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EL FORO SOCIAL EUROPEO
Heinz
Dieterich |
México
Nosotros debemos ser la alternativa, el brazo armado, el
instrumento político de este movimiento «altermundista»,
dice el primer secretario del Partido Socialista francés
(PS), Francois Hollande, ante la confluencia de
alrededor de sesenta mil disidentes del orden mundial
capitalista, en el Segundo Foro Social Europeo (FSE) de
París.
Ante esta formidable ouverture (apertura)
socialista frente a aquellos que alguna vez han sido
calificados demagógicamente como «globalifóbicos», la
derecha republicana francesa no se quedó atrás. El
primer ministro de la República, Jean Pierre Raffarin,
dio la bienvenida a los manifestantes del FSE diciendo
que Francia los recibía «avec bonne humeur et
générosité», es decir, «de buena manera y con
generosidad» y evocó «la necesaria humanización de la
mundialización».
Consecuentes como el valiente guerrero galo Obelix ante
los romanos —y a diferencia de los filósofos y literatos
contemporáneos que pocas veces ponen sus fondos al
servicio de sus discursos— las dos fuerzas políticas
francesas no dudaron en sustentar sus ideas con sólidos
apoyos financieros para aquellos peregrinos políticos
que descendieron sobre la metrópoli francesa guiada por
su estandarte general: «Por una Europa de derechos,
dentro de un mundo sin guerra.»
Bernard Cassen, presidente de la Asociación por el Foro
Social Europeo (AFSE) y presidente honorario de aquel
culebrón lingüístico-organizativo galo que se conoce
como la Asociación por la fiscalización de las
transacciones financieras en beneficio de los ciudadanos
(Président d´honneur de Association pour une taxation
des transactions financières pour l´aide aux citoyens,
Attac) —que es otro competidor por la captura de las
almas socialistas que el colapso del socialismo
realmente existente dejó flotando en la diáspora del
planeta azul— pudo recibir dos subsidios de 250,000
euros cada uno, por decisión directa del presidente de
la República Jacques Chirac, quien se dejó convencer de
la utilidad de tal inversión por su asesor Jérome
Bonnafont, después de la impresionante performance del
Foro Mundial de Porto Alegre.
Otra subvención de un millón de euros fue autorizada por
el Ayuntamiento de París; 570,000 euros provinieron de
las arcas del progresista ayuntamiento del suburbio
parisino de Saint-Denis, lugar donde ya la heroína
nacional Juana de Arco había encontrado refugio ante el
sitio inglés de París, en un gesto que fue secundado por
otros ayuntamientos como los de Ivry y Bobigny. La
Organización No Gubernamental (ONG) Oxfam y la Agence
pour la francophonie, aportaron el equivalente de 82,000
euros. Finalmente, 450,000 euros se iban a obtener por
los derechos de inscripción de los participantes.
Los enormes gastos del evento, calculados en alrededor
de 3,7 millones de euros o casi 4,4 millones de dólares,
originados principalmente por el alquiler de las
instalaciones físicas (1,7 millones de euros) y los
sistemas de traducción (500,000 euros), no pueden ser
cubiertos con estos ingresos, de tal manera que algún
mecenas tendrá que abrir sus bolsillos para cerrar el
probable déficit.
El financiamiento que las estructuras estatales de una
de las principales potencias imperialistas del mundo
conceden para un foro que en su declaración oficial se
autoasume como un encuentro para los movimientos que se
oponen a «un proceso de mundialización capitalista,
dirigido por las grandes empresas multinacionales y los
gobiernos e instituciones internacionales al servicio de
sus intereses», muestra la inteligencia de la clase
política francesa; con la excepción, por supuesto, de su
extrema derecha que prefirió boicotear la comunión
internacional.
Hay buenas razones, por supuesto, para ser inteligente y
pragmático. Las elecciones regionales están a pocos
meses de realizarse, con un Partido Socialista sin
programa ni ideas y un Primer Ministro de la derecha
republicana, del cual la mitad de la población gala
opina que debería renunciar «de inmediato». La caza de
los votos de los disidentes, entre los cuales la
juventud tiene una fuerte representación es, por tanto,
una estratagema lógica dictada por el mercado político
de la nación.
