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AZIYADÉ
RUIZ: NOSOTROS PUEDO SER YO
Iris
Cepero |
La Habana
La
exposición personal de la artista Aziyadé Ruiz
(Camagüey, 1972) que bajo el título de Nosotros
se ha exhibido como espacio colateral a la Octava
Bienal de La Habana es quizás una de las más íntimas,
privadas y humanas revelaciones de un mundo que le
pertenece íntegramente pero en el que, quizás sin
saberlo de antemano, estamos cada uno de nosotros.
Un hombre y una mujer se aman sobre veinticinco lechos,
narran la historia de años, con sus angustias y
sentimientos puestos a la dura prueba de Cronos. Camas,
colchones y sus dos protagonistas se muestran, sin
sonrojo, a la vista pública, que no la impudicia, en
esta exposición.
A
través de sus lechos bien se podría conocer la historia
de un matrimonio. Y aunque las historias no se escriben
precisa y únicamente en las camas, en ellas, desde el
reposo, el dolor y el placer, pueden transcurrir
momentos esenciales de una historia particular. A la
cama se vuelve cada día, como a la mesa; y compartirla,
como el alimento, es de los más innegables actos de
entrega del ser humano.
En una
fotografía desde el lugar símbolo y cómplice del primer
beso, los abuelos paternos de la artista bendicen a la
descendencia. Dos generaciones después, Aziyadé
convierte aquel «nosotros» en su yo y a la vez lo
metamorfosea en el nosotros que surge a partir de ella
misma como núcleo de otra —nueva— historia de amor. No
es una leyenda dulzona, como no lo es la vida.
Nosotros es una semblanza real.
Un
álbum de fotos completa y complementa la historia. Sin
él, sin ese recorrido por hombres y mujeres que se besan
y divierten, sin los niños nacidos que crecen, sin el
cambio de espacios y la adición de amigos, sin los
numerosos papelitos salvados, la artista no sería ella,
ni sus abuelos, amándose en lechos color carne
removerían el adentro personal de cada uno de nosotros.
En sus
palabras al catálogo, la curadora caridad Blanco
comenta: «Nosotros es una instalación que pondera
ese espacio de aceptación y negociaciones que puede ser
todavía hoy el matrimonio. Aquí se cuenta un particular
anecdotario, de manera que no estén vivas solo en la
historia de la artista o su familia. La historia se
salva ante los otros, ese otro público y social que es,
sin saberlo, un ente no excluido de ella».
Porque
asumir ese sujeto colectivo en el Nosotros que da
título a la muestra, no solo dice que ella se siente
parte de cada una de las historias familiares, las sabe
suyas porque acaso —realmente— lo son. Al fin y al cabo,
uno es siempre hijo de sus circunstancias.
Aunque
pudiera decirse que esta muestra abre una especie de
viraje en las creaciones de Aziyadé, se trata más bien
de una vuelta morfológica. Un paseo por su historia
creativa la muestra constante y coherente en el
acercamiento al tema que nutre esta exposición: la
familia como espacio central de la existencia.
Si
ahora es Nosotros es porque antes fueron sus
series Mujeres sin cuerpo y Principio y fin,
en las que las mujeres, como núcleo protagónico de
aconteceres familiares, cuentan sus relatos. Entonces el
acercamiento a la narración desde el lado femenino, no
feminista, como sostén de un entorno y una tradición,
ahora revela la otra parte de la crónica de vida de la
artista, en la que la mujer no está sola sino como parte
de una identidad colectiva que es la familia.
Nosotros podría ser la anécdota no de los abuelos
paternos de la artista, conociéndose enamorándose y
viviendo más de medio siglo juntos en las múltiples
tristezas y placeres de una vida compartida, ni la de la
artista y sus confesiones en un libro de fotos, también
podría ser la permanente crónica de cada uno de
nosotros. |