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NOTAS CALLEJERAS
Zoila
Sablón
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La Habana
De seguro no
fue azaroso que en mi viaje hacia Matanzas, hace unas
semanas atrás, algo insólito me ocurriera. Comencé a ver
una carretera que nunca había visto. Al llegar a la
ciudad le di una explicación lógica a lo que tanto me
perturbaba, al punto de pedirle al chofer que me
explicara por qué había tomado por esa angosta calle. En
definitiva, mi altura y posición en la guagua camino a
Matanzas habían hecho que mis ojos miraran a la ancha
Vía Blanca como una estrecha callejuela recién
descubierta por mi, rodeada de árboles y senderos
ocultos que me abrían otros paisajes llenos de
perplejidad, rincones donde echaría con gusto mi vida en
tierra. Al parecer, ya venía gestándose en mi
inconsciente un cambio de perspectiva, una nueva forma
de mirar los espacios.
Con esta experiencia
en mi piel llegué a Matanzas y al taller de teatro de
calle que el maestro Juan Carlos Moyano y la actriz
Clara Inés Ariza impartirían durante cinco días en
espacio céntricos de esa ciudad.
El primer día del
taller descubrí que desde el inicio el sentido de las
jornadas de trabajo sería justamente develar ante mis
pupilas las nuevas calles que la memoria conservaba de
Matanzas. Matanzas no sería Matanzas. Sus calles ya no
serían sus habituales calles y sus parques serían
otros.
Día 1
Acción 1
En la sede de El
Mirón Cubano nos encontramos todos los participantes:
esto es todos los actores del grupo matancero junto a un
representante de Andante, de Bayazo, dos de Gigantería,
de Ciudad de La Habana, y otros dos de Teatro Morón, en
Ciego de Ávila. Yo me encargaría de recoger lo que
sucedería en adelante.
En su discurso de
bienvenida Moyano nos ofrece las dos claves con las que
trabajaríamos el taller:
«El
uso escénico del espacio público y las posibilidades
escenográficas de la arquitectura urbana».
Entendido
el espacio público como espacio no concebido per se
para la representación.
«La
estructura dramática o dramatúrgica»
En esta conversación
inicial, en el estrecho patio de El Mirón, Moyano
propone el Parque de La Libertad como sitio para la
demostración del ejercicio final del taller. Las razones
expuestas son el poco tránsito, las condiciones opuestas
a la calle 23, en La Habana, lugar donde se desarrolló
el ejercicio del anterior taller; tiene suficientes
elementos escenográficos, y es una referencia importante
para la ciudad. A nivel temático el maestro sugiere
trabajar a partir de versos de Dulce María Loynaz,
Carilda Oliver Labra y José Martí. Para la Loynaz, como
para Matanzas, el elemento agua es recurrente en su obra
poética y alude a pureza, transparencia, vida. Carilda
está unida a la ciudad por su poesía erótica, donde la
cita a la humedad de los cuerpos se presenta más de una
vez en su obra; también ha incidido su relación vital
que hacen de ellas un solo cuerpo. La figura de Martí
corona con una alta estatua el parque; en este caso
sería una especie de homenaje.
La construcción
dramática, teniendo en cuenta los textos de los cuales
parte, sería, como denominó Moyano, poemática y no
narrativa. También se habla de elaborar el ejercicio a
partir de posibles antónimos de Matanzas: vida,
nacimiento, vitalidad.
Como recurso técnico
expresivo se empleará el zanco; elemento este que no fue
usado en el anterior taller y que le ofrecerá una
dinámica de intervención distinta.
Se piensa también en
la incorporación de elementos complementarios: música
afrocubana, un violinista, un coro, un grupo de danza.
Acción 2
En la plaza. Los
actores escalan la Pérgola que custodia un flanco del
parque. Se sitúan entre los rectángulos vacíos que
conforman su techo. La gente se detiene. Los actores
buscan un lugar y respiran. Comienzan a familiarizarse
con el estrecho sitio de apoyo. Clarita desde abajo les
da indicaciones para la respiración y la concentración.