Asimismo, las experiencias del Primer Foro Social
Europeo en Florencia y del Foro Mundial de Porto Alegre,
no se han olvidado. Alrededor de un millón de personas
desfilaron en la manifestación final de Florencia, en
noviembre de 2002, con una posible participación de los
jóvenes que se acercaba al 70% del total, pese a que el
presidente Silvio Berlusconi trató de impedir la gran
marcha por todos los medios a su disposición.
Una manifestación de tal magnitud no se repetirá en
París, porque hubo circunstancias particulares en Italia
que fueron claves para la movilización de las masas. Sin
embargo, el potencial político del movimiento, tanto en
lo referente a fuerza cuantitativa y electoral, como
cualitativa, es decir, en su capacidad de influenciar la
opinión pública mundial y de incidir sobre la
institucionalidad del Estado global capitalista, está
fuera de duda.
En la creación de la Corte Internacional Penal (CPI),
las ONG jugaron un papel importante, al igual que en la
Convención contra el uso de las Minas Terrestres y en el
movimiento contra la invasión anglo-estadounidense a
Iraq. De tal forma que la cohabitación (coexistencia)
con los disidentes de la globalización neoliberal, y su
posible cooptación, es la estrategia de mayor éxito
probable para los dueños del sistema global.
Al fin y al cabo, fue esa estrategia la que logró la
destrucción de los fuertes movimientos sociales «verdes»
europeos, particularmente el alemán y el francés, como
sujetos autónomos de la transformación social. Hoy, sus
protagonistas se encuentran entre los principales
innovadores del proyecto capitalista transnacional y los
fervorosos arquitectos del imperialismo europeo, como
son los casos de los ex anarquistas del movimiento
estudiantil del 68, el actual ministro de Relaciones
Exteriores alemán, Joseph August Fischer, y el aspirante
presidencial francés Daniel Cohn Bendit.
¿Significa la economía política del FSE que se trata de
un evento controlado por el gran capital europeo? No,
sería equivocado arribar deductivamente a esa
conclusión. La organización del evento ha sido
esencialmente democrática. En cuatro «asambleas
europeas» públicas en St. Denis, Berlín, Genua y Bobigny
se ha tomado las decisiones principales pertinentes al
foro final de París que trabaja en 55 sesiones
plenarias, 270 seminarios y muchos grupos de trabajos
organizados en torno a cinco ejes temáticos.
Si bien en esas reuniones no se guardaron principios
estrictos de la representatividad y de la votación
secreta, así como de otros aspectos importantes de los
procedimientos democráticos, la praxis preparativa ha
sido, sin duda, incomparablemente más democrática que la
de la democracia parlamentaria actual.
Un elemento «oligárquico» que se introdujo en la praxis
radicó en las comisiones preparatorias, cuyas múltiples
sesiones en diferentes países europeos solo pueden ser
financiadas por organizaciones que disponen de fondos
suficientes, lo que de hecho es un filtro contra la
participación de pequeños grupos e individuos.
Por lo demás, la calidad de este FSE variaba, como es
natural, de mesa en mesa, reflejando los intereses,
fuerzas relativas y fondos de las agrupaciones
anfitrionas. Desde la afirmación del eurocentrismo
europeo (la nueva constitución militarista y
transnacionalista), los sueños trasnochados del
sectarismo argentino (Ni ALCA ni MERCOSUR, pour
l´Unite Socialiste d´ Amerique Latine) y el
«Islamismo neofundamentalista moderno» (Tariq Ramadan),
hasta los testimonios de la persistente herida del
esclavismo y racismo africano, había de todo en la viña
del Señor.
Es decir, todo menos un eje temático que se concentrara
en lo más importante: un proyecto histórico para liberar
a Europa y el mundo de la civilización del capital.
(Tomado de Rebelión) |