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PATRIA EN EL CANTO DEL POETA
 
El poeta es un ser formado con el espíritu de otro mundo; sus visiones exquisitas lo alejan del resto de los seres humanos para comprenderlos mejor y acercarse a ellos de una manera diferente. Para descubrir al poeta Rubén, La Jiribilla conversó con Ángel Augier, Premio Nacional de Literatura en 1991, quien ha investigado la vida y obra del autor de «Canción del sainete póstumo».


Yinett Polanco e Indira Valero | La Habana

«Hay hombres que se consumen febrilmente en una intensa llama creadora, encendida por el fuego humano de la pasión. Viven enforverizados por un anhelo infatigable de belleza y  bondad. No conciben la existencia, sino como una forma de servicio colectivo, aunque ello les depare dolor y sacrificio perennes. Se les llama héroes, se les apoda apóstoles, pero ellos escapan de los límites de toda denominación convencional, para insertarse en obra y utilidad en esa entraña palpitante de los pueblos que es la historia; quedan señalados en su época con huellas inconfundibles, pero los recoge la posteridad; se diluyen con noble afán anónimo en la multitud, para ofrecerles hasta el impulso último de la fecunda energía  superadora que les anima, pero se les reconoce por su nombre propio. De este linaje de hombres impares fue Rubén Martínez Villena». [1] 

El poeta es un ser formado con el espíritu de otro mundo, sus visiones exquisitas lo alejan del resto de los seres humanos para comprenderlos mejor y acercarse a ellos de una manera diferente. La poesía se escapa entre sus palabras aunque estas tengan la función de arengar las masas o de diseccionar mediante un ensayo el tema de mayor rigor científico. Los poetas a veces son seres incomprendidos. Para descubrir al poeta Rubén, La Jiribilla conversó con el también poeta Ángel Augier, Premio Nacional de Literatura en 1991 quien ha investigado la vida y obra del autor de «Canción del sainete póstumo». 

Ángel Augier

Desde su condición de poeta,  ¿cómo valoraría a Rubén Martínez Villena?

Era un poeta de una envergadura inmensa. Hay que pensar en que un poeta de esa calidad llegara a decir que despreciaba sus versos, que era más importante luchar, transformar aquella república, lo retrata en su gran fuerza de espíritu. 

Usted publicó en su libro De la sangre en la letra un artículo sobre Villena y hay un momento en que expresa que entre los que se reunían en la peña literaria del Café Martí, Rubén era una nota discordante, ¿por qué?

A los que se reunían allí se les conoce como Los Nuevos, eran los que hacían la nueva poesía en Cuba. Tenían una posición estética nueva, distinta al tipo de poesía que se venía haciendo en Cuba. Era un grupo que proponía un nuevo mensaje, con una posición modernista, pero más avanzada que el modernismo. Ellos peleaban en ese campo de la poesía, pero Rubén tomó un rumbo político de defensa social y los demás se mantuvieron en el campo literario. En algunos momentos apoyaron a Rubén, pero después no mantuvieron esa actitud. El mismo Mañach participó en la Protesta de los Trece y cuando se definió políticamente fue hacia la derecha. 

¿Cree que la poesía de Rubén tiene hoy en la literatura cubana el lugar que debiera?

Creo que él, no obstante haber renunciado a su poesía, dejó una obra sustancial, una obra que puede considerarse capital en la poesía cubana. Él trajo un  nuevo acento, su poesía tiene rasgos distintivos, los demás eran un poco rubendarianos y él tiene un camino propio. Los mejores poemas de Rubén tienen el sello de su personalidad. 

¿Puede decirse entonces que Rubén se iniciaba en el vanguardismo?

Rubén creaba una poesía distinta a la que se hacía en Cuba, pero que no llega a ser vanguardista, es más, en un ensayo muy bueno sobre los rasgos formales de la poesía dice que esta ha de tener música, y él pensaba que la que se escribía en ese momento no era poesía, sino prosa. Creo que él no comprendió que el movimiento de vanguardia fue una reacción de la juventud europea ante el horror de la Primera Guerra Mundial, y que había en el fondo una reacción social, que envolvía una protesta, aunque se mantenía dentro de los cánones literarios.

En América aunque no tuvimos esa realidad tremenda, hubo una renovación en la forma de ver las cosas, pero él se mantuvo dentro de los cánones tradicionales de la retórica.  

¿Actualmente Rubén sobrevive a los menos nombrados de su generación por poeta o por revolucionario?

Creo que por ambas cosas, porque en el campo literario hay que contar con él, hay que saber que existe un poeta que se llama Rubén Martínez Villena y además tiene el mérito de que no solamente fue un gran poeta, sino un revolucionario. Dedicó su vida y su salud a la lucha por el socialismo, por ejemplo, en el mensaje lírico civil es el patriota el que está cantando.

¿Pudiera decirse que su renuncia como poeta no fue del todo definitiva?

Él fue un poco extremista en ese sentido. Eso lo dice en la carta a Mañach, porque este lo trataba con  ironía, le decía  nuestro Rubén, como calificándolo  de dependiente de otro Rubén. Él tenía que responderle de manera contundente sobre todo en aquel momento en que era muy difícil la lucha, porque después de la caída de Machado y la muerte de Villena el Partido Comunista consiguió gran potencia, pero en ese momento no tenía mucha fuerza y había gente como Mañach que lo veía como un pobre diablo que se había  atrevido a meterse a comunista. Él tenía que responder con fuerza, pero yo creo que sí tenía en cuenta su poesía.

Notas

[1] Ángel Augier. Martínez Villena y los poetas de su generación en De la sangre en  la letra. La Habana: UNEAC, 1977. (Pág. 233-247)

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