|
Ernesto Cardenal:
la voz sonora contra la opresión
Cardenal se convierte en el cronista contestatario del
mundo nicaragüense y, al mismo tiempo, de toda la
historia contemporánea latinoamericana, en una
implacable denuncia de los abusos políticos y
económicos, de la injerencia estadounidense que frena el
proceso de democratización de América Latina.
Francisco
Arias Solís |
Venezuela
|
«Yo he repartido papeletas
clandestinas,
gritado: ¡VIVA LA LIBERTAD! en plena calle
desafiando a los guardias armados.
Yo participé en la rebelión de abril:
pero palidezco cuando paso por tu casa
y tu sola mirada me hace temblar.»
Ernesto Cardenal |
A la
generación que reconoce en el grupo del «Taller de San
Lucas» a sus propios maestros pertenece Ernesto
Cardenal, quizá el poeta nicaragüense más conocido por
su militancia política, sus acentos revolucionarios, su
simpatía hacia el marxismo, por su irreductible
oposición a la dictadura y su condición de religioso. Ernesto
Cardenal ha sido calificado como el «más sonoro portavoz
de los ‘cristianos por el socialismo’, no por dedicación
política, sino como toma de posición espiritual en
cuanto a sacerdote», en palabras de José María Valverde.
La política le llevó, sin embargo, al decidido
enfrentamiento contra la dictadura de Somoza, pues tomó
parte en la rebelión contra el dictador. Su poema «Hora
0» de clara raíz política y tono combativo, inspirado en
la figura del general Sandino y constituido en un
beligerante ataque a las dictaduras, se convirtió en una
proclama histórica de singular trascendencia. La
adhesión al sandinismo revolucionario le llevó, andando
el tiempo y tras el triunfo de la Revolución sandinista,
al cargo de ministro de Cultura de Nicaragua.
Ernesto
Cardenal nace en Granada el 11 de mayo de 1925.
Perteneciente a una familia culta (es pariente de José
Coronel Urtecho), se trasladó a México después de
graduarse como bachiller; allí estudió Filosofía y
Letras y después amplió estudios en Nueva York. A su
regreso a su país, 1950, fundó la editorial El Hilo
Azul. Realizó numerosos viajes (en España dio a conocer
su antología Nueva poesía nicaragüense). Tras
diversos incidentes en su lucha contra la tiranía en su
país, madura su vocación religiosa e ingresa en el
monasterio trapense Nuestra Señora de Gethsemaní de
Kentucky, donde tiene como maestro religioso al también
poeta Thomas Merton. En 1961 se trasladó a Colombia,
donde estudió teología; en 1965 recibía en Managua las
órdenes sacerdotales, y a continuación fundó en el
archipiélago de Solentiname una comunidad religiosa que,
con los años, tendría gran importancia en la vida y obra
del poeta. Dirigente del Frente Sandinista de
Liberación, luchó contra la dictadura de Anastasio
Somoza, y expulsado este (1979) fue nombrado Ministro de
Cultura.
En el
ámbito de la poesía hispanoamericana es una voz
totalmente original. Su acento fue en un principio
sumamente pausado, inaugurando una tendencia definida
como neorromántica y que produjo éxitos relevantes en
La ciudad deshabitada y El conquistador. Entre 1952
y 1957 escribió una serie de Epigramas,
publicados en 1961, que aún hoy figuran entre los
aspectos más interesantes de su vasta obra poética.
Anteriormente había contribuido a difundir la poesía de
su país en una obra antológica, Nueva poesía
nicaragüense (1949), empeño sobre el que volverá más
tarde con la abundante selección de Poesía
nicaragüense (1975).
El
acento político se hace denuncia dramática en algunas de
las composiciones de Cardenal. Después de los
Epigramas, la lírica de Ernesto Cardenal se vuelca
hacia temas de mayor compromiso y hacia la búsqueda de
una expresión en la cual la poesía se manifiesta en el
lenguaje aparentemente desnudo de la crónica. En efecto,
Cardenal se convierte en el cronista contestatario del
mundo nicaragüense y, al mismo tiempo, de toda la
historia contemporánea latinoamericana, en una
implacable denuncia de los abusos políticos y
económicos, de la injerencia estadounidense que frena el
proceso de democratización de América Latina. Los lemas
y el vocabulario en general de la sociedad de consumo,
los anuncios deslumbrantes de los productos
norteamericanos, la vida deshumanizada y superficial
imitando al cine, la propia invasión de la lengua
inglesa son todos los factores que forman parte de una
inautenticidad que se superpone de manera híbrida y
dolorosa al genuino sentir del continente y que poeta
repudia duramente. Marilyn Monroe se convierte en
símbolo de este mundo de inautenticidad y violencia.,
pero con un sentido profundo de verdadera piedad. En la
Oración por Marilyn Monroe escribe Cardenal:
«Señor / recibe a esta muchacha conocida en toda la
tierra con / el nombre de Marilyn Monroe / aunque ese no
sea su verdadero nombre...»
En los
«Salmos» el poeta levanta nuevamente su voz contra la
opresión y la injusticia, canta al Dios omnipotente y
justiciero: «Escucha mi protesta / porque no eres tú un
Dios amigo de los dictadores».
El
compromiso de Cardenal con su país se manifiesta también
en los libros posteriores: Homenaje a los indios
americanos (1972), donde se sitúa en la tendencia
neoindigenista en una poesía apasionada y de gran poder
comunicativo, y «Canto nacional» (1973), dedicado al
Frente Sandinista de Liberación, en el cual la
dedicación es razón íntima del alma: «De esta tierra es
mi canto. Mi poesía de este clima». Entre sus últimas
publicaciones citaremos: Evangelio de Solentiname
(1974), Vuelos de victoria (1984) y Poemas
indios (1992).
Especial importancia tienen los dos tomos del
Evangelio de Solentiname, en los que la
interpretación del Evangelio se hace «desde abajo», o
sea, desde la simplicidad de la fe de los componentes de
la Comunidad fundada por Cardenal en el archipiélago
Solentiname, Gran Lago de Nicaragua, posteriormente
bombardeada y destruida en el último período de la
dictadura. Y como dijo el poeta nicaragüense: «Uno se
despierta con cañonazos / en la mañana de aviones. /
Pareciera que fuera revolución: / pero es el cumpleaños
del tirano».
|