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REALIDADES Y SUEÑOS
DE UNA TALENTOSA VOZ
 
Cantar óperas  es mi medio, mi vida. Para mí la  ópera es la plenitud de todo, porque ahí están los personajes, las vidas de esas pequeñas y grandes almas que se mueven cantando, que adquieren vida cantando, que expresan sus ilusiones, sus miedos, sus pasiones a través del canto. En la ópera está la simbiosis de lo que yo siempre he soñado: la música y el teatro». 

Magaly Cabrales | La Habana

El día tres de enero pasará a la memoria de casi todos los cubanos sin más trascendencia que lo que representa en sí mismo: uno de los primeros días del año que recién comienza. En la de Bárbara LLanes, en cambio, quedará grabado indiscutiblemente como un recuerdo indeleble, pues ese día  su talento se agigantó a la altura del acontecimiento que se conmemoraba y al selecto público que la ovacionó largamente. 
 

Era el  aniversario 45 del triunfo de la Revolución cubana y como en años anteriores el teatro  Carlos Marx sirvió de marco propicio para la realización de una gala político-cultural. En la misma se dieron cita, prestigiosas figuras del arte y la cultura cubanos, de la cual se ha ganado el derecho de ser una parte sobresaliente la cantante lírica Bárbara LLanes, comoquiera que su modestia le lleve a afirmar, en una entrevista para La Jiribilla, que «todavía no sé muy bien por qué  me escogieron». 

Pero, «lo que sí sé es que cuando me comunicaron que iba a participar en esa gala me llené de orgullo. Primero, porque me sentí muy feliz de poder compartir el escenario con figuras de tanto renombre como Omara Portuondo y segundo, por la peculiaridad del público que asistiría al Carlos Marx, entre el que se encontraba nuestro Comandante en Jefe y otros dirigentes del Partido y el Gobierno, además de estudiantes y trabajadores destacados. Puse todo mi empeño para no quedar mal con quienes habían confiado en mí,  ni tampoco con mi  pueblo. Diseñé mi momento y me preparé seriamente para enaltecer todavía mucho más nuestro patriotismo vistiendo una bata cubana. Lo demás corrió a cargo de ese gran músico que es el maestro Roberto Sánchez Ferrer y, por supuesto, de Juan Almeida, quien compuso hace muchos años esa hermosa pieza titulada ‘El día de Enero’ y a la cual quise darle un vuelo distinto conjugando lo lírico con lo popular para ayudar al mensaje que  me propuse trasmitir de nacionalismo, de reafirmación de nuestra identidad». 

Por supuesto que no es la primera vez que Bárbara recibe el reconocimiento de su pueblo. Aunque es muy joven todavía, desde hace ya muchos años viene obteniendo éxito en escenarios internacionales y nacionales, algunos de ellos alcanzados junto a ese otro grande de la música cubana, el maestro Frank Fernández, que «si lee esta entrevista no me avergonzará lo que voy a decir de él: lo quiero como si fuera parte de mi familia y dentro de ella como a alguien muy especial. Creo que para él represento lo mismo. Me lo dicen sus sinceros consejos, su caballerosidad, sus exigencias y al propio tiempo su respeto a mi talento. Me gusta mucho oírlo hablar porque es un gran comunicador, pero lo admiro mucho más por sus nobles sentimientos, por su dominio del arte y por su extraordinario talento.  

«Estar al lado de una persona así, trabajando junto a ella, o compartiendo en una reunión familiar, es un gran privilegio que muchos no han tenido. Por eso me siento tocada, me siento iluminada, como él mismo me dijera un día. Y realmente es así: estoy iluminada porque en el transcurso de mi vida he tenido la dicha de recibir la ayuda de personas tan relevantes de nuestra cultura,  y tan valiosas por su calidad humana como el maestro Frank Fernández y como Alicia Perea y María Felicia Pérez, esta última directora del Coro Exaudi,  quienes prácticamente fueron las primeras en descubrir mi talento cuando realicé aquel primer concierto como solista en el teatro Heredia de Santiago de Cuba.  No dejo de reconocer que ese privilegio es al propio tiempo  un gran compromiso, pues estás obligada a esforzarte constantemente para no defraudarlas. Y eso es lo que me propongo cada día.» 

¿Discos? «Precisamente el último y el único que tengo grabado como solista, fue realizado con el acompañamiento al piano de Frank Fernández, se titula Amor y dolor y es de música cubana netamente, con piezas de autores tan memorables como Ernesto y Ernestina Lecuona y Sánchez de Fuentes, entre otros. En él se incluyen además otros géneros musicales como romanzas de zarzuelas y, por supuesto, no podía faltar la trova tradicional con canciones de nuestro inolvidable Sindo Garay.» 

La versatilidad, el talento y el dominio de técnicas vocales de Bárbara LLanes se han evidenciado igualmente en la grabación de otros discos como Complicidad, donde interpreta, a dúo con su esposo —el cantautor Manuel Argudín— y otros cantantes de la música trovadoresca y popular composiciones de Carlos Puebla. Otro tanto ocurre con el disco La Misa, de José María Vitier. Precisamente con este maestro, que le merece tanto respeto como Frank Fernández, Leo Brower, Roberto Valera y el propio Sánchez Ferrer que le acompañara en la gala, grabará próximamente un disco en el que vocalizará algunas de sus composiciones llevadas al estilo del jazz.  

