp. 27 – 29.
11.
Sicre, López Méndez,
Abela y Valls pertenecían al Grupo Minorista; y, excepto
Valls, los demás firmaron la Declaración en 1927.
12.
Loc. Cit (5), p.
16. El primer Manifiesto Futurista fue publicado en el
periódico francés Le Figaro, el 20 de febrero de
1909.
13.
Tomado de: Loc. Cit (3), p. 3.
14.
Augier, Ángel. El maquinismo de Pogolotti. En:
revista La Gaceta de Cuba, La Habana, mayo 1974,
No. 123, p. 15.
15.
El Futurismo. En:
Historia del Arte. Instituto Gallach [Barcelona,
1997] Vol. XV (Siglo XX), pp. 2739 – 2740.
16.
Tomado de: Carpentier,
Alejo. Un pintor cubano con los futuristas italianos:
Marcelo Pogolotti. Citado por: Vázquez Díaz, Ramón.
Pogolotti, pintor. En: Boletín Noticias de arte
cubano, La Habana, Junio 2002, Año 3, No. 6, p. 7.
17.
Varios
autores. Pintura cubana republicana: Marcelo
Pogolotti. En: La Enciclopedia de Cuba.
Arquitectura. Artes Plásticas. Música. Enciclopedia
y Clásicos Cubanos [Madrid, 1977] T. 7, p. 223.
18. Loc. Cit
(2), p. 809.
19. Loc. Cit (5), p. 16.
20. En 1930
Pogolotti pintó un cuadro titulado: Pan y Agua,
en el cual demuestra también su interés por experimentar
en los códigos del arte abstracto.
21. Loc. Cit
(15), p. 7.
22. La cuestión obrera le vino también
de su familia ya que su padre – gracias a sus
inversiones – construyó viviendas para obreros en un
barrio periférico de La Habana que desde aquel entonces
hasta hoy lleva por nombre: Pogolotti. Consúltese: Loc.
Cit (1), p. 12.
23. Alberdi,
Virginia. Pogolotti:
consecuencia y renovación.
En: Boletín Noticias de arte cubano, La Habana,
Junio 2002, Año 3, No. 6, p. 6.
24. Loc. Cit
(3), p. 3.
25. Loc. Cit (15), p. 7.
26.
El Surrealismo.
En: Historia del Arte. Instituto Gallach
[Barcelona, 1997] Vol. XV (Siglo XX), pp. 2754 – 2756.
El primer manifiesto surrealista data de 1924; la
revista La Revolución Surrealista era el medio de
expresión de este grupo, que también fundó la Oficina de
Investigaciones Surrealistas.
27. Loc. Cit (13), p. 15.
28. Loc. Cit (21), p. 6.
29. Paquita Armas señaló que Pogolotti,
en aras de evitar la pérdida total de su visión, se
sometió a múltiples intervenciones quirúrgicas y a
tratamientos de diversa índole. Consúltese: Loc. Cit
(1), p. 12.
30.
Rodríguez Morey, Antonio.
Ob. Cit. [INÉDITO] T. VI.
p. [s/p]
31.
Loc. Cit
(17), p. 223. Rodríguez Morey,
Antonio. Ob. Cit.
[INÉDITO]
T. VI. p. [s/p]
32. Consúltense:
Loc. Cit (1), p. 12; Loc. Cit (2), p. 809 y Loc. Cit
(3), p.
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