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Bladimir Zamora Céspedes | La Habana

HONDA MADERA DE TROVADOR

ESCUCHE ALGUNOS TEMAS DEL CONCIERTO EN BELLAS ARTES

 

Hace apenas una semana la mítica salita de teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, fue el recinto donde se realizó un hecho musical, que ya me atrevo a considerar como uno de los más importantes entre cuantos ocurran en este fin de año. En la noche del sábado quince de noviembre Eduardo Sosa y sus invitados subieron a su escenario, para hacer un concierto de esos que por su autenticidad, logran que al marcharte a casa seas un ser humano mejor.

Siempre me parece edificante preguntarse las razones que han podido propiciar un hecho artístico, limpio como las aguas mismas despeñándose en la sierra, capaz de mantener durante casi dos horas al público como un solo corazón emocionado.

Sosa nació entre el entorno y las gentes transidos de pureza de Mayarí Arriba. Allí escuchó las primeras canturías y allí empezó a escuchar sobre todo por la radio las mil músicas que se producían muy lejos de su barrio. Se fue a estudiar y es graduado de Educación Musical en un Instituto Pedagógico, pero nunca lo abandonó la voluntad de sorprendernos, ni la sencillez, que solo puede crecer entre quienes tienen la suerte de alzar la vida desde la ruralidad.

Desde la adolescencia comenzó a cantar desprejuiciadamente cualquier canción que se le pusiera por delante y le agradara. También comenzó a componer muy pronto y como es de suponer, en sus composiciones se hacen elocuentes los referentes que él fue depurando como imprescindibles para su sensibilidad: La Trova tradicional, el jazz, los ritmos de Brasil, la llamada Nueva Trova.

Después de haber cantado mucho y solo, se produjo su lanzamiento a la popularidad, al integrar con Ernesto Rodríguez el Dúo Postrova, sin dudas una de las agrupaciones emblemáticas de la canción joven proyectada en los años noventas. Ellos lograron demostrar que en la interpretación se puede partir de las más firmes raíces tradicionales de la música cubana y lograr insertarle elementos de las más variadas e importantes vertientes cubanas y foráneas.

Hace más de un año Sosa se las arregla solo con la guitarra y las canciones que se lanzan sobre la cabeza como aves tentadoras. El se mantiene sabrosamente agradecido de la experiencia de Postrova, que lo llevó a la radio, a la televisión, a otros países y a los estudios de grabación; pero tiene ahora el natural interés de que se le reconozca en su desempeño de cantor individual.

Lo sucedido en ese concierto que me ha metido en estas reflexiones, que él con sabiduría y cariño tituló No tan solo, es una brillante prueba de que tiene derecho a ello. Estuvo acompañado por Emilio Vega, tan entregado en el piano como en el bongó. Raúl Verdecia, haciendo gala de su virtuosismo transparente en las guitarras eléctricas. Juan Pablo Domínguez con su bajo contundente. Jorge Emilio Pérez, poniendo con brillantez al servicio de la música nueva de Cuba, su cajón y su Yembé. Y el Dúo Karma (Sochi y Fito), haciendo coros con sus voces de cautivadora lozanía. Fueron llamados ocasionalmente para preparar el espectáculo y se emplearon con tal familiaridad, que parecían los miembros habituales de una banda que todavía no tiene el músico santiaguero.

Delante de ellos, guitarra en ristre, estuvo Sosa con su poderosa y dulce voz, para demostrar durante más de quince canciones, su honda madera de trovador. Ninguno de los que tuvimos la suerte de ser su público, descartaría alguna de las piezas que nos ofreció, pero ser humano al fin, uno siempre tiene preferencias. Canciones que ya quisiera tener siempre consigo. Pienso en ese son de altura que es «Contramaestre», o esa especie de guaracha son que es «María», o las pícaras «No saques cuenta» y «Yo te encontré», así como algunas de un fino lirismo: «Se están amando», «Dormida sobre el piano» y «Lejos de mis fantasmas». En un lugar muy especial del espíritu hay que guardar, su interpretación de versos sencillos de José Martí, donde la palabra de nuestro hombre mejor, flota como pájaro reciente al soplo de la voz de Sosa.

Ya este muchacho que ha trasegado desde Mayarí Arriba, hasta la salita fundacional de Bellas Artes, ha puesto de manifiesto que es una de las voces actuales de mayor importancia, en la canción cubana. Nos falta, al trovador y a nosotros, que aparezcan pronto las posibilidades de hacer sonar sus canciones continuamente, desde la piel bruñida de los discos.

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