Aniversario 55 del Ballet Nacional de Cuba (BNC)
LOS APLAUSOS NO SE PUEDEN RECOGER
Anuncian temporada festiva en el Gran Teatro. Incluye el
estreno aquí del ballet Shakespeare y sus máscaras.
Catalogan de exitosa reciente gira por EE. UU. La Ley de
Ajuste Cubano igual confunde a jóvenes bailarines. La
compañía se vio obligada a retirar a Las sílfides
del programa. Nada impide que las funciones del BNC sean
un mensaje de paz, cultura y unidad para un mundo que lo
necesita.
Hilario
Rosete Silva |
La Habana
El pasado miércoles Alicia Alonso y el Ballet Nacional
de Cuba (BNC) convocaron a la prensa en la sala de
juntas del hotel Meliá Varadero, joya del balneario
patio, para informarles sobre la temporada por el
aniversario 55 del BNC que tendrá lugar entre el 6 de
diciembre y el 11 de enero próximos en la sede de la
compañía, el Gran Teatro de La Habana.
La conferencia justipreció la recién finalizada gira del
conjunto por EE.UU.; anunció el IV Concurso
Iberoamericano de Coreografía CIC 2004, con fecha tope
de admisión de las obras (en cintas de video, formato
VHS) fijada para el 30 de mayo; llamó a un curso
internacional sobre el estilo, la técnica y los
conceptos interpretativos de la escuela cubana de
ballet, que será impartido durante el 19 Festival
Internacional de Ballet de La Habana (octubre de 2004);
y presentó el número 100 de la revista Cuba en
el Ballet y el multimedia «Alicia Alonso», disco
compacto que viene a constituirse en el mayor referente
de la vida y obra de la diva antillana.
«¿Vieron qué delgada estoy?», se dirigió la directora
general de la afamada compañía a decenas de periodistas,
trabajadores y directivos del BNC y de la instalación
hotelera que desde las 11 y media de la mañana
esperábamos por ella. «Y muy elegante», respondieron
varios colegas. «Debo decirles que salimos un poquito
tarde de casa», comenzó excusándose «luego, en el
Malecón, caímos en un tranque, después nos ponchamos, y
más tarde nos pararon porque veníamos a exceso de
velocidad... ¡No ha sido una película, es una realidad!
(risas en el público).»
«Estamos bien excitados», continuó. «Celebramos los 55
años de nuestra compañía, de la compañía de Cuba, de una
compañía internacional, considerada entre las cuatro
mejores del mundo, pero que según aprecio es ¡muy, muy,
muy..., la mejor! (de nuevo risas), con muchos
talentos, con una gran escuela, que viene de una gira
por EE. UU., anteriormente la hicimos por Europa, donde
alcanzó un triunfo tremendo.»
Decano de la danza en la Isla
El BNC
celebrará su aniversario 55 con el estreno en casa, por
intermedio de siete funciones (días 6 y 7, y del 10 al
14 de diciembre) de la creación más reciente de la
Alonso: Shakespeare y sus máscaras. Con música de
Ch. Gounod, adaptación orquestal de J. Piñera, y libreto
de J. R. Neyra sobre la tragedia de Romeo y Julieta,
de W. Shakespeare, esta «coproducción» entre el BNC y la
Généralité de Valencia, «llena de baile y movimiento»,
tuvo su estreno mundial en aquella ciudad y fue
ensalzada, en boca de Alicia, por la escenografía del
cubano R. Reymena, «¡me encanta!», el vestuario del
español Pedro Moreno, «genial», y las luces de la
también española Gloria Montesinos, «no lo voy a
celebrar más, cada uno lo percibirá a su modo y quizás
luego no alcancen las expectativas de su imaginación».
«Como siempre, tenemos muchas cosas, estamos muy vivos,
llenos de futuro y optimismo», declaró. «En las artes y
en el ballet ocupamos hoy las primeras filas, es el
idioma más maravilloso que podríamos hablar, es el
mensaje de paz, cultura y unidad que el mundo
necesita.»
