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Informe 2003 de Reporteros sin Fronteras
REPORTEROS SIN FRONTERAS «OLVIDA» INCLUIR A LOS EE.UU. EN SU INFORME ANUAL
 
José Daniel Fierro | España

Año tras año, Reporteros sin Fronteras (RSF) presenta su informe sobre la situación mundial de los periodistas y los medios de comunicación, que dicen defender. Y año tras año, a RSF, se les ve el plumero con el que tratan de limpiar la cara de ciertos gobiernos en detrimento de ciertos otros. Y «casualmente» son esos gobiernos blanqueados los que pagan el plumero y los útiles de limpieza y los sueldos y las dietas y todo lo que necesita RSF en su quehacer diario.

Lo que no puede ser casualidad (será complicidad) es que en el informe sobre el año 2003 no se mencione «ni una sola vez» al gobierno de los EE.UU.

Los malos siempre son otros, ciertamente. Pero que en un año como el pasado, en el que 1 de cada 3 asesinatos de periodistas ocurrió en el Iraq invadido y en el que la censura imperial llegó a límites orwellianos, no se haga referencia al gobierno de Washington, es para dar que pensar.

Cifras y datos

RSF elaboran sus trabajos amparándose en frías cifras para intentar objetivar su labor. Y así estructuran su informe de acuerdo a los datos sobre periodistas muertos, detenidos, agredidos o amenazados y medios de comunicación censurados. Con todo ello, realizan cuadros comparativos con años anteriores, analizan tendencias, e infieren la situación de la prensa en el mundo actual. Se sitúan como observadores imparciales, de modo que incluso muchos medios de comunicación que se dicen alternativos se apoyan en sus análisis para realizar sus noticias. Pero conviene realizar una lectura detallada para comprobar la marrullera utilización de esas cifras. De esos datos supuestamente asépticos.

Sin que esta sea una lectura exhaustiva (seguro que centenares o incluso miles de personas podrían realizar una más completa), voy a tratar de apuntar algunos aspectos que hablan por sí solos.

Tendencias generales

La organización considera el 2003 «un año negro». Y lo cierto es que casi todas las cifras aportadas son similares a las del año anterior (2002), excepto una: el número de víctimas mortales. Esta cifra ha pasado de 25 a 42 en un solo año. Y, ¿qué ha ocurrido este año para que se dé ese incremento? Pues ha ocurrido que solo en Iraq han muerto 14 periodistas desde el inicio de la guerra. Prueben a restarlos del total y verán que volvemos (casi) a los del año anterior. ¿Algún gobierno responsable? No hay.

Para RSF «cada vez resulta más peligroso para los periodistas cubrir una guerra» debido principalmente a: «El riesgo imprevisible de atentados, que se suma a los peligros tradicionales de la guerra»; en segundo lugar «a los armamentos cada vez más perfeccionados frente a los cuales resultan ineficaces incluso la formación y la protección de los periodistas»; y por último a «unos beligerantes más preocupados por ganar la 'batalla de la imagen' que por respetar la seguridad del personal mediático». Es decir, los que no han muerto en atentado o en un lance lógico de la guerra, lo han sido por la negligencia de los invasores. En ese caso, ¿dónde encajan los asesinatos del Hotel Palestina y los de las oficinas de la cadena árabe Al-Jazeera, entre otros?

Se advierte en el informe que «el constante aumento de atentados a la libertad de prensa desde el 2001 está, sin ninguna duda, relacionado con la lucha contra el terrorismo y las leyes antiterroristas, adoptadas en algunos países tras los atentados del 11 de septiembre». Sin embargo, ninguna de las potencias occidentales aparece reflejada en este apartado.

«El farolillo rojo de la libertad de prensa» se encuentra este año en Oriente Medio. Los culpables son: la guerra en Iraq y el conflicto palestino-israelí (así, en abstracto). Los que pagan los platos rotos son Arabia Saudí, Siria, Jordania, Yemen, la Autoridad Palestina, Líbano, el Magreb y, cómo no, Irán. Algo similar ocurre en Asia donde Bangladesh, Nepal, China o Birmania, aparecen como esos países remotos, bárbaros y por civilizar.

En Latinoamérica, Cuba es lo peor. Y la retahíla continúa por Asia central, África (Níger, Senegal y Zimbabwe) hasta llegar al viejo continente donde «la situación se mantiene satisfactoria en los países de la Unión Europea (UE), con la notable excepción de Italia» y no tan bien en Serbia-Montenegro y Rumania.