«Me preocupo por mantener mi estilo, es muy cierto. Pero un artista tiene que ser capaz de hacer todo tipo de repertorio y eso solo se consigue estudiando firmemente, lo que hago a diario porque para mí constituye un enorme placer. Estudiar es un hábito que me crearon mis padres desde que era una niña. Siendo todavía una pequeña recitaba sin omitir el menor detalle los libretos que Carlos Díaz  me entregaba para que aprendiera. Por esos tiempos también recibía clases de piano, a las cuales me traía mi padre. Carlos es ahora un famoso director de teatro, pero en aquellos años dirigía un excelente grupo de aficionados en nuestro natal Bejucal. Justamente allá hice mi debut como artista y no precisamente como cantante, sino como actriz dramática. De ahí nace mi pasión por el teatro que todavía no he perdido, ni perderé nunca. Cantar óperas  es mi medio, mi vida. Para mí la  ópera es la plenitud de todo, porque ahí están los personajes, las vidas de esas pequeñas y grandes almas que se mueven cantando, que adquieren vida cantando, que expresan sus ilusiones, sus miedos, sus pasiones a través del canto. En la ópera está la simbiosis de lo que yo siempre he soñado: la música y el teatro». 

Este gran sueño de Bárbara LLanes se complementa con otro  igualmente alcanzable y no a no tan largo plazo si se tienen sobre todo en cuenta los nobles propósitos que lo sostienen. «Me   gusta ayudar a mis compañeros y lo hago con frecuencia. Pero sueño  con poder ayudarlos todavía más  creando un pequeño teatro. No aspiro a mucho, solo un teatrico  con las condiciones mínimas de acústica donde los cantantes puedan interpretar dignamente sus óperas y también otras composiciones, acompañados por esas excelentes orquestas con que hoy contamos».  

Porque «es una realidad que la música lírica cubana no se encuentra  en su momento más feliz  y esto duele más porque nosotros tenemos raíces líricas. Tenemos una obra creada, a diferencia de otros países en los que no se ha escrito nunca ni siquiera una ópera. Contamos con un repertorio amplio  y con compositores muy dignos, sin embargo, no nos acompaña en estos momentos la preparación técnica de los intérpretes.  

«A principios de la Revolución contábamos con la ayuda de países del campo socialista como la Unión Soviética, Bulgaria y Checoslovaquia, entre otros, adonde fueron a estudiar muchos jóvenes cubanos recibiendo una magnífica preparación. Asimismo, muchos maestros de estos países vinieron a Cuba a prestarnos asesoramiento. Esto ya no es posible. Por un lado, porque estos países abandonaron los principios del socialismo como se conoce y, por otro, a causa de ese terrible bloqueo que abarca hasta las manifestaciones del arte. Es decir, que el intercambio resulta prácticamente imposible, comoquiera que muchos artistas quisieran ayudarnos y ayudarse a sí mismos también con nuestros conocimientos. Así carecemos de esa retroalimentación que es tan necesaria.»  

La carrera de canto lírico lleva mucho sacrificio. Bárbara me insiste: «Para ser cantante lírico se debe de tener una formación académica desde la niñez, independientemente de que se cuente con una excelente voz. De igual forma la disciplina tiene que ser férrea para que la música y las técnicas vocales lleguen a dominarse de forma erudita». 

Indudablemente son estas realidades insoslayables. A ellas se suma la no concesión de una carta de invitación que recientemente se le negara a Bárbara LLanes por los organizadores del concurso Francisco Viñas, que se celebra por estos días en Barcelona, España y al que la soprano se había ganado el derecho de asistir  por ser ganadora de concursos anteriores.   

De cualquier manera ese sería solo un premio más. Otros muchos, atesorados a lo largo de su carrera,  hablan de sus magníficas cualidades como cantante y compositora. Así pueden mencionarse certámenes de reconocimiento mundial como el iberoamericano de México y el que celebra en Perú anualmente de carácter  internacional. En ambos y por más de una ocasión, Bárbara ha sido galardonada con varios premios. Igualmente en la propia España, en el festival de Expresión Coral, en Palmas de Gran Canaria, obtuvo el premio Único  con las obras «Mi granja» y «Tita y Benito»,  composiciones musicales llevadas al teatro infantil.  

«Hay quienes consideran que me encuentro en un momento sobresaliente de mi carrera. En realidad en eso no me he detenido a pensar. Por el contrario sí pienso y mucho en lo que me falta por realizar, que debe ser mucho mejor. No me resulta ajeno que mi esfuerzo y mi dedicación tienen que ser todavía mayores.   Por suerte, cuento con la ayuda y el apoyo perseverante de mi esposo, no obstante sus propias obligaciones.» 

Que son muchas y muy serias, pues Manolo Argudín, como le llamamos sus seguidores, viajará próximamente a México y luego lo hará a Italia, sin olvidar el compromiso con la EGREM para grabar su nuevo disco en solitario, previsto para este año.   

No por gusto María Fernanda ha determinado ya, desde la precocidad de sus escasos cuatro años, que «cuando sea grande voy a ser bailarina para no trabajar tanto» como sus padres.

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