|
EL INTELECTUAL DE DERECHA
Lejos de la reflexión, del pensamiento crítico, los
intelectuales de derecha se convierten en ecos de los
mensajes publicitarios que inundan el megamercado de la
globalización fragmentada. Adquieren nuevas «virtudes»:
una audaz cobardía y una profunda banalidad.
Subcomandante Marcos |
México
La globalización ha
sido posible mediante dos revoluciones: la tecnológica y
la informática. Y es dirigida por el poder financiero.
De la mano, la tecnología y la informática (y con ellas
el capital financiero) han hecho desaparecer las
distancias y han roto las fronteras. Y hoy es posible
tener información sobre cualquier parte del mundo en
cualquier momento. El dinero tiene ahora el don de la
ubicuidad, va y viene en forma vertiginosa, como si
estuviera en todas partes al mismo tiempo. Y es más, el
dinero otorga una nueva forma al mundo, la forma de un
mercado, de un megamercado.
Sin embargo, a pesar de la «globalización» del planeta,
o más bien precisamente a causa de ella, la homogeneidad
está muy lejos de ser la característica principal del
planeta. El mundo es un archipiélago, un rompecabezas en
el que cada pieza se convierte en otros rompecabezas,
por lo que, finalmente, lo único realmente globalizado
es lo heterogéneo.
Por lo que respecta a los intelectuales hay que
preguntarse qué posición tienen ante las consecuencias
de la globalización. En resumen, ¿cómo se insertan en la
globalización fragmentada?
El intelectual critica el inmovilismo, reclama el
cambio, el progreso. Siempre se encontrará inmerso en
una sociedad atravesada de enfrentamientos múltiples y
dividida entre aquellos que utilizan el poder para que
las cosas no cambien, y aquellos que luchan por el
cambio. Es aquí donde el intelectual opta, elige, escoge
entre su función intelectual y la función que le
proponen los actores sociales. Y aparece igualmente aquí
la división (y la lucha) entre intelectuales
progresistas y reaccionarios. El intelectual
reaccionario «olvida» su función intelectual, renuncia a
la reflexión crítica, y su memoria se recorta de tal
modo que no hay ya pasado ni futuro, el presente y lo
inmediato es lo único accesible, a su juicio, y por
tanto, indiscutibles.
La crítica del intelectual de izquierdas se ejerce
fundamentalmente contra el poder hegemónico: el de los
señores del dinero y el de quienes le sirven.
En el principio, los grandes intelectuales de la derecha
fueron progresistas. Y hablo de los gigantes, no de los
enanos. Octavio Paz, el más grande intelectual de
derechas de los últimos años en México, declaró: «Vengo
de eso que llamamos pensamiento de izquierda. Fue algo
muy importante en mi formación. Pero ahora no sé... lo
único que sé es que mis diálogos —a veces mis
discusiones— han tenido lugar con ellos. No tengo gran
cosa que decir a los demás». (Braulio Peralta.
El poeta en su tierra. Diálogos con Octavio Paz.
Ed. Grijalbo. México, 1996). El intelectual progresista
se convierte en objeto y objetivo del poder dominante.
Objeto a comprar y objetivo a destruir. El intelectual
progresista «nace» en medio de este ambiente de
seducción persecutoria. Algunos se resisten y defienden
(casi siempre en solitario; la solidaridad no parece ser
la característica del intelectual progresista), pero los
otros, persuadidos de que la globalización es
«inevitable», buscan entre su bagaje intelectual y
siempre encuentran alguna razón para legitimar al poder.
El sistema les ofrece un cómodo sillón (a veces bajo la
forma de una subvención, de un puesto, de un premio o de
algún privilegio) a la derecha del Príncipe ayer tan
criticado.
«Lo inevitable» tiene nombre: «pensamiento único» —ya
sea como fin de la historia, omnipresencia e
omnipotencia del dinero, reemplazo de la política por la
policía, el presente como único futuro posible,
racionalización de la desigualdad social, justificación
de la sobreexplotación de los seres humanos y de los
recursos naturales, racismo, intolerancia, guerra.
El intelectual de derechas (y ex de izquierda) comprende
que ser «moderno» significa cumplir la consigna:
¡adaptaos o perded vuestros privilegios!
No es necesario que el intelectual de derechas sea
original, se limita a seguir el pensamiento único. Es un
pensamiento que tiene sus principales «Fuentes» en el
Banco Mundial, en el Fondo Monetario Internacional, en
la Organización para el Comercio y el Desarrollo
Económico, en la Organización Mundial de Comercio, «que,
mediante su financiación, enrolan al servicio de sus
ideas a través de todo el planeta a numerosos centros de
investigación, universidades y fundaciones, los cuales,
a su vez, perfilan y difunden la buena nueva» (Ignacio
Ramonet, La pensée unique. Le Monde diplomatique,
janvier 1995).
Lejos de la reflexión, del pensamiento crítico, los
intelectuales de derecha se convierten en ecos de los
mensajes publicitarios que inundan el megamercado de la
globalización fragmentada. Adquieren nuevas «virtudes»:
una audaz cobardía y una profunda banalidad. Ambas
brillan en sus «análisis» del presente globalizado y en
su revisionismo del pasado histórico. Las torres de
cristal blindado de la hegemonía del dinero les
protegen. La derecha intelectual es particularmente
sectaria y beneficiaria del respaldo de ciertos medios
de comunicación y de ciertos gobiernos. Hacerse
meritorio de los favores del Príncipe no es fácil, hay
que renunciar a la imaginación crítica y a la
autocrítica, a la inteligencia, a la argumentación, a la
reflexión, y optar por el nuevo dogma: la teología
neoliberal.
