|
EL GUILLERMO NUESTRO DE CADA DíA
Guillermo Rodríguez Rivera, uno de los fundadores de
El Caimán Barbudo en mayo de 1966, ha cumplido
sesenta años. Celebrarle su onomástico fue el pretexto
para que caimaneros de distintas generaciones se
reunieran en un atardecer lleno de reflexiones.
Paquita
Armas Fonseca|
La Habana
Guillermo Rodríguez Rivera, uno de los fundadores de
El Caimán Barbudo en mayo de 1966, ha cumplido
sesenta años. Celebrarle su onomástico fue el pretexto
para que caimaneros de distintas generaciones se
reunieran en un atardecer lleno de reflexiones,
preguntas, bromas y ron. Realmente fue una encerrona:
mientras Bladimir Zamora le sostenía la grabadora ante
sus labios, el resto se dedicaba a hacerle preguntas a
un ensayista, profesor universitario y poeta que ha sido
protagonista y testigo del decursar de la cultura en la
Isla en los últimos 40 años.
Guillermo, un hombre que une a su vasta cultura un
especial sentido del humor, tiene además una excelente
memoria. Los avatares de los primeros números de El
Caimán... llenos de tantos éxitos como
incomprensiones fueron desgranados como si se tratara de
hechos ocurridos hace un lustro. Parecía que Wichy el
Rojo en cualquier momento se presentaría ante la
invocación del amigo. O también Jesús Díaz el primer
director del saurio.
Aymara
Aymerich, joven poeta y narradora, que lo conoció en una
prueba de ingreso en la Universidad, le preguntó sobre
El Caimán... Guillermo no vaciló en decirle que
dejar la publicación fue doloroso porque era como un
hijo que nacía cada mes, pero luego habló de su otro
gran amor: la docencia.
Profesor en las Universidades de Oriente y de La Habana.
Guillermo ha impartido clases a una parte considerable
de hombres y mujeres que hoy son poetas, narradores o
ensayistas y lo recuerdan por su especial sentido a la
hora de enrumbar la enseñanza.
Su vida laboral comenzó en 1961 como reportero y
cronista de la revista Mella y de Radio Reloj,
luego lo hizo en las revistas Unión y
Revolución y Cultura, pero como profesor lleva ya 33
años en la Universidad de La Habana, institución en la
que obtuvo la categoría de Doctor en Ciencias
Filológicas.
Cambio de impresiones
fue su primer poemario publicado en 1966 y para la
próxima Feria del libro, con el sello UNIÓN, deberá
salir Canta, una antología de su obra poética en
la que aparecerá incluido de forma completa por primera
vez El libro rojo, que fuera finalista en el
concurso de Casa de las Américas de 1970. En el lapso
intermedio ha publicado: en 1983 En carne propia,
una recopilación de sus poemas de tema amoroso; en 1994,
la Editorial Solar, de Mérida, Venezuela, editó su
antología poética Para salir del siglo XX.
Ensayos voluntarios
fue publicado en 1983, y veinte años después prepara
Por el camino de la mar, otro volumen que recoge
un grupo de ensayos que a su juicio son los mejores.
Escrita con Luis Rogelio Noguera, su novela El cuarto
círculo, fue ganadora del concurso Aniversario del
Triunfo de la Revolución, del MININT en 1976. Otros
libros suyos son: Sobre la historia del tropo poético
en 1983, que tuvo una segunda edición en 1999 con
varias correcciones y adiciones, bajo el título de La
otra imagen, por las Ediciones Unión y Alguien,
otra novela que en 1993 ganó el mismo premio en el
género policíaco.
Como profesor ha
impartido clases, además de en las referidas
universidades cubanas, en París, en Saint Denis,
Francia; en la de los Andes, en Venezuela y en la de
Islas Baleares, en Palma de Mallorca, en tanto ha
impartido conferencias para públicos de España, Francia,
EE. UU., Perú y Unión Soviética, entre otros países.
Una de las facetas
creativas menos conocida de Guillermo es que compone
música. Textos suyos han sido utilizados en canciones,
pero ahora se trata de la melodía, temas a los que da
forma ¡y quién sabe! si sigue la línea de la trova
santiaguera, en la que bebió de niño en su defendida
ciudad natal.
Buen aniversario para
ese locuaz santiaguero. «Yo no le voy nunca a
Industriales, mi equipo es el de allá, aunque no
vuelva», dice antes de soltar su risa socarrona. Risa
que compartió en esa tarde de cumpleaños con los
trovadores Carlos Varela y Eduardo Sosa, además de los
caimaneros «de plantilla». |