Miguel Cabrera, historiador del BNC desde 1968, recordó
que de todos los conjuntos danzarios nacionales el único
que tiene una existencia anterior al triunfo de la
Revolución cubana es el hoy Ballet Nacional de Cuba,
nacido el 28 de octubre de ¡1948!, y no de 1848, como
por errata apareció en un documento entregado por los
organizadores.
— ¡Eso es maravilloso!
―reaccionó
la Prima Ballerina Assoluta―,
si me preguntan la edad tengo 100, y si siguen
preguntándome, llego a los 200.
—A lo mejor es una premonición de que nos reuniremos un
siglo más tarde todos juntos aquí
―replicó
el historiador.
Derroche de talento en Norteamérica
Por su parte Salvador Fernández, subdirector técnico y
diseñador, hizo una valoración de la gira que realizó el
BNC por EE. UU. entre el 3 de octubre y el 15 de
noviembre últimos:
—Hacía mucho que una compañía de ballet, nacional o
extranjera, de la envergadura del BNC, no realizaba una
gira tan larga y por tantas ciudades de Norteamérica.
Fue exitosa desde el punto de vista artístico, pero
también lo fue por la crítica, por las implicaciones de
nuestra presencia en ese país, razones sobre las cuales
hay poco que abundar, son obvias. Les dimos una lección,
les mostramos cómo debe moverse una compañía de ballet,
aún cuando resulte agotador. Esto significa viajar de
noche en autobús, llegar por la mañana, montar, ensayar,
actuar, y salir para el siguiente punto. Cuando uno cree
en lo que hace se siente menos el cansancio.
—Lugar especial merece el entusiasmo del público
―lo
interrumpió Alicia.
—Así es. Hubo funciones inolvidables, y no solo en las
grandes ciudades. Hubo una bien importante en Tampa, en
la Florida. Al final parecía que había concluido un
juego de béisbol. El público no paraba de aplaudir.
— ¿Ahí no fue donde nos acompañaron hasta el hotel?
—Exacto. Quizás influyó el hecho de que Tampa no es
ciudad de una gran vida cultural. El teatro tenía unas 3
mil localidades. La gente nos esperó afuera y nos
acompañó hasta el hotel, que se encontraba enfrente. Son
esas las funciones que te inyectan suficiente adrenalina
para seguir adelante. No fue la única, pero fue al
inicio de la gira y significó un estímulo. Después
vendrían otras en urbes que sí tienen una intensa vida
cultural. Nueva York una vez más se rindió a nuestros
pies. La crítica fue totalmente favorable. Igual sucedió
en Chicago y Los Ángeles, y también en lugares,
diríamos, «pequeños», pero ilustrados, como en
Charleston, en Carolina del Sur.
En total, el BNC se presentó en 19 ciudades de 13
Estados de la Unión. No ha sido su gira más extensa por
ese país, pero sí la más intensa. Se hicieron 29
representaciones en un mes y 16 días. «El BNC ha
bailado, de verdad, para los norteamericanos, ¡de
verdad!», diría la Alonso, quien abundó sobre un aspecto
para ella conmovedor:
—A lo largo de la gira se fueron acercando personas que
en la época inicial pertenecieron a nuestro ballet.
Venían a vernos muy emocionados. Para ellos el BNC era
su compañía. Yo miraba hoy el programa de una función
del Ballet Alicia Alonso. La mayoría eran
norteamericanos. Entonces ni de asomo contábamos con
cubanos preparados para integrar el elenco. Que estos
antiguos compañeros se presentaran fue emocionante, da
una idea de lo que es la unidad humana. Es algo
inolvidable.
