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Este 17 en el tradicional Sábado del Libro, se presentó
Teatro cubano actual, de Ediciones Alarcos, el sello
editorial de la revista Tablas, que dirige
nuestro colaborador habitual, Omar Valiño. El mismo
introduce el volumen con el texto que reproducimos a
continuación. La presentación forma parte de las
Jornadas Villanueva que tienen lugar en saludo al Día
del Teatro Cubano.
LIMINAR
Omar
Valiño
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La Habana
Cuatro
intensas obras teatrales integran este libro. La
ganadora y tres finalistas del primer Premio de
Dramaturgia Virgilio Piñera 2002, primera edición de
este concurso. Piezas escritas en Cuba en el tránsito de
un siglo a otro se encuentran en estas páginas de modo,
digamos casual, para significarnos, en sus similitudes y
diferencias, parte de los derroteros de la dramaturgia
nacional de este momento.
En medio de una polémica pública sobre el estado
creativo de esa zona imprescindible de la creación
teatral y de su vínculo con la práctica escénica que
tiene lugar hoy en la Isla, Teatro cubano actual
puede leerse como un interesante índice de las variables
presentes de esa dramaturgia.
Por supuesto, todas hablan de Cuba. En El zapato
sucio, de Amado del Pino, un hijo vuelve a la finca
de su padre para, enfrentándose a este, repasar su vida
y con ella, al menos, veinte años de nuestro proceso
histórico más reciente. La obra retoma la «problemática
de la tierra» situándola en una nueva dimensión: la del
presente. También en el campo se desarrolla Mamíferos
hablando con sus muertos, pero de aquel, José Milián
se interesa más en especificidades culturales que le
permiten con organicidad crear una suerte de
fantasmagoría entre vivos y muertos, terreno fértil para
un particular y significante absurdo. En mayor grado ese
absurdo domina la perspectiva de Cristina Rebull en
Frijoles colorados, juego de equívocos de un par de
viejos encerrados en una casa, amedrentados por una
inexistente presencia, aunque real para ellos, que
recuerda el amenazante miedo de Dos viejos pánicos,
de Virgilio Piñera. Los dos personajes de Ignacio &
María, de Nara Mansur también juegan a través de sus
monólogos para intentar borrar la distancia que los
separa: la de la emigración.
En cada una de las obras se utilizan procedimientos
dramatúrgicos determinantes en las oscilaciones
estilísticas al interior de los textos, lo cual explica
las proposiciones lúdicras que encontramos en ellas.
Tal vez pudiera decirse que en conjunto parten de un
cierto realismo para someterlo en particular a la
agresión de otros vehículos expresivos, dotando así a
las piezas de mayores posibilidades teatrales en su
realización escénica.
Milián y Rebull, como ya señalé, se adscriben a los
mecanismos del absurdo, Amado indaga en el realismo
poético y Nara nos ofrece una dramaturgia contaminada de
ricas y complejas influencias, bien asimiladas. Pero a
todos les interesa la capacidad de funcionamiento de
esos textos sobre un escenario. Ello es visible en las
exploraciones del lenguaje verbal y escénico que
hallamos en las obras, sustentadas además por la
voracidad típica de quienes, excepto José Milián
―experimentador habitual por esencia―, son dramaturgos
en desarrollo.
Como autores pertenecen a distintas generaciones. Aunque
muy joven, Milián emerge en los 60, década que en sus
comienzos ve nacer a Amado del Pino y Cristina (ahora
residente en EE.UU.), quienes se dan a conocer en los
80, y en sus finales a Mansur, acabada de aparecer como
dramaturga. No obstante, es ahora que los tres últimos
se han presentado con más frecuencia como escritores
teatrales, estimulados, entre otras razones, por las
distinciones obtenidas en este Premio.
Así, con vivencias y sacudidas emocionales disímiles,
experiencias y apegos escénicos diferentes, voluntades
de estilo dispares, huellas y elecciones distintas,
confluyen sin embargo en entregarnos visiones auténticas
del devenir nacional, su actualidad y la relación para
con ellos de los seres humanos habitantes de esta isla,
tanto en el campo como en el espacio urbano o, incluso,
cuando ya no están físicamente en ella.
Aun de manera parcial, pues no podía pretender por su
origen abarcar el conjunto de procesos que hoy tiene
lugar en la dramaturgia cubana que se elabora dentro y
fuera del archipiélago, y sin desvalorizar el papel en
cuanto a ello de otras publicaciones e iniciativas,
este libro viene a confirmar la aparición, acaso todavía
tímida pero en efervescencia, de nuevas voces y miradas
para el teatro cubano actual. |