|
Aumenta la resistencia
IRAQ, CAMINO DE VIETNAM
Lisandro Otero
|
La Habana
Cada día Iraq se asemeja más a Vietnam. En el sudeste
asiático los Estados Unidos comenzaron con un modesto
envío de asesores y, con los años, la indómita
resistencia hizo necesario remitir un inmenso ejército.
Los norteamericanos tuvieron allí más bajas que en la
Primera Guerra Mundial.
Ayer el general Ricardo Sánchez, vocero de las tropas de
ocupación, confesó que la resistencia patriótica iraquí,
a la cual él le llama
«ataques
terroristas»,
ha aumentado desde cinco a seis ataques diarios en el
mes de mayo a treinta embates por día en noviembre.
También va en acrecentamiento el calibre del armamento
de las guerrillas urbanas. La ola represiva también se
intensifica. Actualmente hay cinco mil prisioneros
políticos en las cárceles de las fuerzas ocupantes. Sin
embargo, aún no han podido capturar a Sadam Hussein, lo
cual añade un matiz de ridícula impotencia a su
pretendida eficacia persecutoria. Tampoco han podido
echar el guante a Osama Bin Laden ni al mullah Omar, de
Afganistán.
Los dirigentes estadounidenses no cesan en su usual
retórica. Condoleezza y Rumsfeld han acudido, en estos
días, a programas de difusión nacional televisada para
insistir en su perorata sobre la democracia introducida
en Iraq y repetir que de ese territorio
«no
se irán».
Tal parece que esa opción la han estado considerando
cuando la rechazan con tanta vehemencia.
Los analistas estadounidenses examinan la repercusión
del fiasco iraquí en las próximas elecciones. Muchos
consideran que de proseguir el actual declive económico
Bush no podrá reelegirse. Otros comparan la presente
situación con la de Lyndon Jonson, a quien la sangría de
Vietnam le impidió proseguir en el cargo. El ex
presidente confesó a un amigo que no podía dormir por
las noches, preocupado por los miles de soldados que a
diario morían en las emboscadas del Vietcong.
El derribo, hace pocos días, de un helicóptero Black
Hawk causó la muerte de dieciséis soldados
norteamericano, la pérdida más notable, hasta ahora, de
los ocupantes. España anunció que retira su
representación diplomática. Ni siquiera el bravucón
Aznar, tan deseoso de complacer a sus amos y de
mostrarse dócil meneando el rabito de la mansa alegría
perruna, ha podido resistir el embate. La Cruz Roja se
va y también así lo han anunciado otras organizaciones
internacionales. Turquía ha anunciado que no enviará
tropas para cooperar a la opresión y da señales de
inquietud por el destino de la minoría kurda que se
agrupa ante sus fronteras y que puede llegar a
constituir un factor desestabilizante.
De otra parte el desgaste económico es mayúsculo. Ya se
ha anunciado una partida presupuestaria de 87.5 billones
de dólares para mantener a los sicarios represores y
ayudar a construir el protectorado de manera que rinda
mejores utilidades a la Halliburton. En este instante ya
hay más de cien transnacionales en Iraq con contratos
suculentos. La guerra ha sido un buen negocio para las
grandes corporaciones. No obstante casi cada día estalla
un oleoducto y los sabotajes a la economía van en
aumento. El último de estos atentados ocurrió anteayer
en Kirkouk, a 260 kilómetros, apenas, de Bagdad.
El Consejo de Gobierno designado por Bush apenas ha
tenido ninguna ascendencia en la opinión pública. El
pueblo iraquí lo ignora, así como sus decisiones. Su
única tarea trascendente ha sido designar a veinticinco
ministros. Se supone que para el 15 de diciembre debe
tener preparado un proyecto de constitución pero hasta
ahora no hay señales de que hayan avanzado en ese
propósito. Es tan evidente el fracaso de esta maniobra
política que ahora los jerarcas en Washington están
pensando en disolverlo para implantar otro tipo de
aparato colonizador.
La dominación de los iraquíes no ha dado los resultados
esperados, excepto para las transnacionales que explotan
sus nutritivos contratos. El procónsul Paul Bremer III
(¿quienes son los otros dos?) fue llamado anteayer de
urgencia a Washington. Todo indica que habrá drásticos
cambios en breve en aquella neocolonia.
Los síntomas del fracaso son cada día más evidentes y su
repercusión negativa en la opinión estadounidense va
ganando espacio y se hará sentir de manera más aguda
durante la próxima campaña electoral. |