Tienen ya una perspectiva del sitio de representación.
Poco a poco irán penetrando en él. Los actores comienzan
a hacer pequeños movimientos. Ejecutan ejercicios de
voz. También hay gente que pasa y no mira; otros quizás
miren por primera vez hacia arriba. Otros ni se atreven
a pasar por debajo de la Pérgola. A una orden de Moyano
comienzan a decir en altísima voz versos de Martí.
Cantan también la Guantanamera: la gente que pasa
sonríe. Un turista seguramente hace la foto del día.
Cada vez hay más gente mirando a lo alto. Ahora componen
imágenes entre ellos, entre el riesgo y el equilibrio de
los cuerpos. Algunos se atreven a correr, a trasladarse
velozmente; otros permanecen sentados y no intentan
pararse: sería elevarse sobre el vacío, un vacío que
tomará sentido. La Pérgola es un puente, un puente que
cruza la gran ciudad, que atraviesa la vida de su gente
y los obliga a comunicarse, a mirarse, ahora el que
cruza el parque esta navegando en los afluentes que
parten Matanzas. El riesgo aumenta. Terminan el
ejercicio sobre la Pérgola con un
«grito
salido de lo más profundo de las entrañas del espíritu»
—como
ha indicado el maestro—
que atraviesa el parque y choca contra la pared del
edificio del Ayuntamiento, construido el mismo año en
que nació Martí.
Han bajado. Ahora
todos, en el piso, trabajan con una larga banda
elástica. Crean figuras, tensan el cuerpo, se funden,
terminan en un amasijo de piel y carne. Esta imagen será
desechada durante el ejercicio final.
El trabajo se divide.
Un actor y una actriz se van con Clarita para trabajar
en la estatua de Martí y en el símbolo de la Libertad
que centra el parque. El resto, que no llega a una
decena, se sube en los zancos y recorre las cuatro
calles que flanquean la plaza pública. Todo termina con
el mediodía. Ahora comenzará a andar la idea por las
calles.
Día 2
La mañana se entrena
para los actores. Todos están ansiosos por subir a la
Pérgola. Desde ahora comienzan a fijarse acciones y
textos. Yo me ocupo de copiar el poema Canto a
Matanzas, de Carilda. Todo fluye. La energía es
común y se trabaja con euforia. Comienzan algunos
transeúntes a inquietarse por la acción plástica en la
estatua de Martí. El homenaje a Martí pasa a ser un
descubrimiento, por los propios actores, del hombre, el
ser humano lleno de conflictos y ternuras, que fue, el
hombre antiestatua, el hombre fuera de la piedra. Martí
es un hombre.
Día 3
El ensayo redobla sus
sesiones. Todavía con el sabor del desayuno, despertamos
la plaza. Después de almuerzo caemos sobre el parque
hasta que la luz se vuelve tenue. Al finalizar la
sesión, vamos a la sala Milanés, sede del Mirón Cubano,
para presenciar la programación teatral que se ha
diseñado especialmente por nuestro taller y un taller de
dramaturgia que funciona paralelamente. El hotel Guanima,
sede de los teatristas visitantes en Matanzas, es
«puro
teatro».
Día 4
Los actores ensayan
sus posiciones y los textos. Nos preocupa cómo
insertaremos a los músicos y bailarines en esta
«partitura
móvil».
Moyano también empleará la fachada y el balcón de la
Biblioteca, edificio decimonónico que esquina el parque.
Allí estarán los bailarines y, al inicio, los actores
crearán imágenes plásticas de conjunto.
Todo el día se
trabaja en el posicionamiento y la recreación del
espacio. Se decide que al finalizar el ejercicio, los
actores saldrán en zancos arroyando por la calle hasta
llegar a la sala Milanés, a unos metros del parque.
