La Jiribilla | EL GRAN ZOO      
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

CUBA EN EL MUNDO

BUSCADOR

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
CALLE DEL OBISPO
MEMORIAS
APRENDE
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
TESTIMONIOS
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

     

ANTERIORES

BOLETO A YUMA

Explotación sexual de migrantes

Francisco Robles Nava
La Opinión


Sus rasgos y cuerpos son de promiscuas jovencitas; sus sonrisas, de traviesas adolescentes; y sus pláticas, de lo que realmente son: unas niñas.

«Yo siempre quise tener una Barbie, pero en la casa no había dinero para esos lujos. Mi mamá, abandonada por mi padre cuando estaba embarazada, ganaba muy poca plata de sirvienta en una casa de ricos», dice una, con acento salvadoreño. «Mis padres tenían que trabajar muy duro, mientras yo cuidaba y daba de comer a mis cuatro hermanitos. Así que no tuve tiempo de jugar a las muñecas», comenta la segunda, con timbre hondureño.

Mientras las dos chicas recuerdan su pasado inmediato, lleno de carencias y frustraciones, no pueden evitar que las lágrimas se derramen sobre sus rostros morenos, tan tiernos como trasnochados.

Son Liza y Edith, ambas de 15 años, quienes pretenden esconder sus cortas edades con excesivas líneas de colorido maquillaje en los entornos de sus ojos y boca. Son niñas que no tuvieron infancia, y que artificialmente pueden aumentar sus años, pero no su realidad.

Una y otra son parte de los cientos, si no miles, de ‘mujeres de la vida nocturna’ que trabajan en bares, cantinas, y prostíbulos localizados en poblados y ciudades de la frontera sur de México y en los corredores migratorios que dirigen al norte del país. Un recorrido por estos sitios, de nombres tan exóticos como Loph, Extasis, e Imperio, por mencionar algunos, revela un rostro humano más de la migración indocumentada a EE.UU.

En este tenso ambiente de música sobremodulada, bebidas alcohólicas, y amor a la venta, la conversación con Liza y Edith se desarrolla al principio en monosílabos de «sí» y «no». Sin embargo, las frases sueltas y aisladas se extienden y profundizan en la medida que pasa el tiempo y adquieren confianza en el corresponsal.

«Yo estoy aquí de paso. Hago mi trabajo con mucha vergüenza. Mi plan es llegar a Nueva York, donde tengo una prima que me va a ayudar a buscar un trabajo decente», asegura la joven hondureña. «Yo quiero ir a Los Ángeles, pero la verdad es que aquí me está yendo bien. Lo poco que gano se lo mando a mi mamá, que está cuidando a mi hijo. No le digo a qué me dedico, porque se moriría de pena», confiesa la joven salvadoreña.

Origen, tránsito y destino

Estas mujeres se ganan la vida de bailarinas y bebiendo con los clientes. En una noche de buenos ingresos, viernes y sábados, ganan unos 300 pesos en comisiones, cantidad que se reduce a 100 pesos una vez que comparten ganancias con el dueño del bar, ‘protectores’, cantineros, meseros y policías. En las noches ‘malas’ salen debiendo al negocio. La salida con un cliente, afuera del bar, implica negociar el precio con el dueño del lugar.

Expertos en el tema calculan que en esta franja fronteriza hay de tres mil a cinco mil centroamericanas dedicadas a la prostitución, mayormente en las ciudades de Hidalgo, Tapachula, y Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas; Tenosique, Cárdenas y Villahermosa, en Tabasco, Minatitlán, Coatzacoalcos, y Las Choapas, en Veracruz, entre decenas de municipios en esa región.

México es un país de origen, tránsito y destino para la trata de personas, ya que se ve desafiado por su ubicación, al ser la puerta de acceso entre el istmo centroamericano y EE.UU., e internamente, por su pobreza y la porosidad de sus fronteras, indica un reporte de la Organización de Estados Americanos (OEA), iniciado en Centroamérica y el Caribe y en proceso en territorio mexicano.