Pedro Simón, director del Museo de la Danza y de la
revista Cuba en el ballet, también resaltó lo que
él consideró especial en el recorrido:
—Este año hubo muestras adicionales de cariño, respeto,
simpatía y admiración por parte del público hacia los
cubanos y hacia Cuba. Había como una intención de que
nos sintiéramos bien. Las funciones de Don Quijote
fueron interrumpidas constantemente. El público
reaccionaba ante cada paso virtuoso o momento gracioso,
aplaudía, se reía, participaba del espectáculo,
«bailaba» con los bailarines. El caso de Tampa
(vinculada con Martí y nuestras guerras de
independencia) fue notable, y coincidió que la función
allí se hizo un 10 de octubre. En San Diego, Estado de
California, sucedió algo parecido. Estaban previstas dos
funciones. Para la primera ya estaban vendidas las casi
4 mil lunetas del teatro, mas quedaba lugar para la
segunda. Y sucedió que gracias al éxito del primer
espectáculo y a su repercusión, una hora antes de que
comenzara la función del día siguiente, ya estaba de
nuevo vendido todo el teatro. Fue una experiencia
interesante, sobre todo para los bailarines jóvenes.
Cuando hay un público tan receptivo, los artistas se
sienten estimulados y tratan de dar más. En ese sentido
la compañía se creció, tanto las primeras figuras como
el cuerpo de baile bailaron «a tope», hicieron funciones
memorables.
—Cinco bailarines desertaron del BNC durante la gira.
¿Qué impacto tiene esto para el conjunto y, en
particular, desde el punto de vista afectivo, para
Alicia Alonso?
―preguntó
una periodista de AP.
—Es doloroso
―respondió
ella desde lo profundo. Son gente joven, que inician su
carrera, que no están formados por completo. Nosotros
tenemos gran cuidado con ellos. Reciben una educación,
una enseñanza esmerada por parte de todos sus profesores
durante años. No creo que haya otro país que lo haga con
tanto amor y sin costo alguno. Luego, tienen un público
que siempre los celebra. Es ahora cuando deben empezar a
hacerse como artistas. ¿Dónde van a conseguir eso, dando
tumbos de un lado a otro? Nos crea preocupación. Pero
bueno, ¿usted ha empinado un papalote? Entonces sabe con
cuánto celo uno escoge las varillas, el papel, los
colores, para echarlo a volar. Y después viene alguien o
algo, y se le corta el hilo al papalote y se va «a
bolina» («queda a merced del viento»). Esa es la
sensación: se han ido «a bolina», y tendríamos que estar
tristes. Es triste ver cómo se engañan con la llamada
Ley de Ajuste Cubano. ¡Qué confusión les trae! Y claro,
eso daña a los otros, son compañeros, han crecido
juntos. Pero tenemos una gran compañía, con mucho
talento dentro. Hay muchos en «la cola». Aquí se quedó
casi otra compañía entera. (Aplausos.)
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Las sílfides |
—El BNC retiró del programa Las sílfides, porque
el American Ballet Theatre (ABT) adquirió la exclusiva
de los derechos para Nueva York del legado de M. Fokín.
¿Esto tendría efecto sobre presentaciones futuras en
Cuba o en el extranjero?
―se
interesó el redactor.
—Ese ballet fue creado por Mijaíl Fokín, coreógrafo
ruso, a principios del siglo XX
―contestó
Pedro Simón a pedido de Alicia. Lo creó con el nombre de
Chopiniana (1903), y luego lo revisó y
reestrenó con el nombre de Las sílfides (1909).
En el ABT fue donde él montó la versión definitiva.
Alicia tuvo la oportunidad excepcional de aprenderlo, de
trabajarlo así, fiel en su estilo, directamente con
Fokín. De ahí la especial importancia que se le concede
a la versión del BNC sobre esta obra. Ella forma parte
de su repertorio desde su fundación y ha sido
interpretada por la compañía en innumerables ocasiones
en el mundo entero, inclusive en EE. UU. Allá la llevó
el BNC en su gira de 1978-1979, con lo cual consiguió
crónicas muy elogiosas publicadas entonces en el New
York Times. Tal vez sea esta la más legítima, la más
madura...