Como se ve las tendencias van por barrios. Es más grave la censura en Birmania que el asesinato por parte de Israel (que no aparece) de dos periodistas. Igualmente parecen ser equiparables la situación del gobierno Saudí (aliados del imperio) con la que tienen que afrontar la autoridad palestina, Siria, Irán o Cuba, constantemente amenazadas por su condición de países enemigos.

Asesinatos en el 2003

Como ya se dijo anteriormente, en Iraq fueron asesinados 14 periodistas. De los cuales, solo cinco podrían ser responsabilidad del «ejército norteamericano». Obsérvese que mientras otras muertes y agresiones son achacadas directamente a los gobiernos en el poder, esto no ocurre con el estadounidense. Algo que tampoco pasa con el de Israel. Para RSF, los dos periodistas asesinados durante este año por el gobierno sionista, lo fueron por «el ejército israelí» (como si este fuera un ente autónomo). Y aunque hasta el momento no se ha sancionado a los autores de los disparos, eso no les lleva a pensar que el gobierno israelí pueda tener algo que ver en los asesinatos. Para colmo las muertes se ubican en «Territorios palestinos», con lo cual si alguien observa el gráfico de «periodistas muertos en el 2003» deducirá erróneamente el responsable o responsables de estas muertes.

Compárese con la información de Irán para tener una visión más completa. En este país una periodista irano-canadiense murió tras ser arrestada. La conclusión es que «tras haber intentado, en un primer momento, esconder el asunto, las autoridades hoy bloquean el desarrollo del proceso».

Nada que ver con lo ocurrido en Colombia, que cuenta con un gobierno aliado. RSF la considera «como uno de los lugares más peligrosos del mundo para los profesionales de la prensa». Este año «cuatro periodistas murieron por denunciar la corrupción de los cargos electos, e incluso su connivencia con los grupos armados». ¿No podrían ser menos ambiguos y utilizar el término paramilitares? En Colombia, al parecer, tampoco el gobierno es responsable. Ni siquiera por la «total impunidad que disfrutan los asesinos de periodistas».

Periodistas detenidos

En los apartados anteriores (sin duda los más dramáticos) las culpas se reparten, más o menos, entre unos y otros. Este, sin embargo, está destinado a Cuba. Hasta el punto de convertirse en el país que más espacio ocupa y que peores adjetivos recoge de todo el informe. Visto lo anterior, no sorprende que RSF achaque directamente a Fidel Castro el encarcelamiento, según ellos, de «las figuras más importantes de la prensa independiente de la isla». 27 «periodistas» detenidos «en una razzia entre las filas de la disidencia», y posteriormente condenados «en procesos de tipo estalinista».

Dos cosas llaman poderosamente la atención. La primera es que todos los detenidos eran periodistas. Uno de los mencionados (supuestamente uno de los más «importantes») es Ricardo González, corresponsal de RSF. Pues bien, hagan una prueba: introduzcan este nombre en cualquier buscador de Internet y comprobarán que la inmensa mayoría de los resultados que aparecen no son artículos escritos por él, sino sobre su detención. O dicho de otro modo, no es un periodista que publica noticias. Es un «periodista» de una sola noticia, la de su arresto.

La segunda llamada de atención, es la aseveración (velada) de que todos los supuestos «periodistas» fueron detenidos por ejercer esa actividad. Nada más lejos de la realidad.

El criterio de RSF para Cuba es extremadamente laxo, arbitrario y cómodo: «Cualquier disidente» es periodista. «Cualquier actuación» de un periodista se enmarca en el desarrollo de su trabajo, es decir, en el ejercicio de la libertad de expresión. Luego, cualquier detención de un disidente es un atentado contra la libertad de prensa.

Y esto es tan claro y tienen tan asumido que «solo» con Cuba hay que actuar así, que luego lo obvian para otros países. En España, por ejemplo, no solo se detuvo a los directivos de un periódico (Egunkaria), además se les torturó. Poco tiempo después, se detuvo y se incomunicó a otro director de una revista (Kalegorria). Sin embargo, RSF pasa por alto estas minucias en su informe.

Se entretienen con Birmania, con Nepal, con Eritrea y de nuevo con Irán y con Siria, solo para no tener que reconocer los excesos de un estado como el español, que cierra diarios, radios, revistas, encarcela periodistas, los tortura y finalmente los libera y no pasa nada.

