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LA RESISTENCIA IRAQUÍ
Ángel
Guerra Cabrera
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México
La realidad social no
puede ser ocultada indefinidamente por la mentira,
aunque esta sature los espacios mediáticos y haya sido
edulcorada por los mejor cotizados expertos en
mercadotecnia. Así, la resistencia iraquí ha hecho
trizas en unos meses la victoria
«americana»
sobre su pueblo al poner en jaque a las tropas
estadounidenses y la credibilidad del gobierno de Bush
en casa y en el mundo. Le han bastado unos meses para
lograrlo después de la criminal campaña de bombardeos
denominada «conmoción
y pavor»,
la fulminante ofensiva terrestre, la entrada triunfal de
los invasores en Bagdag y el grotesco espectáculo de
Bush disfrazado de piloto de combate declarando el
«fin
de la guerra».
La resistencia ha
arrebatado la iniciativa al ocupante y reducido al
mínimo las opciones militares y políticas con que este
podría ripostarle. Ha sacado a la luz pública el
permanente pleito de perros en el círculo más cercano a
Bush, forzando a este a despojar al jefe del Pentágono
Donald Rumsfeld de la jefatura de la administración
colonial del país árabe para trasferirla a Condoleezza
Rice, la inefable asesora de Seguridad Nacional. Ha dado
munición a los alicaídos y hasta hace poco mudos líderes
del Partido Demócrata y a los sectores liberales de los
medios, que le deben su tímido resurgimiento más que a
la angustiosa situación económica estadounidense. Ha
obligado a retirarse de Iraq a organismos como la ONU y
la Cruz Roja, de una u otra forma puntales del sistema
internacional que se han prestado para convalidar la
ocupación. (Mención de honor merece la fuga precipitada
de los enviados diplomáticos del sargento Aznar). Ha
hecho imposible el plan de crear un ejército cipayo de
otras nacionalidades bajo bandera de la ONU o la OTAN,
que apoyado por colaboradores iraquíes se desplace a la
primera línea mientras las tropas estadounidenses se
resguardan en ciudadelas fortificadas, como en
Afganistán. En este sentido es elocuente la reversa
aplicada por Turquía a la decisión de desplegar un
importante contingente. Con su accionar la resistencia
ha contribuido a que se ratifique ante el mundo el
menosprecio de la potencia ocupante por el derecho
internacional, en cuyo cumplimiento debió haber
respetado las leyes del país invadido y restaurado la
prestación de los servicios básicos a su población. Solo
una indomable resistencia iraquí podía impedir que la
maquinaria mediática tendiera una cortina de silencio
sobre esta situación y evitar un efecto desmovilizador
en el campo progresista por la ocupación de la nación
mesooriental. De modo que hoy no estaríamos al tanto del
ilegal saqueo y malversación sin precedente del petróleo
y los recursos iraquíes a favor de las transnacionales
afectas a Bush, incluyendo la escandalosa e ilegal venta
de las empresas públicas del país árabe puesta en marcha
por el gauletier Paul Brennmer.
Pero, a escala
internacional, la consecuencia más importante de los
golpes de la resistencia a los invasores y a las tropas
auxiliares enviadas por gobiernos genuflexos
—como
el británico, el español y el italiano—
es el estímulo moral que han significado para los
crecientes movimientos que se oponen en el mundo a la
globalización neoliberal y a su perpetuación mediante la
rapiña imperialista y la supresión de los derechos
democráticos. Cabe afirmar que los patriotas iraquíes
han acelerado el cambio que se venía observando en la
correlación internacional de fuerzas, una de cuyas
expresiones más destacadas está en los movimientos
sociales y también en los gobiernos que, en distintos
grados, desafían en América Latina los planes de
reconquista colonial de EE.UU.
Como es típico de los
movimientos patrióticos anticoloniales, la resistencia
reúne a diversas fuerzas de la sociedad iraquí, desde
militantes islámicos sumnitas y chiítas hasta miembros
del ex gobernante partido Bass, ex militares, militantes
comunistas opuestos a la abyecta conducta
colaboracionista de sus dirigentes y kurdos que repudian
la alianza de grupos de este origen con el ocupante. Se
trataría, según estudiosos, de hasta cuarenta
organizaciones desplegadas en todo el país, siendo el
llamado triángulo sumnita del norte la zona donde hasta
el momento es más intensa su actividad militar. A la
hora del recuento de la resistencia contra la ocupación
es menester valorar junto a la lucha armada las
acciones de masas y de autoorganización de la rebelde y
mayoritaria población chiíta, llamada a ejercer una
importante influencia en un futuro Iraq liberado de la
intervención estadounidense, como la que no se le
permitió bajo el mando de Sadam Hussein.
Todavía no está claro si estas fuerzas articularán un
frente nacional, como en otras luchas anticoloniales.
Por lo pronto, es evidente que se han hecho acreedoras a
la solidaridad de todos los que desean un mundo de paz
con dignidad. |