|
 |
BOLOS,
ARMAS Y OTRAS «BAGATELAS»
Le ha llegado el turno a Cuba de
apreciar, a lo largo y ancho de todo el país, Bowling
for Columbine, uno de los mejores documentales
norteamericanos de los últimos años. Además de conmover
a la opinión pública norteamericana, el filme sirve como
punto de partida para desplegar en el espectador la
reflexión a propósito de la violencia generalizada en
EE. UU., sus causas y consecuencias sicológicas,
sociales, e incluso políticas.
Joel del
Río |
La Habana
Doce jóvenes
fueron masacrados por dos de sus compañeros de escuela.
Los crímenes ocurrieron el 20 de abril de 1999,
posterior a un juego de bolos, en la secundaria
Columbine, enclavada en el pequeño poblado de Littleton,
Colorado, EE. UU. El hecho, además de conmover a la
opinión pública norteamericana y de reactivar la eterna
polémica sobre las facilidades imperantes para adquirir
armas de fuego, sirve de punto de partida, sujeto de
análisis, para desplegar totalizadora reflexión a
propósito de la violencia generalizada y de sus
consecuencias sicológicas, sociales, e incluso
políticas.
En 123 minutos, el
impactante documental escrito, producido y dirigido por
Michael Moore atraviesa Norteamérica de la costa
atlántica a la «pacífica», develando la muy inquietante
realidad de un país donde 11 000 personas mueren cada
año víctimas de las armas de fuego, donde la tenencia de
armas ha venido a formar parte consustancial del modo de
vida, donde no resultan nada escasas las personalidades
que promueven sin ambages la paranoia, la agresividad,
el odio, la venganza y la violencia. Alternando la
historia de la carnicería de Littleton, material de
archivo, imágenes de televisión y de dibujos animados,
con numerosas entrevistas Bowling for Columbine
nos presenta un completo y complejo entramado de causas,
circunstancias y consecuencias alrededor de los EE. UU.
como autor y víctima de tanta violencia.
Tendenciosa y
apasionada como toda obra de arte, colmada de aristas
provocativas y de contundentes argumentos, el filme
clasifica entre las mejores obras audiovisuales que han
expuesto la violencia huyendo de la legitimación
emprendida por la mayor parte del cine más burdamente
comercial. Mucho puede enseñar Michael Moore, a quien
sepa escuchar y quiera aprender, sobre cómo cumplir la
función didáctica y humanista del arte sin derivar en
aburridos panfletos. Está el humor como paliativo, lo
cual no implica liviandad. No le faltan la sinceridad,
el rigor investigativo ni las agallas suficientes para
asumir errores y catástrofes de la realidad nacional.
Tampoco aquejan al cineasta los prejuicios con el
entretenimiento ni el temor a convertirse en oveja
negra, y así consigue una película que además de ser
fluida, conmovedora y golpeante, propone la
inconformidad y la reflexión respecto al destino de la
nación.
Puede objetársele a
Bowling for Columbine la apertura de demasiadas
interrogantes, en ocasiones un tratamiento ligeramente
reductor y hasta contradictorio de su inabarcable tema
(concentrarse en el asunto de la posesión de las armas
implica soslayar las causas mayores de la violencia, es
decir, la desigualdad social y racial, la alineación, el
miedo...), pero me parece casi imposible negarle a
Michael Moore su capacidad comunicativa y abarcadora, la
habilidad para provocar al mismo tiempo ira y
conmiseración, para incentivar el pensamiento de manera
provocativa, virulenta, necesaria. Estamos ante la
trascendental obra de un cineasta que no solamente ha
obtenido algunos de los galardones más importantes del
mundo (en el Oscar, en Cannes, en San Sebastián y Sao
Paulo) sino que también ha sabido conquistar el aplauso
multitudinario de casi todo el que la ve, en cualquier
país donde se presenta.
SOBRE MICHAEL MOORE
Nacido y criado en
Flint (Michigan), Michael Moore fundó con 22 años, en
esa localidad del norte-medioeste, el respetado diario
alternativo The Flint Voice, del que fue editor
durante años. A mediados de los años ochenta fue
productor, director, autor y presentador de la serie
televisiva, galardonada con un Emmy, Tv Nation.
En 1989, dirigió el documental Roger and Me, que
narraba su odisea personal para entrar en contacto
cuestionador con el presidente de la General Motors,
Roger Smith. Este documental se transformó en el más
taquillero de la historia del cine. Los beneficios
fueron usados para crear el Center for Alternative
Media, que subvenciona directores noveles y el trabajo
en asuntos sociales. Después, escribió y dirigió el
filme de ficción Canadian Bacon, celebrado en la
sección Una cierta mirada del festival de Cannes.
Su segundo documental
de largometraje fue Big One (1990), que también
ponía al desnudo las maquinaciones de grandes empresas.
Entre 1999 y 2000 produjo la serie televisiva Awful
Truth, definidad como la más divertida de las
sátiras políticas realizadas en la televisión
norteamericana. Ha dirigido algunos videos musicales de
los grupos REM y Rage against the Machine.
Entre sus numerosos
libros, merecen mención Downsize This! Random Threats
from an Unarmed American, Stupid White Men and
Other Sorry Excuses for the State of the Nation, y
el más reciente, Dude, where’s my country?,
vertical diatriba contra el gobierno norteamericano
cuya primera edición, de un millón de copias, se ha
convertido en un éxito de ventas.
Moore anuncia que su
próximo filme, Fahrenheit 911, abordará los
negocios entre la familia Bin Laden y los Bush, antes
del 11 de septiembre. El cineasta prometió estrenarla
durante la próxima campaña presidencial estadounidense,
prevista para mediados del año próximo. Es cierto que en
ciertos círculos lo acusan de sensacionalista,
manipulador y tendente a posiciones extremas, pero él
sigue concentrado en demostrar que no le son
indiferentes las mentiras oficiales, las víctimas de la
guerra, de la violencia diaria, que le preocupa la
incoherencia entre los mitos de consumo generalizado y
la realidad profunda de su país. Su adeudo con la
honestidad y con la independencia de criterio, y de
albedrío, impresionan sobre todo en un ambiente
cinematográfico signado por plataformas económicas e
industriales, donde suelen predominar el conformismo,
las medias tintas, los caminos trillados, la frivolidad
y el desinterés por todo lo verdaderamente esencial. |