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La trova es un género que cautiva corazones
 
En el quehacer de Lázaro García se concentra toda la tradición de nuestra música trovadoresca con una gran frescura, poesía, intensidad y riqueza. Esos y otros aspectos matizaron el concierto Carta de provincia que el pasado sábado 8 de noviembre ofreció en el Centro Pablo el músico cienfueguero, uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova Cubana.


Estrella Díaz| La Habana
Fotos: Alain Gutiérrez

 

Noel Nicola, Augusto Blanca, Sara González, Vicente Feliú, Liuba María Hevia, Miriam Ramos, Marta Campos,  Heidi Igualada, Silvio Alejandro, Ariel Díaz, Inti Santana, Diego Cano, Rita del Prado… son, sin dudas, nombres que se  asocian a lo mejor de la trova cubana de estos tiempos.

Verlos haciendo sus propios conciertos no resulta nada raro, pero «sentirlos» como público sí me hizo recordar un refrán repetido hasta la saciedad por mi abuela —la más española entre todas las españolas—: «no hay peor astilla que la del mismo palo».  Además, la noche amenazaba lluviosa y los «carnavales» (esas fiestas populares que convocan a un sector de la población habanera) constituían dos elementos que podían conspirar. 

En eso pensaba el pasado sábado 8 cuando, pasadas las seis de la tarde, en el patio del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau el trovador cienfueguero Lázaro García dio inicio a su concierto único Carta de provincia, presentación que constituyó —al menos para mí— más que una sorpresa, una lección.

Lázaro, quien es considerado uno de los fundadores del llamado Movimiento de la Nueva Trova, desde los primeros acordes puso, no a prueba sino al descubierto, una sencillez, frescura y espontaneidad que poco a poco iba tocando a los convocados. Tal es así que, incluso, el trovador uruguayo Héctor Numa Moraes —que por esos días visitaba La Habana— comentó que «el decir del músico cubano le recordaba a Vinicius de Moraes».

El trovador regaló más de una veintena de canciones que estructuró —a mi modo de ver— a partir de varias etapas su quehacer: «Carta de provincia», «Tejiendo un rostro en la canción», «Son de nosotros» y «Querida vieja», este tema, según comentó, lo escribió en 1976 durante su permanencia en Angola y fue conocido en Cuba gracias a una versión que realizó y popularizó Sara González.

Luego llegaron «Dardos de miel», «Bolerito», «Pequeñín» y «Zamba oportuna»; delicioso texto que critica a los oportunistas y en el que asegura que como «la vida es una ocasión por eso no pierden tiempo con el amo».

Le siguieron «Tanta verdad me hace daño», «Nana del Ausente», «Vuela sueño», «Al sur de mi mochila» y «Si de tanto soñarte».

«Ahora mujer que estás lejos» —texto de la autoría de Jorge Fuentes y  musicalizado por Lázaro— fue interpretado por Vicente Feliú (uno de los invitados al concierto) y constituyó una suerte de estreno porque «hacía veintisiete años que no lo cantaba».

«Carretón» es una canción que merece párrafo aparte porque sintetiza una parte de la estética de este trovador y porque —según Lázaro — «se considera un genuino exponente de la influencia de la música campesina en la trova».

Después vinieron «Anoche», «Ha pasado otro día», «Soneto de Amor», «Asonancia del tiempo», «Gracias a mí», «Soneto imperfecto», «El mundo de tu mano», «Siempre será el amor» con la que se cerró Carta de provincia, concierto que tuvo como invitados —además de Feliú— a la cantante Maureen García, al percusionista Banderas, al maestro Pucho López en el piano y a Trocarroco, trío que sin temor a equivocarme está entre los de mayor excelencia en el panorama de la música cubana actual.

Entonces, ¿es cierto que «no hay peor astilla que la del mismo palo»? Pues creo, con perdón del refranero español, que este concierto demostró lo contrario porque los trovadores mencionados al inicio —astillas de ese palo que es la trova—, sintieron que iba dirigida a su corazón esa Carta de provincia que desde Cienfuegos nos trajo a La Habana Lázaro García. 
 

