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SOLDADO DERROTADO
DE UNA CAUSA INVENCIBLE
 
La  doble lealtad, a la condición de escritor y a las convicciones políticas, han marcado el itinerario vital del poeta nicaragüense, quien ya en los años 60 se había convertido en uno de los iconos de la poesía latinoamericana. El tránsito que va de los célebres poemas de entonces a los recientes volúmenes de sus apasionantes memorias delatan, a la vez, la historia de una vida y la de un tiempo turbulento, contadas por un testigo de excepción.


Jorge Fornet| La Habana

 

Alguna vez rememoró Augusto Monterroso aquella época lejana en que los exiliados latinoamericanos refugiados en México terminaban cada velada, invariablemente, discutiendo sobre la situación política de sus respectivos países y exhibiendo cada uno sus propias angustias. E invariablemente eran interrumpidos por la explosión de uno de ellos: «¡Hablemos de literatura!». También contó Monterroso que el autor de tal exabrupto, que era, como ustedes imaginarán, Ernesto Cardenal fue, a la postre, el más politizado de todos.

Esa doble lealtad, a la condición de escritor y a las convicciones políticas, han marcado el itinerario vital del poeta nicaragüense, quien ya en los años 60 se había convertido en uno de los iconos de la poesía latinoamericana. El tránsito que va de los célebres poemas de entonces a los recientes volúmenes de sus apasionantes memorias, delatan, a la vez, la historia de una vida y la de un tiempo turbulento, contadas por un testigo de excepción. La historia, ya se sabe, la escriben los vencedores. Sin embargo, una vez más Cardenal atenta contra el sentido común para escribirla desde la perspectiva de quien se considera «soldado derrotado de una causa invencible». Que a los casi ochenta años de vida, las opiniones de Cardenal continúen levantando —según sea el caso— adhesiones y ronchas, es la prueba de su pertinencia y actualidad. Este regreso a Cuba y a la Casa nos lo devuelven, pues, no solo como el gran poeta que siempre ha sido, sino también como uno de los más polémicos y beligerantes intelectuales de hoy.

Por si fuera poco, tendremos la ocasión de ver por primera vez en Cuba una vertiente menos conocida de su obra, la escultórica, que no desmerece la que ha desplegado a lo largo de más de medio siglo con las palabras.

Antes de ceder la voz a nuestro invitado para que nos haga —según ha adelantado de su intervención de hoy— una meticulosa y exhaustiva historia del universo en 35 minutos, quiero agradecer la presencia de los estudiosos y amigos que han venido a acompañarnos, y dar —una vez más— al poeta extraordinario, al soldado supuestamente derrotado y al hermano de siempre Ernesto Cardenal, la más cordial bienvenida a la Casa de las Américas.

Palabras de presentación de  la Semana de Autor, dedicada a Ernesto Cardenal.
 

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