La globalización se vende como el mejor de los mundos
posibles, pero puesto que carece de ejemplos concretos
de sus ventajas para la humanidad, tiene que recurrir a
la fe y a los dogmas neoliberales. Los teólogos
neoliberales denuncian entonces y persiguen a los
«herejes», a los «mensajeros del mal», es decir, a los
intelectuales de izquierdas. ¿Y qué mejor forma que
acusarlos de «mesianismo»? De «mesianismo trasnochado».
Motivado por cuestionar un presente lleno de libertades,
donde cualquiera puede decidir qué compra, sean
artículos de primera necesidad, ideologías o programas
políticos.
Pero paradoja no perdona. Si es que existe un
mesianismo, es el de la derecha intelectual: «El Gran
Circo de Intelectuales Neoliberales Químicamente Puros o
Ex Marxistas Arrepentidos o la Trilateral pueden ser
mesiánicos cuando prefiguran la fatalidad de un universo
basado en la verdad única, el mercado único y el
ejército gendarme único vigilando el flash que acompaña
la foto final de la Historia tomada ante los mejores
paisajes de las mejores sociedades abiertas» (Manuel
Vázquez Montalbán, Panfleto desde el planeta de los
simios. Ed.Drakontos. Barcelona, 1995).
En la globalización fragmentada, las sociedades son
fundamentalmente sociedades mediáticas. Los media son el
gran espejo, no de lo que una sociedad es, sino de lo
que debe aparentar ser. Plena de tautologías y
evidencias, la sociedad mediática es avara en razones y
argumentos. Para ella repetir es demostrar. Y esas son
las imágenes que se repiten, como esas imágenes grises
de la pantalla global. ¿Cuándo se ha visto que lo
visible era igual a lo verdadero? Esos son los «efectos
especiales» de la pantalla global. El mundo entero y el
saber universal están ahora a la mano de cualquiera con
una televisión o un ordenador portátil.
Si quiere recibir legitimación social, el nuevo
intelectual de derecha tiene que desempeñar su función
en la era visual; optar por lo directo e inmediato;
pasar del signo a la imagen y de la reflexión al
comentario televisivo. Si en el hipermercado de la
globalización, el Estado-Nación se define como una
empresa, los gobernantes como gerentes de la sociedad y
los ejércitos y los policías como cuerpos de vigilancia,
entonces la derecha intelectual se redefinirá como área
de Relaciones Públicas.
En otras palabras, a la hora de la globalización, los
intelectuales de derecha son «multiusos»: sepultureros
del análisis crítico y la reflexión, malabaristas con
las ruedas de molino de la teología neoliberal,
apuntadores de gobiernos que olvidan el «script»,
comentaristas de lo evidente, defensores de soldados y
policías, árbitros que dicen lo «verdadero» o lo «falso»
según su conveniencia, guardaespaldas teóricos del
Príncipe, y presentadores de una «nueva historia». El
Príncipe ha dado sus órdenes: «¡Atacadles! ¡Yo proveeré
al ejército de armas y de mass-medias; vosotros de
ideas!».
Umberto Eco, en un texto titulado «el fascismo eterno»
(incluido en: Umberto Eco,
Cinq questions de morale. Grasset, Paris, 2000),
proporciona ciertas claves para comprender que el
fascismo permanezca latente. Tras advertirnos que el
fascismo fue una forma de totalitarismo difuso, define
algunas de sus características: rechazo al avance del
saber, irracionalismo, criminalización de la cultura,
miedo a la diferencia, racismo, frustración individual o
social, xenofobia, elitismo aristocrático, machismo,
sacrificio individual para el beneficio de la causa,
populismo cualitativo difundido por la televisión, «neolengua»
(con léxico pobre y sintaxis elemental). Estos son los
valores que defienden los intelectuales de derecha:
«Acaso, hoy casi como ayer, ¿no se está utilizando el
cansancio democrático, la náusea ante la nada, el
desconcierto ante el desorden como aval de una nueva
situación histórica de excepción que requiere un nuevo
autoritarismo persuasivo, unificador de la ciudadanía en
clientes y consumidores de un sistema, un mercado, una
represión centralizada?» (Manuel Vázquez Montalbán, op
cit.).
La tarea de los pensadores progresistas, que son los de
la esperanza escéptica, no es nada fácil. En su labor
intelectual se han dado cuenta del malfuncionamiento de
muchas cosas y, nobleza obliga, deben revelarlo,
desmontarlo, denunciarlo, comunicarlo. Pero para
hacerlo, deben enfrentarse con la teología neoliberal, y
detrás de ella, con los mass media, los bancos, las
grandes multinacionales, los ejércitos y las policías.
Y tienen que afrontar todo esto en plena era visual. Esa
es su mayor desventaja. Pues han de enfrentarse al poder
de la imagen con un único recurso, el de la palabra. Su
escepticismo frente a lo evidente les ha permitido
descubrir la farsa. Y armados con el mismo escepticismo,
en sus análisis críticos se dedican a desmontar,
conceptualmente, la maquina de bellezas virtuales y
miserias reales.
Notas:
Artículo traducido del francés: Manière de voir 72.
Le Nouveau Capitalisme. Le Monde diplomatique,
décembre 2003-janvier 2004 (Bimestriel):
«L'intellectuel de droite», pp.29-30, Par le
Sous-Commandant Marcos.
N.T.
El presente texto se encuentra incluido en el mucho más
largo artículo del Subcomandante Marcos, de abril de
2000, titulado: « ¡Oximoron! (La derecha intelectual y
el fascismo liberal)». (Accesible a través de Internet).
Por lo que puede considerarse el que presentamos como un
resumen del mismo.
No obstante, hemos encontrado preferible traducir lo
publicado en Le Monde diplomatique que reproducir
las partes coincidentes del artículo anterior que hemos
mencionado.
Tomado de Rebelión |