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LA PUPILA INSOMNE Y OTROS
POEMAS
Rubén Martínez Villena
«Mal Tiempo»
Fue el choque del
centauro y de! infante,
fue el encuentro
brutal, fue la porfía
del impulso cargado
de energía
con la tranquilidad
más arrogante.
Fue una bélica música
vibrante,
fue la voz del clarín
en rebeldía,
que tocando a
degüello parecía
un formidable grito
de ¡adelante!
Vibró la nota
lastimera y larga.
Requirieron la brida
los jinetes;
emprendió la legión
de la victoria
con galope frenético
la carga...
iy el huracán de
cascos y machetes
descerrajó las
puertas de la gloria!
1919
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«El rescate de Sanguily»
Marchaba lento el escuadrón riflero:
ciento veinte
soldados de la España
que llevaban, cual
prueba de su saña,
a Sanguily, baldado y
prisionero.
Y en un grupo forjado
por Hornero,
treinta y cinco
elegidos de la hazaña,
alumbraron el valle y
la montaña
al resplandor
fulmíneo del acero.
Alzóse un
yaguarama reluciente,
se oyó un grito de
mando prepotente
y un semidios,
formado en el combate,
ordenando una carga
de locura,
marchó con sus leones
al rescate
iy se llevó al
cautivo en la montura!
1919
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«Soneto»
Te vi de pie, desnuda
y orgullosa
y bebiendo en tus
labios el aliento,
quise turbar con
infantil intento
tu inexorable
majestad de diosa.
Me prosternó a tus
plantas el desvío
y entre tus piernas
de marmórea piedra,
entretejí con besos
una hiedra
que fue subiendo al
capitel sombrío.
Suspiró tu mutismo
brevemente,
cuando en la sed del
vértigo ascendente
precipité el final de
mi delirio;
y del placer al
huracán tremendo,
se doblegó tu cuerpo
como un lirio
y sucumbió tu
majestad gimiendo.
1921
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«El
cazador»
Regresaba de caza,
mas extravió el camino,
y alegre, al trote
vivo de su cabalgadura,
llegóse hasta el
albergue pobre del campesino
con una corza muerta
cruzada en la montura.
Esa noche la cena se
prestigió de vino,
la niña de la casa
retocó su hermosura,
y al tierno y suave
influjo del calor hogarino
nació el más suave y
tierno calor de la aventura.
y él marchóse de
prisa la mañana siguiente...
Quizás entre la noche
—celestina prudente—,
hizo algún juramento
que le entreabrió una puerta;
mas él no
recordaba... Marchó por la campiña,
alegre, como vino; y
el alma de la niña
cruzada en la montura
como una cierva muerta.
1921-1922
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«Canción del
sainete póstumo»
Yo moriré
prosaicamente, de cualquier cosa,
(¿el estómago, el
hígado, la garganta, ¡el pulmón!?)
y como buen cadáver
descenderé a la fosa
envuelto en un
sudario santo de compasión.
Aunque la muerte es
algo que diariamente pasa,
un muerto inspira
siempre cierta curiosidad;
así, llena de
extraños, abejeará la casa,
y estudiará mi rostro
toda la vecindad.
Luego será el
velorio: desconocida gente,
ante mis familiares
inertes de llorar,
con el recelo propio
del que sabe que miente
recitará las frases
del pésame vulgar.
Tal vez una beata,
neblinosa de sueño,
mascullará el rosario
mirándose los pies;
y acaso los más
viejos me fruncirán el ceño
al calcular su turno
más próximo después...
Brotará la hilarante
virtud del disparate
o la ingeniosa
anécdota llena de perversión,
y las apetecidas
tazas de chocolate
serán sabrosas pausas
en la conversación.
Los amigos de ahora
—para entonces dispersos—
reunidos junto al
resto de lo que fue mi «yo»
constatarán la escena
que prevén estos versos
y dirán en voz baja:
—¡todo lo presintió!
Y ya en la madrugada,
sobre la concurrencia
gravitará el concepto
solemne del «jamás»;
vendrá luego el
consuelo de seguir la existencia...
y vendrá la mañana...
pero tú, ¡no vendrás!...