Luego de concluido el concierto y aún en medio de los abrazos y las felicitaciones conversamos con el músico porque al inicio escuchamos al poeta y cineasta Víctor Casaus, director del Centro Pablo, afirmar que este «era su primer concierto en la capital»

«Sí, así es y he estado muy nervioso; me es más fácil hacer un concierto fuera de Cuba. Uno está en Cienfuegos y va a las jornadas de la canción política, festivales, pero esta responsabilidad de tener un programa completo de más de 20 canciones me puso en bronca con mis nervios, pero bueno, hubo una respuesta muy linda. Me salvaron las canciones y los amigos. Me siento feliz porque creo que saldé una deuda con el Centro Pablo, con este pedazo de Habana tan lindo, tan reconstruido y, aunque quedan cosas, precioso. Parece ser que la antigüedad esperó por mí para que rejuveneciéramos y me siento extremadamente satisfecho de lo que he vivido hoy.

¿Algo nuevo en preparación?

Sí, siempre uno está haciendo algo, aunque no al ritmo de los primeros años, pero hay temas que hacer y cosas a las que cantarle. No me siento cansado, lo que sucede, es que ahora cuido más del acabado de la obra. Cuando tenemos 20 años nos lanzamos a hacer de todo sin pensarlo mucho. También es que estoy muy metido en la producción musical discográfica más que en la composición.

¿Más cauteloso?

Claro, porque a uno lo conocen; sabes que te están midiendo, comparando las calidades de los textos, de la música y hay que cuidarse porque lo más terrible es, después de viejo, hacer ridiculeces.

¿Qué de especial tuvo el público?

Me he sentido como en casa, tal vez ellos me ayudaron a que este concierto tuviera este final feliz porque me inspiraron confianza. Me recordaron épocas en que hacíamos esto entre nosotros mismos. El concierto fue como una reunión familiar donde me sentí cómodo. Además, entre otros, estaban Dieguito Cano, Inti, Ariel, Heidi, Rita…todos trovadores jóvenes y eso me alegró. Creo que, aunque no nos consideremos padres de esa generación, sí es hermoso que exista un hilo conductor. Estamos —desde distintas generaciones— defendiendo los mismos valores poéticos, éticos y musicales de la canción cubana.

¿Trovarroco?

Ahí hay otras historias. Descubro a Rachid López, soy el productor de su primer disco en solitario, después del primer disco de Trovarroco y, francamente, compartir con ese trío es un acontecimiento de lujo. Eso solamente lo logra el corazón, la amistad, el afecto, un reconocimiento hacia mi persona que me hace sentir lindamente aplastado. También tuve a Pucho López al piano que es uno de los músicos más importantes y a Banderas, ese genial percusionista, que no tengo cómo agradecerle. También quiero agradecer de todo corazón al equipo de trabajo del Centro Pablo.

¿Hoy, trovador feliz?

Felicísimo. Tenía mis dudas en cuanto a cómo iba a quedar esto: ¿corto?, ¿largo?, pero estoy muy satisfecho; no porque haya ganado mi obra o mi persona, sino porque gané un espacio que para mí es profundamente querido e importante. A guitarra limpia está logrando cosas que, supuestamente, parecían perdidas; un patio como este, con este amor, con este calor…eso es lo que no debemos y no podemos dejar morir.


 

La trova, ¿pasó?

Eso es una tontería. La trova es un género que cautiva corazones, no emociones temporales, ni es moda, ni slogans, o consignas. Las buenas canciones de la trova son las que van a quedar y continuar. Tenemos un relevo asegurado y cada gente le canta a su tiempo con los ingredientes básicos que son la poesía, su ética, su musicalidad y con respeto a la tradición y a la cubanía que han  fertilizado  todo nuestro canto.

En Lázaro se concentra toda la tradición de nuestra música trovadoresca con una gran frescura, poesía, intensidad y riqueza enormes. Él es un gran poeta además de un tremendo músico. Este recital es una demostración de la calidad de las canciones de Lázaro en todas las épocas. Empezó arriba y continúa manteniendo una calidad extraordinaria, además de ser una de las mejores personas que he conocido. Lo respetamos y lo queremos todos los trovadores  por su calidad humana; es un ser extraordinario y me siento muy honrada de ser su amiga de los años y de haber vivido muchas cosas lindas juntos. Hoy hemos disfrutado de una joya.

Sara González.
 

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