La Jiribilla | Nro. 142
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER
EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
LETRA Y SOLFA
MEMORIAS
APRENDE
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

PINO SANTOS
 
Su obra periodística, sus ensayos, sus tratados históricos traslucen una mirada de 360 grados, que solo un estudioso bien entrenado y sin retinosis pigmentaria podía ostentar. Un investigador que nunca dejó de ser periodista y que, ni en sus análisis económicos más eruditos, extravió la comunicación.


Rosa Miriam Elizalde | La Habana

En Huracán sobre el azúcar, el libro en el que Jean Paul Sartre cuenta detalles de la visita que hiciera a Cuba poco después del Triunfo de la Revolución, el filósofo se detiene en una crónica periodística de Oscar Pino Santos. A pesar de que leí ese gran reportaje hace casi una década y que citaré la frase de memoria, estoy segura de no trastocar la idea que llamó la atención de Sartre: el problema de los periodistas extranjeros que intentan explicar lo que pasa en Cuba es que padecen de retinosis pigmentaria; miran de frente, pero no pueden ver con el rabillo del ojo.

Recordé la frase, con gratitud y tristeza, cuando oí en la radio esta mañana la noticia de la muerte de Oscar Pino Santos. Ya no estará alguien con quien, a pesar de que solo tuve alguna que otra conversación telefónica, es un autor que una vuelve a mirar cada vez que se acerca a la vida republicana o a las dramáticas relaciones entre Cuba y Estados Unidos en siglos de ambición anexionista.

Su obra periodística, sus ensayos, sus tratados históricos traslucen una mirada de 360 grados, que solo un estudioso bien entrenado y sin retinosis pigmentaria podía ostentar. Un investigador que nunca dejó de ser periodista y que, ni en sus análisis económicos más eruditos, extravió la comunicación. Se puede ser un lector no muy entendido en los asuntos que andaban en la órbita de Pino Santos, pero se puede comprender perfectamente de qué él nos habla en un libro o en una crónica, porque no desdeña en sus análisis la anécdota, el cubanismo oportuno, el testimonio preciso, la palabra ágil, el giro novelado.

JR publicó algunos de sus extraordinarios reportajes sobre cómo se redactó y aprobó, en 1959, la Ley de Reforma Agraria. Recuerdo cuánto sufrimos. La tiranía del espacio nos obligaba a publicar sus textos por partes, y en algún momento había que cortar. Era imposible hacerlo. Cada frase estaba hilada con inteligencia a la siguiente, y cada párrafo era una consecuencia del anterior, en una cadena de hierro forjado. Y, además, daba dolor mutilar la historia que se bebía como agua fresca. Su pensamiento era así: una catedral en la que ninguna piedra estaba puesta por gusto.

Hay tanta información en sus libros y en sus artículos, que nos preguntábamos en qué tiempo este hombre se había hecho de ese saber infinito. Con justicia recibió en el 2001 el Premio Nacional de Ciencias Sociales. Con deslumbramiento lo seguiremos leyendo todavía y lo leerá todo el que rastree a profundidad el Siglo XX cubano.

Será alguien definitivo para mirar atrás, como lo ha sido para quienes intentaron mirar como él el futuro de Cuba. Otro de nuestros grandes historiadores, Jorge Ibarra Cuesta, validaba un acto de justicia elemental con la obra de Pino Santos. En el prólogo a Los años 50, una selección de artículos publicados originalmente en la revista Carteles, dice Ibarra: «La historiografía republicana sería distinta sin sus aportes... Estas líneas solo tienen por objetivo aportar un testimonio de época sobre la significación que tuvieron algunos de sus escritos en los medios universitarios y revolucionarios de los años cincuenta. Un testimonio histórico que también es un testimonio de gratitud, pues nuestra toma de conciencia revolucionaria estuvo vinculada en más de un sentido a la lectura de sus escritos. De manera parecida, sus ensayos y síntesis históricas publicadas con posterioridad al triunfo revolucionario contribuyeron a nuestra formación como historiadores. De ahí que escribamos estas líneas no solo como testigos de una época, sino también como legatarios de una tradición.»

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR




© La Jiribilla. La Habana. 2004
 IE-800X600