Allá donde vegete
felizmente tu olvido,
—felicidad bien lejos
de la que pudo ser—
bajo tres letras
fúnebres mi nombre y mi apellido,
dentro de un marco
negro, te harán palidecer.
y te dirán: —¿Qué
tienes?.. Y tú dirás que nada;
mas te irás a la
alcoba para disimular,
me llorarás a solas,
con la cara en la almohada,
¡Y esa noche tu
esposo no te podrá besar!
1922
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«La
pupila insomne»
Tengo el impulso
torvo y el anhelo sagrado
de atisbar en la vida
mis ensueños de muerto
¡Oh la pupila insomne
y el párpado cerrado!
(¡Ya dormiré mañana
con el párpado abierto!)
1923
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«El
anhelo inútil»
¡Oh mi ensueño, mi
ensueño! Vanamente me exaltas:
¡Oh el inútil empeño
por subir donde subes!
¡Estas alas tan
cortas y esas nubes tan altas!
¡Y estas alas
queriendo conquistar esas nubes!
1923
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«Insuficiencia
de la escala y el iris»
La luz es música en
la garganta de la alondra;
mas tu voz ha de
hacerse de la misma tiniebla;
el sabio ruiseñor
descompone la sombra
y la traduce al iris
sonoro de su endecha.
El espectro visible
tiene siete colores,
la escala natural
tiene siete sonidos:
puedes trenzarlos
todos en diversas canciones,
que tu mayor dolor
quedará sin ser dicho.
Dominando la escala,
dominador del iris,
callarás en tinieblas
la canción imposible.
Ha de ser negra y
muda. Que a tu verso le falta
para expresar la
clave de tu angustia secreta,
una nota, inaudible,
de otra octava más alta,
un color, de la
oscura región ultravioleta.
1923
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«El campanario del silencio»
Yo tuve un campanario
monumental, en cuyas
campanas di la música
de mis anhelos nobles;
aleccioné mis bronces
en risas de aleluyas,
ángelus melancólicos
y lágrimas de dobles.
Después la
irremediable necesidad del toque
forzó el pregón
metálico de mis impulsos bajos;
y de mi torre a
vuelo, con el continuo choque,
saltaron las cansadas
lenguas de mis badajos.
y hoy sufro de mis
versos volteando en el silencio
campanas mutiladas;
no más que yo presencio
la danza de mis
bronces en ímpetu insensato;
y oigo —bajo mis
sienes— inexorable y rudo
clamar, en un
glorioso vértigo de rebato
¡el toque inverosímil
del campanario mudo!
1923
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«La
medalla del soneto clásico»
Ánfora insigne de la
fiebre augusta
vertió la miel de su
labor divina;
ejercicio de brava
disciplina,
troquel de bella
suavidad robusta.
Añeja forma donde
Apolo ajusta
fuerza viril en
gracia femenina;
¡aún alzas hoy tu
majestad de ruina
bajo el desprecio de
la edad injusta!
Reliquia noble, que
tomé del arca
donde un viejo
perfume de Petrarca
alienta en Argensola
y en Arguijo;
mi triste devoción
cuaja una gota,
Y, hecha un
endecasílabo, la fijo,
¡como una perla, en
tu medalla rota!
1925
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«Motivos
de la angustia indefinida»
Mi
vida una semilla en un surco de mármol.
(verso sin consonante)
¡Oh, consciente
impotencia, para vencer la empresa
de traducir al verso
la aspiración informe!
Angustia
irremediable: conservar inconfesa
la tragedia monótona
del vivir uniforme!
¡Y temer el ansiado
reposo, donde cesa
esta resignación a
seguir inconforme
de todo: de sí mismo,
del labio que se besa,
de la verdad pequeña
del Enigma enorme!
Sufrir el infructuoso
cerebralismo insano,
el cruel
distanciamiento del espíritu hermano,
maldición de Palas en
la gracia de Apolo.
Y en el continuo
esfuerzo hacia lo inasequible
quedar, al fin,
aislado, ¡perpetuamente solo,
igual que un verso de
consonancia imposible!
1925
Tomado de: La
pupila insomne |