|
ASÍS: FOTOGRAFÍA
DE ALFREDO CANNATELLO
El
fotógrafo Alfredo Cannatello nos ha secuestrado, además
de las piedras que distinguen al medioevo, a los
fantasmas que las rondan, en una muestra fotográfica,
ciertamente interesante, desde donde el paisaje unido a
la fe de otros hacen que la belleza arribe a nuestra
bahía.
María
Matienzo |
La Habana
La Habana dieciochesca presenta en la Basílica menor de
San Francisco de Asís una muestra fotográfica,
ciertamente interesante, desde donde el paisaje unido a
la fe de otros hacen que la belleza arribe a nuestra
bahía.
Sirva, entonces, de pretexto para hablar sobre San
Francisco, o quizás del misticismo con que en las
paredes de nuestra basílica menor permanecen las
imágenes de Assisi. Alfredo Cannatello, fotógrafo de
sobrada experiencia en el mundo artístico y publicitario
nos ha secuestrado, además de las piedras que distinguen
al medioevo, a los fantasmas que las rondan. Si
prestamos atención, puede hasta que escuchemos el saludo
de buen agüero de algún franciscano ―Pax e bonum―
o la presencia misma de San Francisco.
¿Publicitarias? Quizás, si no se percibiera un yo que
exalta el ánimo, indaga en alguna brecha sensible, y
ante la utilización de luces y sombras, te demuestra la
majestuosidad de los arcos, de campanarios, de algún
rosetón... Con el lente distorsiona ―edificio del
callejón de Macelli Vecchi― y abarca panorámicamente el
empedrado de la calle y el techado de la edificación
que, aunque construida con el mismo vuelo medieval, no
es religiosa.
Se funden tres viajes del fotógrafo a la ciudad: otoño,
invierno y verano; al amanecer o al anochecer, como lo
ordenen la inspiración y las circunstancias, conspira
con las tonalidades de un cielo que se desdobla y es
justo lo que nos imaginamos por un «cielo del medioevo»;
sin contar la bruma que marca la diferencia entre un
primer plano colorido y otros elementos que se nos fugan
por un camino como quien parte al purgatorio por entre
árboles evidentemente deshojados por el otoño,
precisamente por donde sacaban a los muertos en el siglo
XIII.
|

|
Es la paz de lo divino o el equilibrio del monumento que
se ha imbricado con el paisaje y que siente el artista
para trasmitírnoslo a través de sus ojos; es la
bendición del espíritu santo o de San Francisco en la
Ermita de las cárceles con la paloma detenida en su
vuelo; o la presencia de una parte de Assisi que posee
un Templo de Minerva, leones carcomidos que custodian
iglesias, arcos ojivales y el renacimiento incipiente de
los frescos de Giotto recreando la vida del santo.
Tan espiritualmente viva, Assisi despierta en el
observador el ansia de viaje y la constatación de que
somos los únicos vulnerables ante el tiempo. |