Ni qué decir tiene que, por supuesto, ni en EE.UU. ni en Israel se encarcela a periodistas. Y que sus cárceles están abiertas noche y día a los observadores internacionales. Y que sus reclusos reciben un trato digno y un juicio justo. Como es el caso de Mumia-Abu-Jamal y en los de tantos otros.

Agresiones y amenazas

Si en el apartado anterior la estrella era Cuba. En este, sorprende la referencia a Venezuela.

Rodeado de satélites inclasificables (Bangladesh, Afganistán, Haití, Ucrania...), Venezuela se erige en campeona de las agresiones a periodistas (93 censadas). ¿Qué considera RSF una agresión? No lo explica. ¿Quiénes son los culpables? «Los partidarios del Presidente, que denuncian el antichavismo de los grandes medios de comunicación». ¿Cuántas agresiones cometieron los chavistas? «La mayoría». Pero, ¿la mayoría simple (con respecto a otros grupos responsables) o la mayoría absoluta? No lo aclara. Y la pregunta del millón: Si los grandes medios de comunicación (opuestos al presidente) sufrieron la «mayoría» de las agresiones, ¿qué medios o qué periodistas recibieron la «minoría» de las agresiones y quiénes fueron sus agresores? Y eso, a quién le importa.

La censura

Según RSF «2003 asistió a un aumento de la censura, en todo el mundo». Todo el mundo para ellos son, una vez más, los de siempre: China, Birmania, las islas Tonga, Zimbabwe, Gabón, Ruanda, Eritrea, Suazilandia, Irán, Argelia...

Aseguran además que «la cobertura de la guerra de Iraq reveló el alto nivel de censura, pero sobre todo de autocensura, de la prensa árabe. En Yemen, Siria y Palestina, la captura de Saddam Hussein, por ejemplo, solo la contaron tímida y parcialmente las agencias de prensa gubernamentales». Realmente el cinismo puede llegar a niveles insospechados. ¿Ninguna referencia a EE.UU. o Gran Bretaña? Ninguna.

¿No ha ocurrido nada destacable en estos países en relación a la invasión de Iraq y la censura en la prensa? ¿También el gobierno español se comportó «satisfactoriamente» durante este período?

RSF advierte que «en España, la lucha contra la organización terrorista vasca ETA araña la libertad de prensa». Y que la «medida preventiva», «presentada como provisional» del cierre del periódico en lengua vasca Euskaldunon Egunkaria, «en realidad duró casi todo el año».

¿Cómo que «duró casi todo el año»? ¿Es que después lo volvieron a abrir? ¿Pero a quién demonios pretenden engañar?

Quien cerró una televisión (Catia TV), que no volvió a emitir, fue el alcalde de Caracas (opuesto a Hugo Chávez) y por supuesto que no aparece recogido en el informe.

La libertad de prensa en los conflictos armados

En un alarde más de amnesia, RSF hace balance de los diferentes conflictos armados del planeta, obviando (o dando por bueno su anterior análisis sobre) la guerra y posterior invasión de Iraq.

Y nos transportan a Chechenia, a Liberia, a Indonesia, a Pakistán y a Sudán. De este último país dicen que «las fuerzas de seguridad conservan el dominio sobre el tratamiento de la guerra civil» (¿Por qué será que no me es desconocida esa forma de actuar?)

Internet como colofón

Por último, la organización gubernamental RSF recoge este año su particular visión sobre la censura y la represión por el uso de Internet.

China se lleva la palma como país censor. Su ciberpolicía tiene una «indudable eficacia» dicen. Además, «China se ha dotado de tecnología punta para vigilar la Red, y cazar a los ciberdisidentes; tecnología que le han facilitado algunas empresas extranjeras, como Cisco System». Nada que ver con los EE.UU. donde existe total libertad y el gobierno no espía ni interviene las comunicaciones. Si algo caracteriza a la Administración Bush es el esfuerzo que realiza porque Internet siga siendo un territorio abierto.

Y el remate del disparatado informe, es la referencia en este último apartado a Cuba, puesto que «en las actas de acusación de la mayoría de los periodistas encarcelados a finales de marzo, se hacía referencia a su actividad en Internet». ¡Caray! El año que abran una sección para los ciclistas encarcelados, los cubanos van a salir por partida triple.

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