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Pintar con flores
Sandra
González |
La Habana
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Vieja casa |
La galería del Hotel Presidente, es un espacio
alternativo que presenta todos los meses una muestra
personal de un artista cubano, en el esfuerzo de unir
cultura y turismo, o sea, ofrecer a los visitantes la
posibilidad de disfrutar de las diferentes modalidades
artísticas que caracterizan nuestra realidad.
Pintar con flores,
la exposición que se exhibió durante todo el mes de
agosto, resulta difícil de imaginar hasta que no se
contemplan esas obras, realizadas con paciencia y
maestría por quien pudiéramos llamar creadora de una
técnica que otros han cultivado después de ella: Caridad
García Ramírez, Cary, ha logrado
—con
flores y elementos vegetales de disímil procedencia— elaborar obras que sobrepasan un posible
acercamiento artesanal para realmente pintar. Y el
resultado es un mundo delicado, poblado de seres reales
o imaginarios, de evocaciones poéticas en tonos suaves
que revelan una sensibilidad de miniaturista.
Detrás de cada una de estas obras no resulta difícil
imaginar la experiencia acumulada, basada seguramente en
el aprendizaje a través del error y la sabiduría que
ese hacer y rehacer ha ido incorporando en el transcurso
del tiempo. Pero en cada una de las realizaciones hay un
complejo proceso anterior al acto creativo. Primero, se
ha hecho necesario una selección minuciosa que
comprende una decisión de elección basada en la textura,
el color y las dimensiones naturales del elemento
vegetal que se decide emplear. Pero como la intención es
la perdurabilidad, se hace imprescindible imaginar todo
esto después de un cuidadoso proceso de secado y el
tratamiento que tenga en cuenta la calidad misma de los
distintos materiales. Después, con herramientas que
sustituyen al pincel, viene el momento de la creación en
la que intervienen pinzas, cuchillas y, en no pocas
ocasiones, hasta las propias manos de la artista, urgida
por la impronta de un detalle particular.
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Ternura |
A
veces las obras surgen casi como por encanto, van
brotando sobre el fondo como dictadas por una voz
interior, que no necesita más que el empeño del trabajo
creador. En otros momentos se hace necesario el boceto,
el apunte, el trazo previo que después quedará oculto
por los elementos vegetales, invisible a los ojos, pero
que pervive como el corazón oculto de la pieza final.
Sin embargo, en ningún caso hay en realidad
improvisación ingenua. Cary ha recorrido un largo camino
como destacada diseñadora que va de aquellos textos e
imágenes pegados a mano, como un intrincado
rompecabezas, al empleo de la computadora que permite
ver el resultado de manera inmediata. Años y años de
experiencia acumulados en el quehacer gráfico, en el
montaje y diseño de exposiciones que le han valido
numerosas distinciones. Ahora ha sentido la necesidad de
expresarse de otra manera y ha ido durante largo tiempo
acumulando la pericia imprescindible para lograr su
propósito.
La
vida en sus múltiples facetas trata Cary de apresar en
sus trabajos: rostros, animales, niños, la propia
naturaleza cubana de que se nutre, origen y finalidad a
la vez en muchas composiciones que seducen gracias a
ese encanto que no pocos, a falta de una expresión mejor
han llamado inspiración y que solo la insistencia
creadora sabe hacer nacer. De esa paciencia inherente al
diseñador, cualidad, sin duda, también de su carácter,
de ese saber hacer, de su buen gusto personal, han
nacido estas obras. Sin el empleo de productos
químicos, ni colores que no sean los de los propios
elementos vegetales naturales, son también un esfuerzo
por la preservación de la flora y el entorno del hombre,
que tanto necesita en nuestros días de ser preservado.
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