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DECLARACIÓN DE LOS SIERVOS
 
Los Siervos regresa a las tablas cubanas. Para ello, Teatro de la Luna ha renovado su elenco con jóvenes provenientes de canteras tan prolíficas como el Buendía o El Público.


Emeris Sarduy Zamora | La Habana


¡Ciudadanos! 

En vista de que la igualdad social

no es tan igual como parece;

en vista de que el caronismo se compone

de partes desiguales de señores y siervos

—mayor número de partes serviles,

menor número de partes señoriales—

y en vista de que las partes serviles

y las partes señoriales están obligadas

por la razón de Estado

a no manifestar su verdadera condición,

en vista de todo eso,

nos, siervos encubiertos,

nos declaramos siervos serviles

y juramos defender el servilismo hasta la muerte.

 

¿Qué elementos convierten a un texto en una provocación? El teatro, efímero, inmediato, cercano al público, a lo largo de su historia ha tenido el poder de agitar y ayudar a cambiar la realidad de su entorno.

Virgilio Piñera, conciente de ello, escribió un texto como Los Siervos, aparentemente absurdo, lúdico casi, pero capaz de agitar profundamente al público, razón por la cual estuvo sepultado durante años, esperando por un director como Raúl Martín, irreverente, irónico, con un agudo sentido del humor, características compartidas con el genial dramaturgo que, con Electra Garrigó a Aire Frío, ya tenía aseguradas la permanencia y reverencia de generaciones enteras de teatristas.

La boda, también puesta en escena y tela  de análisis por Teatro de la Luna, es otro de los textos virgilianos que marcan para Martín no solo una tendencia, sino también una vía de sabiduría teatral.

Pues bien, Los Siervos regresa a las tablas cubanas. Para ello, Teatro de la Luna ha renovado su elenco con jóvenes provenientes de canteras tan prolíficas como el Buendía o El Público, quienes junto a experimentados actores de la agrupación como Mario Guerra, Roberto Gacio, Amarlys Núñez y Gilda Bello, han asistido a un interesante proceso que consiste en volver a textos y puestas en escena que ya han sido valoradas por público y crítica favorablemente, apoyándose para ello en actuaciones formidables de actores como Déxter Cápiro y Grethel Trujillo. El reto, asumido ya por Mario Guerra con El enano en la botella, fue todo lo cumplido que pueda esperarse. Estamos en presencia de un director de actores que conoce a profundidad los textos con los que trabaja, que tiene un criterio propio e inteligente acerca de lo que debe ser el teatro y de los resortes que mueven, y se mueven en la puesta en escena.

En el caso de Los Siervos, el anterior montaje contaba con excelentes coreografías y actuaciones que apoyaban una sólida revisión dramatúrgica. Luces, sonido, escenografía y vestuario, cumplían igualmente con su cometido, logrando una puesta en escena sin fisuras, comprometida con el rebelde espíritu de su creador, agitadora e inquietante.

Siervos que se declaran abiertamente siervos, señores que lo son encubiertamente, el poder al derecho y al revés, diseccionado, manipulado él mismo. La hipocresía y el miedo. La irreverencia total, descarada, humorística casi.

¿Son estos elementos suficientes para condenar un texto dramático al silencio? Pues parece que podrían ser, que en el momento en que Los Siervos fue escrita, habían suficientes Dimanisios y Nicletos como para que estos últimos, al igual que en la obra, temieran por su cabeza por esgrimir una peligrosa filosofía, aparentemente absurda, por bandera. A su vez, y luego de leer atentamente la Declaración que inicia estas cuartillas, los señores encubiertos, enfrentados al descaro de los siervos serviles, temieron tanto que sepultaron la pieza, hasta que fuera rescatada —para nos, respetable público— por Teatro de la Luna.

Enhorabuena para este segundo intento de Raúl Martín, quien se presentará en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba.

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