Día 5
La tensión y el
entusiasmo crecen. La gente que atraviesa el parque ya
se identifica con los actores. Los saludan. Una niña,
con un rostro perplejo, mezcla de ternura y
descubrimiento, se sienta en el contén del parque y le
pide a su abuelita que espere, que los artistas están
trabajando. Albio Paz la invita a que el sábado a las
once de la mañana venga al parque para que pueda ver la
obra completa. Mientras los fantasmas de la casa Triolet
se asoman a la ventana que da al balcón, y no quieren
perderse ningún detalle del nuevo paisaje que los
teatristas dibujan en el espacio.
Al caer la tarde, se
ensaya con los músicos.
Día 6
El día aparece más
temprano para todos. Los actores toman sus zancos y van
repitiendo los textos en el trayecto hacia el parque.
Los bailarines de Danza Espiral y su directora, Lilian
Padrón, van llegando poco a poco al parque. Nos
compramos pencas para el calor que comienza a subir. El
viejito de las pencas nos promete que estará a las once
sin falta. La sociedad civil de Matanzas baja por las
calles y se acerca al parque. Todos estamos un poco
nerviosos. Ya casi son las once. Adán, el diseñador del
Mirón, se ocupa del arreglo floral y de colocar la
bandera cubana a los pies de la estatua del parque. Los
actores se entrenan entre el paso de la gente. Moyano y
Clarita se miran con las expectativas por el cielo.
Ellos no lo dicen, pero todos sospechamos que están más
excitados que el resto. Estamos a punto de comenzar. Ya
va a comenzar. Los actores se ubican, casi al descuido,
frente a la fachada. Un violín se escucha en el ajetreo
mañanero. Los actores miran hacia el balcón donde ya una
novia juega con un largo velo y un poeta grita: Isa,
Isa.
La gente, sin darse
cuenta, ya es parte del espectáculo. Los actores crean
nuevas figuras sobre la fachada. La actriz desciende del
balcón y atraviesa el parque. El poeta se diluye entre
balcones. El violín se detiene.
Los actores corren
hacia la Pérgola y una actriz que encarna a Carilda, a
Matanzas, coquetea con un joven. Todos de repente suben
y es como si levitaran sobre la ciudad. Desde ahí cada
actor dice un verso del poema de Carilda, Canto a
Matanzas. Interactúan en un homenaje a la ciudad, a
sus ríos, a la zona femenina más delicada de Matanzas.
Sus puentes y sus ríos se convierten en un flujo de
gente que se saluda, se da los buenos días. Todos, en
una sentida conga se desplazan hacia el centro. Ahora es
Martí: un padre amoroso, un hombre que quiere salir
corriendo de un pedestal… Los actores develan ante los
ojos de todos los presentes, que cada vez son más, a un
Martí de carne y hueso, enamorado de la vida, fuerte,
audaz, amigo y padre. Un actor sale del grupo y
desciende por la estatua depositando un gran ramo de
mariposas en la mano que Martí deja caer a un lado.
Martí le regala a Matanzas, a la Estatua de La Libertad,
en ese gesto, una flor, la flor nacional.
Todos los actores se
posicionan en el complejo escultórico e inician una gran
cantoría con los Versos Sencillos del Apóstol. Al
final, el canto se convierte en jolgorio. El homenaje es
una fiesta tierna y cercana. Detrás de la estatua, se
reproduce de manera natural lo que el bronce ha
esculpido a los pies de la estatua: flores y bandera son
una sola imagen. Los actores rodean el pedestal.
En ese instante, en
que la imagen se ha congelado a los ojos del transeúnte.
Mientras, los bailarines de Danza Espiral le rinden
homenaje a Oshún, La Caridad del Cobre, la patrona de
Cuba. Matanzas también se verifica en esta zona más
auténtica de la cultura popular y tradicional. Los
tambores retumban. Los actores se preparan para invadir
con zancos la ciudad. Un coche se detiene y espera a los
bailarines. Los zancudos irrumpen en la calle, y la
gente, a ritmo de conga, baila y goza. A todos nos viene
encima la ciudad. La gente va internándose en los
afluentes de asfalto. Todos tienen en la pupila una
nueva ciudad, un nuevo parque. |