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Ya sabemos por qué el Presidente no probó
bocado durante su rápida visita a Iraq. The Washington Post develó, una
semana después de la publicitada excursión, que algunos de los pavos de la
Cena de Acción de Gracias en la que participó el mandatario para, según
dijo, «probar un poco de comida caliente», eran de utilería. Especialmente,
aquel que el Presidente sostuvo en una bandeja para posar para una foto que
cientos de periódicos publicaron en sus primeras páginas.
¿Qué hacía el Presidente con un pavo de atrezzo en las manos?, se preguntarán
ahora los entusiastas que se dejaron timar con esta otra acción graciosa
digna del mejor repertorio de Broadway, cuando se sabe que los
estadounidenses consumen cada día de Acción de Gracias hasta 42 millones de
pavos y que este año, solamente a las tropas acantonadas en el suroeste
asiático, se le enviaron unos 36 000 kilos de esa ave deshuesados y 3 000
kilos de pavos enteros.
Las críticas, como siempre, han ido a parar a los asesores, los cuales según
The Washington Post, se toman demasiado afán en hacerlo aparecer siempre tan
perfecto en sus actividades creando realidades que no existen: recuérdese
las fraudulentas elecciones que lo llevaron al poder, las famosas armas de
exterminio masivo que nunca se encontraron en Iraq o el circense aterrizaje
en un portaviones para decretar el fin de una invasión que le ha costado a las
tropas de ocupación más vidas que durante la guerra.
«Hay que pensar en la forma de capturar la imagen del Bush al que conocemos,
aun si no es a través de un discurso o de una conferencia de prensa.
Regularmente rechaza cualquier cosa que no vaya de acuerdo con su forma de
ser», ha dicho una funcionaria de la administración.
Por lo visto, en esta ocasión, al Presidente no le pareció una guanajada lo
de hacerse pasar por camarero durante su fugaz viaje a Iraq, nada más y nada
menos, que con un pavo de cartón. |