—No por gusto la empresaria que nos llevó a EE. UU.
―intervino
Alicia―
nos pidió que la lleváramos, quería que el público
norteamericano pudiese volver a verla.
—Pero sucede que últimamente apareció una nieta de Fokín,
creadora de una especie de fundación, que intenta
comercializar la herencia del abuelo. Quienes conocen
las legislaciones sobre derecho de autor saben que
cuando este cumple más de 60 años fallecido su obra pasa
a ser un derecho público. Hace más de seis décadas que
Fokín murió (en 1942). Por lo tanto, Las
sílfides, según las leyes internacionales, ya es de
derecho público. Sin embargo, este trust Fokín,
no sé cómo le llaman exactamente, con sede en Londres,
hizo una maniobra aparentemente legal y reinscribió las
obras del coreógrafo, por lo cual es preciso de nuevo
comenzar el conteo de los años. Dicha fundación Fokín y
uno de los patrocinadores del ABT establecieron
contactos y firmaron un contrato muy raro mediante el
cual aquella le cede a este en términos de exclusividad
la representación de Las sílfides durante un
lustro. Los críticos de ballet han puesto el grito en el
cielo. Reconocen que en el caso de la versión del BNC se
le priva al público norteamericano de ver una de las
puestas en escena más legítimas de esa obra, mientras
consideran el hecho como una falta de cortesía para con
nuestra compañía, con la cual el ABT, al que Alicia
Alonso ayudó a poner en el mapa, siempre sostuvo
magníficas relaciones. A propósito de la gira, un tanto
ingenuamente, nosotros llevábamos Las sílfides, y
hasta llegamos a bailarla en Gainesville (ubicada al
centro-norte de la península de la Florida), ante lo
cual el patrocinador del ABT hizo una reclamación a la
empresa que nos había contratado, declaró a la prensa su
negativa a hacer dejación de unos derechos por los
cuales había pagado, y, no obstante, manifestó su
«generosa» disposición a permitir que el BNC, si se veía
en un conflicto por la necesidad de retirar la obra del
programa, bailara en su lugar, con los vestuarios del
ABT, el segundo acto de El lago de los cisnes. ¿?
Nosotros no necesitábamos eso. Precisamente nuestro
repertorio incluía en La magia de la danza ese
segundo acto de El lago..., así que sustituimos
Las sílfides por El lago..., pero lo
bailamos con nuestros vestuarios. El proceder no nos
impide seguir bailando Las sílfides aquí y en
todo el mundo.
—Hay algo muy rotundo en todo esto
―acotó
Miguel Cabrera―,
cuando el BNC bailó Las sílfides en EE. UU. en
1978-1979 un titular del New York Times dijo: «El
Ballet Nacional de Cuba: Los herederos de Fokín.» La
nieta no sale muy bien parada de eso.
—Es que no sabía leer entonces
―soltó
la Prima Ballerina Assoluta.
— ¿El BNC o el Festival Internacional de Ballet de La
Habana se ha visto o se verán afectados por la posición
que en un pasado reciente adoptó la Unión Europea frente
a Cuba?
―indagó
un colega.
—En
absoluto
―respondió
Alicia―,
inclusive puedo decir que a través de Loipa Araújo y
Cristina Álvarez, estamos preparando una versión de
Cascanueces que será interpretada en el mes de
diciembre por los alumnos del Instituto Superior de
Danza Alicia Alonso de la madrileña Universidad Rey Juan
Carlos. Allí tenemos un teatro precioso y muy buenos
estudios para impartir las clases. De la misma forma, ya
lo dijimos, estrenamos Shakespeare y sus máscaras,
en Valencia. No creo que estemos afectados ni que lo
estaremos en el Festival. También hablamos aquí del
Seminario Flamenco en La Habana, empresa donde aunamos
esfuerzos el BNC y la Junta de Andalucía. Y después
seguiremos las Huellas de España...
