|
La escultura de Ernesto Cardenal
Figura solitaria en nuestra plástica,
después de más de 30 años de dedicación constante,
Cardenal es el primer escultor moderno del país, por no
decir el primer escultor a secas.
Álvaro
Urtecho |
Nicaragua
•
GALERÍA DE OBRAS DE ERNESTO
CARDENAL
Ernesto Cardenal no
solo es el gran poeta de los Salmos y la Oración por
Marilyn Monroe. El poeta y sacerdote cantor de la
Liberación Nacional e inspirado intérprete del pasado
indígena americano, es también un destacado escultor,
cuya obra brillante e impecable enriquece el panorama de
nuestras artes plásticas que, sobre todo en la pintura,
goza ya del prestigio y reconocimiento nacional que ha
tenido la poesía.
Es evidente que la
fama extraordinaria de Cardenal como poeta ha hecho
pasar prácticamente desapercibida su obra plástica,
perdiendo de vista al público su personal trayectoria,
sus fases, su evolución, su ubicación en la tradición
escultórica nacional. Justo es decir que esta apenas
existe (Edith Gron —1919, Fernando Saravia— 1922, ambos
discípulos del maestro Genaro Amador Lira 1910-1983) y
que, como se puede comprobar, no ha producido ningún
movimiento o tendencia que se inscriba en la modernidad.
Figura solitaria en
nuestra plástica, después de más de 30 años de
dedicación constante, Cardenal es el primer escultor
moderno del país, por no decir el primer escultor a
secas. «Si Cardenal no hubiera sido poeta», dice Julio
Valle-Castillo, «si no hubiera escrito uno solo de los
versos de sus poemas, bastaría su producción de escultor
para avalar su nombre de artista».
Ya en 1956 y 1957,
antes de su crucial experiencia mística de Gethsemaní
(Kentucky), Cardenal había expuesto sus obras en la
Galería de la Unión Panamericana de Washington, llamando
la atención del crítico Gómez Sicre quien se refería a
sus «ingeniosas simplificaciones». Esta simplificación
de la forma, elemento fundamental de la escultura
cardenaliana, es producto de una búsqueda de la pureza,
de la esencialidad del objeto estético. El escultor
Cardenal procede como el poeta exteriorista que es: un
espíritu atento a la desnudez de la cosa, al dato que
percibe directamente (sin intermediarios ni retórica
figurativa) la mirada.
Un
escultor cuya concepción estética viene de Brancusi pero
que nutre su espíritu de la vivencia americana, popular
e indígena: ahí están sus figuras de animales típicos de
la fauna nicaragüense, es especial la de Solentiname y
el Gran Lago (garza, tucán, pato de chancho, iguana,
cusuco, tigrillo, pez espada, zanate), así como sus
cristos y monjes suidos en el silencio de la humildad y
la resurrección. Un arte primitivo y a la vez moderno.
Una expresión legítima del Nuevo Mundo aún por
descubrir. |