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Celebraciones en la Villa de San Cristóbal
A
484 años de los primeros misa y cabildo que estipularon
su fundación, la Villa de San Cristóbal de La Habana
ostentosa de su eclecticismo y de sus años desdeña
cualquier gesto del olvido, pues sabe que nunca sería la
misma sin su Giraldilla a la vista de los navegantes,
sin su Cristo omnipotente en lo alto de la Bahía, sin
sus adoquines, sin sus vitrales, sin su aliento.
Katia
Cárdenas y Lilibeth Bermúdez |
La Habana
Inspiración de los poetas, imagen
recurrente de los pintores, paso comprometido de
peregrinos y forasteros, la parte antigua de la ciudad
de La Habana se deja admirar por todo el extasiado ante
la maravilla preservada. Sin embargo, se niega a la
contemplación estática e invita a transitarla tal como
lo es hoy, una ciudad en movimiento.
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Ni tan siquiera al inicio soportó el estatismo. No
conforme con su primera ubicación, se movió de sur a
norte hasta llegar al Puerto de Carenas, el sitio más
hermoso y saludable que pudo encontrar. Desde 1519 se
hizo llamar la Villa de San Cristóbal de La Habana, en
pacto honorable entre el santoral católico y el nombre
del cacique aborigen de la región. Una frondosa ceiba
atestiguó sus primigenios misa y cabildo, hecho que
dotaría al árbol de cierta gracia para complacer tres
deseos a quienes, cada aniversario, asistieran a
rendirle honores.
Los siglos siguientes a su fundación añadieron
arquitecturas y detalles hasta conformarla en una ciudad
heterogénea, o como la llamara el escritor cubano Alejo
Carpentier de un «estilo sin estilos... que se erige en
un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo».
En la actualidad, La Habana presume de ser una de las
capitales de América que mejor conserva su
tradicionalidad, distinción confirmada por la UNESCO en
1982, al declarar a su Centro Histórico, Patrimonio de
la Humanidad.
Desde entonces la restauración avanza por sus calles,
plazas y edificaciones. Recientemente asistimos a la
inauguración del Museo del Chocolate, en la célebre casa
de la Cruz Verde, primera piedra del proyecto Brujas
que, gracias a la colaboración de Bélgica prevé la
restauración de 64 viviendas en el Centro Histórico. El
paso del proceso rehabilitador anuncia para un futuro
cercano la terminación de importantes obras como la
iglesia de San Felipe de Neri, que fungirá como un
centro para el arte lírico y operático. Se concluye la
obra civil del nuevo Museo Numismático en la calle
Obispo, y la casa de Aguilera en la calle Mercaderes. Se
rescata además el colegio que fundara en 1853 don José
de la Luz y Caballero en La Habana Vieja.
Los intentos por devolver a la zona su fisonomía
original se revelan también en un plan integral que
incorpora la obra social y comunitaria, con especial
atención a la cultura, pues «sin ella ―al decir de
Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad― que es
suceso de participación y espejo donde se reflejan las
virtudes íntimas del ser humano, no puede concebirse el
progreso de la sociedad...». Próxima a la celebración de
su cumpleaños, la Villa de San Cristóbal de La Habana
sugiere un programa diverso que enaltece sus valores y
dinamiza su cultura.
El día 15 de noviembre, a las seis de la tarde, en la
Basílica Menor de San Francisco de Asís, cantarán a la
ciudad el coro Exaudi, el Coro de Cámara del Instituto
Superior de Arte, acompañados de la orquesta de cámara
Solistas de La Habana.
Con el motivo especial de sus veinte años de creada, la
Casa de la Obra Pía sirve de escenario a la fusión del
arte y el diseño. Con la exposición Arte y moda: edición
cubana, veintiséis pintores y veintiocho diseñadores de
vestuario comparten las galerías de esta casona en un
diálogo donde Roberto Fabelo se une a Abraham García,
Cosme Proenza a Otto Chaviano, Pedro Pablo Oliva a Roly
Rius, y Manuel López Oliva a Alberto Leal. Convergen
también Nelson Domínguez y Mercy Nodarse, Zaida del Río
e Ismael de la Caridad, Vicente Rodríguez Bonachea y
Maray Rodríguez, por solo mencionar algunos de los dúos.
Por su parte, la exposición De la Atenas a La Habana:
Puro arte presenta en el Museo del Tabaco la calidad de
una industria que se ha desarrollado a la par de la del
tabaco. Tanto los objetos utilitarios asociados al
hábito de fumar habanos como las piezas de promoción
comercial se han servido del arte en un intento de
devolvernos obras de exquisita factura. Con su pincel
naif Mercedes Rivadulla hace de La Habana la «ciudad de
siempre». Una selección de sus cuadros que recrea el
entorno urbano de la capital cubana, se expone en el
Museo Casa Natal de José Martí. Con una particular
visión citadina, la pintora también rinde culto al
Apóstol que naciera en este sitio.
Piezas numismáticas que reflejan la arquitectura,
lugares históricos y personalidades, como la estatua de
la Fuente de la India, la iglesia del Espíritu Santo,
entre otras, conforman la muestra Imágenes de la ciudad
del Museo Numismático. Inspirada en los aromas
coloniales de la perfumería Habana 1791, la pintora
Zaida del Río presentará una exposición con diferentes
objetos pintados y dibujados que traerán los olores de
los patios y calles de antaño. El Museo de la Ciudad
propiciará el encuentro del arte y la alquimia el día 20
de noviembre, a las tres de la tarde.
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A 484 años de los primeros misa y cabildo que
estipularon su fundación, la Villa de San Cristóbal de
La Habana ostentosa de su eclecticismo y de sus años
desdeña cualquier gesto del olvido, pues sabe que nunca
sería la misma sin su Giraldilla a la vista de los
navegantes, sin su Cristo omnipotente en lo alto de la
Bahía, sin sus adoquines, sin sus vitrales, sin su
aliento...
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