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SAN LIBRARIO Y OTROS MILAGROS
El
cuadernillo recuerda la forma de aquellos «libros de
autores» confeccionados a manos y con una sencillez
encantadora, pero con una hechura tan poética como los versos que contiene.
Jorge
Sariol|
La Habana
Un hombre lee los
versos y va pasando por entre el auditorio el acontecer
de tanta vida que en el pequeño espacio de la librería
no cabe nadie más... Absurda la idea de que solo
puedes escribir / sobre lo que te ha ocurrido/ (lo
pequeño, lo ínfimo que le ha ocurrido a ese cuerpo, a
esa vida entre sus fechas),...Tiene razón el gestor
de la antología cuando escribió en el prólogo sobre «la
sensación de la presencia (al lado del hombro, cerca de
nuestro oído) de la voz del poeta. Su poesía no puede
separarse jamás de ese carácter oral que le da forma».
Todos los segundos
viernes de cada mes, la poetisa Marilyn Bobes logra
reunir a las cuatro de la tarde en la pequeña librería
El Ateneo de la calle Línea un pequeño grupo de
personas ávidas de los buenos momentos que suele deparar
la literatura.
«Trato de que las
obras estén acompañadas de sus autores y esta es la
séptima que hacemos, desde julio de 2003. O bien se
presenta un libro, se hace una lectura o se arma un
‘conversatorio’ con algunas de las personalidades más
destacadas de la cultura nacional», dice Bobes con
visible satisfacción porque este viernes tiene invitado
a Roberto Fernández Retamar.
El poeta cubano ha
accedido a compartir la tarde para leer varios de sus
poemas recogidos en una antología por la Editorial San
Librario —una Editora creada casi a pulso— por Álvaro
Castillo Granada, un joven intelectual colombiano que
cree y habla de los libros como si fueran hijos. Y
quizás sea ese el empeño primordial de tales siembras.
El cuadernillo
recuerda la forma de aquellos «libros de autores»
confeccionados a manos y con una sencillez encantadora, pero
con una hechura tan poética como los mismos versos que
contiene. Recuerda además, en mucho, el estilo de la
Editorial matancera Vigía.
El título es ¿Y
Fernández? y otros poemas. Son 24 poemas reunidos
con los cuales es posible «seguir la historia de su
familia como si fuera una novela...humilde, sin adornos,
buscando lo esencial» se escribe en la presentación. El
libro es de la Serie Sin Ausencia «Esta antología es la
primera de la serie, mas no la última. Cada vez son 70
ejemplares por título porque no hay más dinero. La
primera serie se llamó Sin Carátula, porque no alcanzó
el presupuesto para conseguir material para esos fines—
dice Álvaro, evidentemente movido por una tarde en la
que se ha sentado a la diestra del momento donde
confluyen el libro, el autor y el público.
¿Cuál es el sentido
que tiene hacer libros como este? «La emoción que da,
que es como tener un hijo —asegura el joven colombiano—
y luego la alegría de que el libro pueda llegar a muchas
personas, porque es muy económico. Muestra de que se
pueden hacer libros «buenos, bonitos y baratos».
¿Habrá otra
experiencia similar? «La intención es lograr producir
dos libros este año en la misma serie, uno con
una obra de Antón Arrufat y otro para Cintio Vitier y Fina
García Marruz » asegura Álvaro, quien
dice conocer de la
Editorial cubana Vigía, con un trabajo
similar.
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«He estado en la
ciudad de Matanzas dos veces —dice— pero no he podido
contactar con las personas de la Editora Vigía. Tengo
algunos ejemplares que producen, y el propio Retamar me
había enviado a Colombia un texto de Fina y Cintio
sobre San Juan de la Cruz. Puedo decirte que son como
joyas en el mundo de las ediciones, aunque las ediciones
son más lujosas que las de la Editora San Librario,
tiene el mismo espíritu de hacer cosas hermosas, con
valor literario y con poco dinero».
Retamar ha estado
leyendo un verso que parece dedicarse a la tarde o este
encuentro de la poesía en la librería Ateneo, pero está
hecho pensando en su mujer, que es más o menos lo mismo...
Un día como todos los días de esta vida. / No pido nada
mejor. / No quiero nada mejor. /hasta que llegue el día
de la muerte.
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