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El sabor propio del
arte digital cubano
El
arte digital cubano, según el profesor peruano Jorge
Villacorta, crítico de arte, curador y miembro de Alta
Tecnología Andina (ATA), tiene un sabor propio y es como
una voz dentro de la polifonía de las artes visuales
contemporáneas de la Isla. Todo ello —considera— es
resultado de los Salones Internacionales que, desde hace
cinco años, convoca anualmente el Centro Cultural Pablo
de la Torriente Brau.
Estrella
Díaz|
La Habana
Recientemente visitó por segunda ocasión La Habana el
profesor peruano Jorge Villacorta, crítico de arte,
curador y miembro de Alta Tecnología Andina, ATA, una
organización no gubernamental sin fines lucrativos.
Con el académico peruano coincidimos en la sede del
Centro Pablo y como nuestra institución tiene entre sus
líneas de trabajo, justamente, el arte digital como
novedosa manera de asumir la creación conversamos en
torno a este y otros temas.
¿Qué es la ATA?
Algo muy especial que surge oficialmente en 1997, pero
antes hubo un esbozo de ATA.
El nieto de José Carlos Mariátegui, El Amauta,
que lleva el nombre de su abuelo, visitó La Habana en
1995 y aquí conoció a un gran video-artista italiano que
se llama Gianni Toti y quien, también, se encontraba por
esos días en Cuba.
Este último se quedó fascinado al conocer al nieto de
El Amauta y le propone hacer una obra de creación en
torno a la figura de su abuelo, fusionándolo con el gran
revolucionario del Perú del siglo XVIII, Tupac Amaru.
Con ese propósito Toti viaja al Perú para hacer un
video-poema que tituló Tupac-Amauta y se realiza
una retrospectiva de su obra en el Museo de la Nación.
Este acontecimiento hace que un grupo de personas
interesadas, como yo, confluyan.
Ahí fue donde conocí a José Carlos Mariátegui (nieto) y
decidimos reunirnos en 1997 para discutir. ¿Cuál sería
el interés? La fascinación estaba dada porque todos los
que nos juntamos estábamos atrapados por el video y la
electrónica.
La cuestión era preguntarse: ¿cuál sería la finalidad?,
¿de qué manera introducir esto en un espacio artístico
completamente vertido en sus preferencias hacia lo que
es arte tradicional en términos de la plástica, es
decir, pintura y escultura?
El Perú es un país con una experiencia plástica partida
en dos e incluir nuevos medios —sobre todo vinculados
con la electrónica en un espacio cultural tan definido—
pudiera parecer una locura.
Lo nuestro es video-arte electrónico, pero muchas de las
cosas que presentamos en espacios como el Festival de
Video Arte Electrónico —que ha tenido seis ediciones
hasta el 2003—, es de interés de las gentes por la
naturaleza misma de la imagen. Existe una familiaridad
con la imagen digital que viene con la utilización de
Internet. No puedo explicarlo porque yo mismo estoy
sorprendido de la manera que la población urbana en el
Perú recurre a Internet. Eso hace que exista un interés
espontáneo por ese tipo de manifestación.
¿Por qué caminos anda el arte digital en Perú?
Ha tenido un desarrollo por la vía de imágenes
procesadas a través de programas de computación
especiales, elementos que pueden ser de origen
fotográfico o a través de programas generadores de
imágenes en computadoras. Ese resultado se imprime en
soportes variables, también en diversos formatos a
elección del artista y representan exploraciones para
generar nuevas iconografías.
Por otro lado, está el desarrollo en video-arte donde
coexiste el video-arte, el clásico, aquel hecho por
registro, cámara de video grabadora, animación… Creo que
mejor que decir arte digital debemos decir arte
electrónico. De lo que hablamos es de una forma distinta
de codificar la información, que luego se convierte en
imágenes. Si la información está electrónicamente
codificada, puede ser que lo llamemos video-arte o puede
ser una imagen fija que luego se va a imprimir o puede
ser arte en la red (net art), es decir, que
existe una variedad de formas.
¿Impresión del trabajo del Centro Pablo?
Mi impresión es muy favorable por varias razones. En
primer lugar porque la institución está ubicada en el
Centro Histórico, que es un centro culturalmente vivo.
Por otro lado, el arte digital es uno de los programas
del Centro que existe a la par con Memoria o con
Palabra viva, que a mí me ha impresionado mucho.
También está A guitarra limpia que permite una
estrecha y linda relación entre los trovadores.
Todo eso crea una situación envidiable porque implica
que hay una serie de oportunidades para que distintos
públicos lleguen a interesarse en situaciones nuevas
como el arte digital.
Por lo visto el Centro Pablo propicia buscar esos
encuentros y colaboraciones que son naturales entre los
que hacen video y los músicos. Por ejemplo, para hacer
un video-arte —que luego se transmite por la televisión
nacional— siempre se puede contactar con algún artista
que ha presentado un video en uno de los Salones de Arte
Digital.
Igualmente, los músicos pueden buscar a alguien si es
que quieren dar difusión a una canción y necesitan un
video clip.
Si damos por cierto que la música constituye la espina
vertebral de la cultura contemporánea cubana, habría que
imaginar que eso se filtra en el trabajo de aquellos que
hacen arte digital.
Sin menospreciar la importancia del cine cubano —que
también es algo que se filtra— o de la gráfica que tiene
mucho que ver con la obra bidimensional, todo eso
confluye y da un sabor muy propio. Tal vez en el Primer
Salón esto no fue muy evidente, pero a medida que ha
pasado el tiempo, sí.
Considero que el arte digital en Cuba representa lo que
podríamos llamar una voz más dentro de la polifonía que
constituyen las artes visuales y eso me parece realmente
valioso porque se ha logrado en un tiempo muy corto.
El Salón Internacional de Arte Digital convocado por el
Centro Pablo apareció justo en el momento preciso y ha
despegado con una gran fuerza.
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