Las rutas del tráfico migratorio se originan desde todas las naciones centroamericanas y el Caribe, en un reclutamiento que se realiza «con promesas de empleo y el sueño americano, que empujan a la gente hacia el norte», en un fenómeno que es más visible y concentrado a lo largo de la frontera entre Guatemala y México, apunta el estudio: «La trata de mujeres para fines de explotación sexual en las Américas».

El documento puntualiza que la necesidad económica, responsabilidad con la familia, baja educación, falta de capacitación, e historia de abuso físico y sexual son factores de riesgo para que ellas se conviertan en víctimas de la trata y explotación sexual. Entre las características externas están discriminación, desempleo, pobreza, malos controles migratorios, y corrupción; el mercado del sexo y el turismo sexual son también componentes.

Cerca de la mitad de estas mujeres tienen de 13 a 17 años de edad, y más del 90% son indocumentadas, de acuerdo con distintas instancias estudiosas del tópico. Su permanencia en esos sitios es temporal, según dicen, ya que esperan poder librarse un día de sus captores para seguir su trayecto a EE.UU.

Exceso de vulnerabilidad

La excesiva vulnerabilidad de las mujeres en Latinoamérica facilita la labor delictiva de los explotadores, establece el informe de la OEA, ya que simplemente secuestran mujeres en un país y las trasladan por la fuerza a otro, o las tientan a emigrar con falsas promesas de empleos bien remunerados, como modelos, bailarinas, y demás trabajos en el exterior, así como opciones de matrimonio, que anuncian a través de periódicos locales.

Se indica que entre los traficantes de mujeres para ese propósito se encuentran taxistas y camioneros, que las reclutan en complicidad con los propietarios o independientemente; medios de comunicación, en anuncios clasificados y por radio; la internet, mediante páginas web, y abogados que falsifican documentos para que las menores viajen sin autorización o para matrimonios fraudulentos.

«A los taxis se suben todo tipo de mujeres. Uno ya sabe quiénes son madres y solteras, trabajadoras y desempleadas, ‘chocas’ [locales] y centroamericanas. Estas generalmente no tienen trabajo porque son extranjeras y, como están necesitadas, pue’ uno les ofrece chamba ‘trabajo’ en algún burdel. Naturalmente que no se les dice de qué se trata hasta que ya están ‘enganchadas’ [comprometidas]», detalla Juan, «así nomás, Juan», un taxista de Villahermosa.

En esta ilícita actividad de reclutamiento y explotación es primordial la intervención de los dueños de centros nocturnos, como burdeles, cabarets, bares y moteles, entre otros sujetos. Ya una vez bajo su control, ellos básicamente manejan las ganancias de las víctimas y retienen sus documentos, asegurándose una posición de poder sobre ellas y un alto grado de impunidad.

«Eso no es cierto. Cuando menos aquí en este bar las tratamos bien. Les tenemos habitaciones limpias, les damos de comer cuantas veces quieran, y ganan lo que se propongan. Hay unas más listas que otras con los clientes, y pue’ se llevan más lana. Depende de ellas», replicó, sin querer hablar más del tema, Mario, quien dijo ser el ‘encargado’ de uno de los burdeles visitados.

En la red de complicidades toman parte fundamental los agentes públicos, incluidos los de inmigración y policía, de acuerdo con el reporte. Se detalla que han sido identificados certificados de nacimiento falsificados, documentación que altera edades e identidades para cruzar las fronteras y destrucción de documentos con el fin de impedir la investigación y procedimientos judiciales.

La Opinión acudió a la Secretaría de Seguridad Pública local y a la Policía Judicial del Estado para conocer sus puntos de vista, pero en ambas corporaciones dijeron que no se encontraban disponibles los funcionarios responsables de hablar con la prensa.

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR

Vea los..
Vea...los expedientes de J.D.
Expedientes de J.D.



© La Jiribilla. La Habana. 2003
 IE-800X600