—Nuestra relación con las comunidades ibéricas es muy
cordial
―apuntó
Pedro Simón―,
hasta ahora no hubo ningún síntoma en sentido contrario.
—La sangre sigue corriendo igual por nuestras venas
―remató
el tema la Directora general del Ballet Nacional de
Cuba.
—La bailarina y coreógrafa Lorna Bursan
―se
dirigió a Alicia Alonso en los finales el enviado de
Prensa Latina―,
me hizo una confesión. Cuando ella le preguntó a usted
cómo su ballet y su obra se mantenían tan vitales, usted
le contestó: Kick on the ball. ¿Qué quiso
decirle?
— (Ella se ríe a carcajadas.) «Pateando la
pelota...» Hay algo que uno no puede dejar dormir, y es
el cerebro. Debe estar funcionando y creando todo el
tiempo, yendo adelante mientras piensa qué fue lo que
hizo mal, para ver cómo lo hace mejor. Eso lo estimula a
uno. Y, desde luego, el ejercicio físico. Pero lo más
importante es tener por qué vivir. Yo vivo del ballet,
es lo que más me gusta y lo que mejor puedo ofrecer, y
todo lo que lo rodee me mantendrá viva siempre.
Amén de Shakespeare y sus máscaras
La inminente festividad incluirá las presentaciones de
Don Quijote (días 25 al 27 de diciembre),
Cascanueces (días 1, 3 y 4 de enero) y Giselle
(del 8 al 11); el anuncio del fallo del concurso La
danza en la poesía; una conferencia del historiador
Miguel Cabrera, a la que seguirá la cancelación de una
edición filatélica alegórica (Museo de la Danza, día 2
de diciembre, 4:30 p.m.); y la impartición del I
Seminario Flamenco en La Habana.
Dicho seminario está dividido en dos etapas y/o
unidades. La primera, del 23 al 30 de noviembre, cuyo
nombre coincide con el del seminario, incluirá clases de
cante, baile, contrabajo, bajo eléctrico y guitarra. La
segunda, del 20 al 28 de diciembre, como indica su
título, tratará sobre la Iniciación a la creatividad
coreográfica y será impartida por la bailarina Eva
Yerbabuena. «Esta enseñanza es un regalo hermoso para el
BNC en su aniversario 55, y una muestra de afecto,
cariño y solidaridad entre los pueblos de España y de
Cuba», reparó Miriam Vila, responsable de cursos y
eventos del Ballet.
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Canto vital |
En el mismo mes de diciembre tendrán lugar la exhibición
(cine Charles Chaplin, día 10, así a las 4:30 p.m.) de
Giselle (1963, Enrique Pineda) y Espiral
(1991, Miriam Talavera), restaurados para la ocasión,
ofrenda del 25 Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano al BNC; la presentación, con el favor de
El Mesón de la Flota, de un coctel que lleva por nombre
El 55 (Cafetería del Gran Teatro de La Habana,
día 27, 7:30 p.m.); y el estreno de Clásico embrujo
español, otro homenaje al grupo, pero del Ballet
Español de Cuba (igual en el Gran Teatro, días 28, 29 y
30).
Entre 1948 y 1956, con el nombre de Alicia Alonso,
nuestro ballet enfrentó disímiles avatares. Después de
1959, pugnando por insertarse en la cultura nacional y
latinoamericana, ya como Ballet Nacional de Cuba,
comenzó a vivir un nuevo período. «Los aplausos no se
pueden recoger, las flores se marchitan», diría el
biógrafo, pero desde entonces realizó 144 giras por 59
países, creó 607 obras
―
¿récord Guinness?
―
y consiguió 108 distinciones internacionales, entre
ellas cuatro Grand Prix, 10 medallas de oro, 12 de plata
y 10 de bronce... La creación del BNC, hace hoy 55 años,
es, sin duda, una página heroica de la cultura cubana. |