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Exposición en saludo a la
Octava
Bienal de La Habana
y al aniversario de la Fundación de la Ciudad
La Habana de Nelkis Ramírez
Las
Escenas Habaneras, de Nelkis combinan una mirada
incisiva, curiosa, detrás del lente de la cámara con la
suavidad femenina de la aguada en la realización final.
En ellas pervive la precisión congelada de la imagen
retenida en un pedazo de papel, pero también la ligereza
graciosa y aterciopelada de las obras realizadas con las
técnicas pictóricas en las que el agua diluye los
colores y los dulcifica.
Sandra
González|
La Habana
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Giraldilla, Símbolo de
la Ciudad de La Habana |
Alguien dijo que las
ciudades son como las mujeres, cada una tiene su propia
manera de hacerse amar. Hay algunas que enamoran a
primera vista por la perfección de sus formas, por la
brillantez audaz con que se muestran; otras son mucho
más recatadas, despliegan, a primera vista, apenas
alguna que otra belleza. A esas, encerradas en sí
mismas, hay que irlas descubriendo poco a poco, y solo
la perseverancia logra develar sus encantos secretos. En
ocasiones, pensamos que hemos llegado a conocerlas, pero
es solo un espejismo; ellas encierran siempre nuevas e
inquietantes sorpresas. La Habana es una de esas
ciudades. Hay que recorrer despacio sus barrios,
guarecerse de la lluvia bajo sus portales, desmenuzar
los estilos heterogéneos de la arquitectura de casas y
palacetes, asomarse a balcones, transitar los alegres
espacios de los arcos de medio punto, detenerse en
fuentes y avenidas, protegerse a la sombra de sus
árboles para comprender que hay algo más allá de la
reverberación del Malecón, bajo el sol cenital del
trópico o enjoyado por la luz de la sucesión casi
infinita de sus farolas. Pero hay también que encontrar
sus gentes, los seres peculiares que la pueblan de día y
de noche y entrar en relación con ellos. Porque esta
ciudad, definitivamente, hay que degustarla en
compañía.
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Los Arcos de la Casa
de Obrapía |
La Habana que nos
evidencia en sus pictofotografías Nelkis Ramírez es un
verdadero descubrimiento. Si alguna vez pensamos que ya
conocíamos la ciudad, ahora se hace patente nuestro
error. Ella estuvo allí para apresar esa imagen
cotidiana cambiante y repetida que detenida en el papel
cobra valor artístico y trascendencia. Su vocación es la
de dejar el testimonio de los tiempos que corren, por
eso insiste en poner énfasis en los valores documentales
por encima de otras consideraciones. Aquí está revelada
esa intimidad que solo se ofrece a la mirada atenta que
se hace merecedora de su hallazgo. Con modestia y
dedicación, sin considerar que ha llegado todavía al
máximo de sus potencialidades esta matancera de
nacimiento, pero habanera por amor y elección, hace de
la ciudad, donde transcurre su vida creadora y donde
crece su hijo, el centro y el punto de partida de su
quehacer artístico.
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Arcos, Sol y
Buganvillas. Plaza de la Catedral |
Discípula de la pintora checoslovaca María Shafkova y
estudiosa de la fotografía, Nelkis ha logrado además
unir en un haz estas dos grandes maneras de decir.
Resultado de esta fusión son sus Escenas Habaneras
que se presentan, en la Galería del Hotel Presidente,
que va ganando por derecho propio y calidad de las
muestras allí congregadas un lugar de prestigio en
nuestro ámbito cultural. Antes de esta ocasión otros
espacios han servido de marco a estas imágenes. Entre
ellos el Centro de Prensa Internacional, la Galería de
la Casa del Libertador Simón Bolívar, la Galería del
Convento de San Francisco, la Galería el Instituto
Internacional de Periodismo y la Galería del Centro
Cultural Pablo de la Torriente Brau, donde su obra
resultó seleccionada por el Jurado del V Salón
Internacional de Arte Digital. Pero no ha sido este el
único reconocimiento a su calidad: el Concurso Foto del
Día, de la Kodak seleccionó una obra suya para que fuera
expuesta en el Times Square Gallery de New York, en una
pantalla gigante de 2 500 pies cuadrados durante todo el
día del 22 de octubre de 2002 y este año, 2003, se hizo
merecedora de un premio de fotografía en España.
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Adoquines Dorados |
Las Escenas Habaneras, de Nelkis combinan una
mirada incisiva, curiosa, detrás del lente de la cámara
con la suavidad femenina de la aguada en la realización
final. En ellas pervive la precisión congelada de la
imagen retenida en un pedazo de papel, pero también la
ligereza graciosa y aterciopelada de las obras
realizadas con las técnicas pictóricas en las que el
agua diluye los colores y los dulcifica. ¿Acuarelas?
¿Fotografías? ¡Arte digital! Seguramente algo más que
fotografías coloreadas y trabajadas en la computadora
porque en estos trabajos la técnica es solo instrumento
expresivo. Lo trascendente es el acierto en la selección
de los temas, la composición, la organización
inteligente de los distintos componentes de la obra
donde todo parece fortuito, pero asombrosamente oportuno
para confluir en un mensaje final. Y sobre todo el
talento presente en cada trabajo, porque Nelkis se
revela dueña y señora del medio artístico que emplea y
poseedora de esa inquietud inherente a los que hacen
del arte la razón de sus vidas porque tienen mucho que
decir y muchas emociones que quieren compartir.
Noviembre
de 2003.
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